¿Existen semejanzas entre las nuevas formas de producción de carne y de cultivos agrícolas?

La respuesta, sin duda, es afirmativa. Ambas tienen como objetivo plantear rutinas más sostenibles. En el blog de Ethicameat analizamos un fenómeno que, al igual que la carne cultivada, está llamado a protagonizar el futuro de la alimentación: la agricultura vertical o ‘vertical farming’. Una forma innovadora de ahorrar agua y suelo.

La agricultura vertical es una técnica innovadora de cultivo que consiste en producir alimentos en superficies inclinadas verticalmente. A diferencia de la agricultura tradicional, en lugar de cultivar verduras y otros alimentos a un solo nivel en el suelo, en un campo o invernadero, bajo este método se producen en capas dispuestas en altura, apiladas unas encima de otras. Lo habitual es que se desarrolle en estructuras de grandes dimensiones como naves, almacenes o contenedores industriales.

Pero, ¿este nuevo modo de cultivo tiene alguna ventaja en términos de ahorro de recursos? La respuesta en sí. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones. Y es que según estimaciones de la ONU, la población mundial llegará a 9.700 millones de personas en el año 2050 por lo que se deberá intensificar un 70% la producción actual de alimentos para cubrir las necesidades alimentarias globales. Todo ello supondrá un reto cada vez mayor en el marco de emergencia climática y nivel de deforestación en el que nos encontramos.

El huerto urbano a gran escala

Si primero fueron los huertos urbanos, cada vez más habituales en viviendas y espacios comunes de las grandes ciudades, el vertical farming va un paso más allá: el cultivo a escala industrial de alimentos locales, sin pesticidas y cuya producción no genera emisiones. Además, desde el punto de vista del consumidor, la compra de frutas y verduras cultivadas en proximidad gracias a nuevas técnicas como la agricultura vertical puede reducir considerablemente las emisiones generadas también por el transporte y la cadena de suministro. La agricultura vertical es una de las líneas de investigación del grupo ‘Hortofloricultura Mediterránea’ de la Universidad Politécnica de Cartagena, que liderado por el catedrático Juan Fernández trata de analizar la tecnología que implica esta técnica de cultivo y también sus retos para alcanzar la rentabilidad.

El ‘abc’ del cultivo vertical

Parecen de ciencia-ficción pero es real. Los cultivos verticales se apoyan en tres sistemas clave: la hidroponía, la aeroponía y, a veces, la acuaponía. Mediante la hidroponía, las plantas consumen nutrientes a través del agua que se distribuye en sus raíces. De este modo, las plantas reciben una combinación de sales minerales diluidas en agua potable para su desarrollo sin la necesidad de tierra.

A través de la aeroponía se pulverizan –de forma mecanizada- con un líquido nutritivo los tallos y las raíces de las plantas, suspendidas en el aire. Esta técnica es ideal para cultivos de hoja como el cilantro, la rúcula, la lechuga o el berro.

Por último, una opción que a veces se aplica en el vertical farming es la acuaponía, que introduce animales acuáticos como peces, caracoles o cangrejos en agua para que sus secreciones sirvan de nutrientes para las plantas.

Junto a las ventajas mencionadas cabe destacar que el desarrollo de las plantas es más rápido, ya que se acorta el periodo de cultivo y se puede producir cosechas durante todo el año y en cualquier lugar sin depender de las condiciones climáticas. Además, se facilita el control de plagas en los cultivos y no es necesario el uso de fertilizantes. Por el momento el gran reto es avanzar en la generación sostenible de energía eléctrica a través de iluminacion LED que precisa la agricultura vertical.

Alimentos más sostenibles, seguros y de calidad

Al igual que todos los que en muchos países del mundo ya apuestan por la agricultura vertical, Ethicameat trabaja en el desarrollo de la carne cultivada con el objetivo de alcanzar una alternativa complementaria a la ganadería tradicional que contribuya a reducir el impacto medioambiental. Apoyarnos en la innovación y la tecnología para poner al servicio de la industria alimentaria productos más sostenibles, seguros y de calidad para el consumidor es el objetivo tanto de la agricultura vertical como de la carne cultivada. El consumidor tendrá pronto a su alcance una alternativa cárnica de procedencia animal, saludable y sostenible. La cría de ganado consume el 25% de agua dulce y de territorio del planeta y representa el 15% de los gases de efecto invernadero. Nuestra forma de producción consume un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduce un 90% las emisiones respecto a un producto cárnico similar actual. El futuro de la alimentación sostenible está ¡cada vez más cerca!

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