Ciencia frente al covid-19

La crisis sanitaria provocada por la pandemia global del covid-19 nos ha obligado a detenernos de golpe ante varias realidades un tanto invisibles. Una de ellas ha sido la importancia de algunas profesiones que normalmente pasan desapercibidas para el conjunto de la sociedad pero que en contextos de emergencia se transforman en imprescindibles. 

Cada día, a las 20.00 horas, nos sumamos a ese aplauso colectivo de reconocimiento a todos aquellos profesionales que componen la primera línea de batalla frente  al coronavirus: sanitarios, trabajadores del sector de la alimentación y de la limpieza, transportistas y conjunto de empleados de la cadena de suministro que garantizan el abastecimiento de servicios básicos, fuerzas y cuerpos de seguridad, periodistas y técnicos que garantizan el derecho a la información y todas aquellas personas obligadas a seguir con su actividad laboral pese a las circunstancias y los riesgos.

Desde Ethicameat lo hacemos con un conocimiento pleno de lo que significa el trabajo en silencio y el esfuerzo y sacrificio personal que requieren ciertas profesiones. Desde este segundo plano, en la soledad del laboratorio y la investigación biotecnológica que nos ocupa, ponemos el foco en el papel decisivo que la ciencia juega también en esta batalla actual contra el covid-19. En nuestra empresa matriz Biotech Foods, el 90% de las tareas se desarrollan en el laboratorio. El proyecto de carne cultivada de Ethicameat se encuentra en un momento de desarrollo decisivo, por lo que el equipo debe seguir asistiendo a las instalaciones. Nuestros avances en la agricultura celular y la ingeniería de tejidos reportarán al conjunto de la sociedad, en un futuro próximo, beneficios intangibles frente al cambio climático, productos que favorecerán el bienestar animal y ventajas frente a futuras pandemias que puedan golpear a nuestra industria alimentaria. Y es que si hay algo que caracteriza al trabajo investigador es tratar de adelantarse a los tiempos y prevenir riesgos futuros.

Pero a la ciencia, que es sin duda una carrera de fondo muy exigente y de preparación continua, hay circunstancias excepcionales que la sitúan ante el enorme reto de lograr un récord. Una auténtica prueba de velocidad cuyo objetivo no es otro que dar con la fórmula para salvar vidas en el menor tiempo posible.

Por ello, una parte de nuestro aplauso va también cada día hacia todas las compañeras y compañeros del ámbito investigador y científico que están librando esta batalla contra la pandemia del coronavirus fuera de foco, en ese ‘confinamiento’ del laboratorio, entre ensayos clínicos, fármacos y fórmulas, con el único arma del estudio y el conocimiento… y bajo la presión de que sus resultados son la esperanza de supervivencia para el conjunto de la humanidad. Son el ejército de la ciencia contra el covid-19.

Decía la bióloga española Margarita Salas que “un país sin investigación es un país sin desarrollo”. Y es que los profesionales de la ciencia se enfrentan a obstáculos de distinta naturaleza en su día a día. Por un lado la falta de certeza de que su intenso trabajo alcance los resultados deseados y, por otro, la escasez de recursos e inversión destinada a la investigación que les acompaña desde el inicio de sus carreras académicas. La vocación científica asume el primero de ellos pero el segundo requiere del compromiso de toda la sociedad.

La investigación es uno de los campos que más sufre las crisis económicas y los recortes en el ámbito científico son un lastre importante, pero también remediable. Basta reforzar la inversión y, sobre todo, la confianza en el papel decisivo de la ciencia para superar emergencias globales como la que estamos viviendo. Porque es del conocimiento científico y del laboratorio donde salen vacunas que salvan vidas y proyectos innovadores que tratan de adelantarse a los tiempos… #EsteVirusLoParamosUnidos

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