¿Cuál es la huella de consumo de suelo de lo que comemos?

¿Sabías que producir un kilo de carne de cordero consume 30 veces más territorio que uno de ave? La conciencia ecológica le gana terreno a las corrientes negacionistas del cambio climático y nos genera cada vez más preguntas de este tipo. A medida que avanza el milenio somos más conscientes del impacto medioambiental provocado por nuestra alimentación. Al menos es una de las creencias que ‘cultivamos’ en Ethicameat.

La producción de alimentos es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Pero, ¿es posible calcular la huella terrestre de los diferentes productos alimenticios? Y ¿qué alimentos utilizan más y menos tierra en su producción? A estas y otras preguntas responde el estudio ‘Impactos ambientales de la producción de alimentos’de Hannah Ritchie y Max Roser.

El completo documento de estos dos investigadores británicos propone varias vías para conocer el impacto ecológico de lo que comemos. Por un lado realiza una comparación basada en la masa: la tierra utilizada para producir un kilogramo de cada producto alimenticio. Y, por otro, pone el foco en sus características nutricionales, es decir, cuantifica el impacto de los distintos alimentos según las proteínas o energía/calorías que nos aportan.

Así, los metros cuadrados de tierra que supone la producción de un kilogramo de carne de cordero (370 m2) difiere considerablemente de la tierra utilizada para producir un kilo de carne de ave (12,2 m2). Y más allá de los productos cárnicos, la superficie de suelo utilizada en la producción de un kilo de queso (88 m2) contrasta con la necesaria para obtener un kilogramo de tomates (0,8 m2). 

La mitad de la tierra habitable del mundo se usa para la agricultura

La expansión de la agricultura ha supuesto uno de los mayores impactos de la humanidad sobre el medio ambiente. Los cultivos han transformados los hábitats y son una de las mayores presiones para la biodiversidad. Así, de las 28.000 especies amenazadas de extinción que figuran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la agricultura figura como una amenaza para nada más y nada menos que 24.000 de ellas. Actualmente, la mitad de toda la tierra habitable se utiliza para la agricultura.

Un  dato positivo es que el rendimiento de los cultivos ha aumentado significativamente en las últimas décadas, lo que significa que hemos ahorrado mucha tierra para la producción agrícola. A nivel mundial, para producir la misma cantidad de cultivos que en 1961, sólo necesitamos el 30% de las tierras de cultivo que entonces. Y en este punto es preciso mencionar que nuevas técnicas ya aplicadas y en desarrollo como el vertical farming ayudan a mejorar aún más estos porcentajes. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones.

El ganado ocupa el 77% del territorio agrícola mundial

Por otro lado, cabe destacar que hay una distribución muy desigual del uso de la tierra entre el ganado y los cultivos para consumo humano. Si sumamos los pastos utilizados para el pastoreo con la tierra utilizada para cultivos destinados a la alimentación animal, el ganado representa el 77% de las tierras agrícolas mundiales. Sin embargo, a pesar de que el ganado ocupa la mayor parte de las tierras agrícolas del mundo, sólo produce el 18% de las calorías mundiales y el 37% de las proteínas totales.

Los investigadores concluyen que devolver parte de estas tierras de cultivo a los bosques y a los hábitats naturales es una responsabilidad conjunta que está en manos tanto de los productores como de los consumidores y en Ethicameat estamos totalmente de acuerdo con ello. El objetivo de la carne cultivada en la que trabajamos es precisamente poner a disposición del consumidor productos que sean una verdadera alternativa sostenible: con un 99% menos de consumo de tierra, un 75% menos agua y una reducción de emisiones del 90% respecto a productos cárnicos similares. El gran reto pasa por abastecer la creciente demanda mundial de proteína animal, al tiempo que abordar los principales inconvenientes de la industria de la ganadería industrial: seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental y bienestar animal. Por tanto, ofrecer un modelo alternativo que permita reducir la dependencia mundial de la industria de la cría de animales es clave también en términos ecológicos, ya que a su vez contribuirá a la reducción drástica de los recursos naturales utilizados para su cría y, en consecuencia, a la lucha contra el cambio climático.

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