Seguridad alimentaria: la ciencia ayuda a comer tranquilos

La seguridad en la cadena alimentaria es una de las grandes aportaciones de la ciencia de este siglo. La existencia de diversas enfermedades relacionadas con el mundo animal pone sobre aviso al consumidor en la toma de decisiones referentes a la cesta de la compra. Pero gracias a las últimas innovaciones en materia alimentaria, como la carne cultivada, podemos comer con tranquilidad toda clase de alimentos. En Ethicameat analizamos el caso de la peste porcina africana (PPA) y su impacto en un mundo globalizado.  

En 2019 tuvo lugar el último brote detectado de peste porcina africana, una peligrosa enfermedad de origen vírico producida por el mordisco de una garrapata que supuso la muerte de cinco millones de porcinos sólo en Asia, una situación que amenaza con repetirse de nuevo, especialmente en China, donde ya se han dado los primeros casos. Esta situación se ha ido incrementando en los últimos años en todo el mundo, aunque es a partir de 2014 cuando el repunte alcanzó altas cotas de animales infectados, tanto en Europa (con Lituania, Letonia, Estonia y Polonia como los países más afectados) como en Asia, donde en China la situación comienza a ser insostenible para el sector ganadero.

En un mundo globalizado, las consecuencias de esta situación se notaron a todos los niveles: granjas enteras fueron diezmadas, numerosas familias fueron a la ruina, el precio de la carne porcina se disparó hasta alcanzar cotas inimaginables (un 40% de subida interanual según las últimas estimaciones) y la confianza del consumidor hacia los productos de origen cárnico descendió a niveles históricos. ¿Pero cuál es el impacto de la PPA en nuestras vidas?

Sistemas de prevención y consecuencias en un mundo globalizado

La incidencia de la enfermedad, con epidemias crónicas que diezmaron la población porcina en los años pasados, hace vital recordar la importancia de los sistemas de detección previstos por las autoridades competentes. En este sentido, y al no haber por el momento vacuna o tratamiento para luchar contra la PPA, la única manera de evitar el contagio es mediante estos sistemas de prevención y erradicación de los infectados, un triste final para estos animales.

Debido a la alta tasa de mortandad de esta enfermedad, el número de porcinos ha descendido vertiginosamente en los últimos años. Los últimos brotes de la PPA supusieron pérdidas económicas por valor de millones de dólares, sumiendo al sector en un problema endémico de difícil resolución. En este sentido y a pesar de las medidas de control y desinfección llevadas a cabo por las autoridades, la ausencia de una cura supone para el sector ganadero una fuente irremediable de riesgo que sobrellevar.

Las alternativas cárnicas que se plantean estos días podrían ser la solución al alto impacto socioeconómico de esta epidemia, minimizando el riesgo de infección entre animales y el consiguiente despilfarro de recursos naturales.

La carne cultivada como entorno de producción seguro

En este sentido, la carne cultivada es uno de los avances con los que hacer frente a la PPA. Debido a su proceso de elaboración, la carne cultivada se desarrolla en un entorno biológico 100% seguro. Se trata de una carne exenta de riesgo alimentario, ya que se realiza una cuidada selección de las células extraídas del animal, en un entorno biológico libre de cualquier tipo de virus. Con este avance biotecnológico, los riesgos de contaminación por PPA se reducen exponencialmente, convirtiéndose en una alternativa a la ganadería porcina tradicional.

Ethicameat es la primera empresa española de carne cultivada, y una de las primeras a nivel mundial en trabajar con células de porcinos. El impacto de la comercialización de sus productos en el sector en los próximos años puede implicar la reducción del ganado y por tanto, de la incidencia de una enfermedad animal aún sin cura, contribuyendo con ello a la reducción de los recursos naturales utilizados para su cría (agua, tierra, energía…) y a la lucha contra el cambio climático. Gracias a la innovación tecnológica, el futuro de nuestra alimentación es más seguro y más ecológico.

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