El auge del consumo sostenible

El mundo pide luchar contra el cambio climático. Y el consumo sostenible gana adeptos entre una ciudadanía comprometida con la reducción y reutilización de los residuos.

El auge del consumo sostenible en los últimos años ha centrado el debate público acerca de la responsabilidad ciudadana en la lucha contra el cambio climático. La aprobación de medidas de gran interés social como la eliminación por ley de la gratuidad de las bolsas de plástico en numerosos países ha supuesto el comienzo de una pequeña revolución a escala del consumidor.

El plástico, enemigo número uno de la sostenibilidad medioambiental

Con unas previsiones de producción de plásticos cercanas a los 500 millones de toneladas (un 900% más que en 1980) según los últimos datos de la ONG Greenpeace, este es uno de los problemas de mayor relieve y con unas cifras alarmantes. Nos hallamos ante una encrucijada de la que depende el futuro de nuestro planeta. Sólo el 14% de los plásticos a nivel global se reciclan, por lo que teniendo en cuenta que una sola botella de plástico tarda 500 años en descomponerse, nos enfrentamos a un reto de magnitudes épicas.

La sociedad ha desarrollado una conciencia ecológica, apostando por la sostenibilidad social, ecológica y económica en los productos que adquiere, especialmente en el ámbito alimentario, donde la preocupación por el etiquetado ha dado paso a una nueva tendencia: muchos ya sólo compran bajo criterios de 100% sostenibilidad.

Esa es la clave: cada uno debe tener un compromiso personal. El consumidor pide soluciones. Y muchos supermercados y otros establecimientos asumen el liderazgo y la responsabilidad. En muchos países se introduce la posibilidad de compra a granel, ahorrándose los costes económicos y ecológicos del packaging. Causa furor diversas campañas como #Stripthefruit, cuyo objetivo radica en concienciar sobre la necesidad de eliminar el envase de la fruta de los supermercados mientras se toma conciencia de nuestro papel para atajar el cambio climático empezando por lo más cercano: nuestro propio consumo, minimizando el uso de plásticos y apostando por aquellos materiales que sean fáciles de reciclar o reutilizables. 

En esta carrera contrarreloj por la salvación de los recursos del planeta, el reciclaje y reutilización de los residuos ya generados resulta de una importancia vital. Numerosos gobiernos locales han lanzado como novedad el contenedor marrón, un cubo destinado a basura orgánica reutilizable para compost, en un paso más hacia la generación del residuo cero. También en este sentido encontramos propuestas de una vida sin plásticos en las redes sociales, foros de encuentro donde la preocupación por el cariz que están tomando los acontecimientos, deciden abrazar una vida sin plásticos.

El consumo sostenible no sólo se manifiesta en las elecciones que hacemos a la hora de consumir, sino que también se revela en la elección de no consumir. A este respecto, la reducción de nuestras posesiones materiales ha pasado de elemento organizativo ligado a la cultura japonesa a fenómeno social de la mano de Marie Kondo y el archifamoso Método KonMari, con una serie en Netflix, una guía para principiantes sobre cómo aprender a desprendernos de las posesiones materiales en nuestra búsqueda de la felicidad.

El consumidor, en el centro de la política medioambiental

Sin duda, todas estas medidas puestas en marcha por la sociedad han logrado encauzar la lucha contra el cambio climático y la generación de residuos hacia un ámbito más cercano al consumo personal; involucrando al ciudadano de a pie en la toma de decisiones que ya no dependen del empresariado o de los representantes públicos, sino que están en nuestras manos.

El futuro de la lucha contra el cambio climático ya está aquí, y la responsabilidad última recae sobre el ciudadano medio quien, con su toma de decisiones en el ámbito de la compra, es capaz de influir en este fascinante viaje hacia la sostenibilidad.

Los que formamos EthicaMeat nos sentimos personalmente concernidos con la solución al medio ambiente que promete un consumo sostenible. Y como proyecto empresarial creemos que la ciencia y la tecnología pueden aportar su enorme granito de arena.

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