Food 4 Future, proteínas alternativas en el centro de la innovación alimentaria

¡Los eventos presenciales están de vuelta! Food 4 Future – Expo FoodTech 2021, el encuentro para transformar la industria de la alimentación y bebidas a través de la innovación tecnológica, que se ha celebrado del 15 al 17 de junio en Bilbao, ha colocado en el centro del debate el desarrollo y producción de las proteínas alternativas.

Además de reunir a más de 5.000 personas de forma física, tras una pandemia que nos ha limitado al mundo virtual durante muchos meses, la feria internacional Food 4 Future – Expo FoodTech 2021 ha retomado con energía la búsqueda de respuestas a los grandes retos del sector alimentario: cómo optimizar procesos a través de la tecnología, cómo desarrollar modelos de negocio más sostenibles y eficientes, y cuáles son las tendencias en la producción de nuevos alimentos e ingredientes.

La industria alimentaria representa el 11% del PIB mundial, con un crecimiento esperado de la demanda del 70% de aquí al 2025 y la tecnología se impone como un elemento clave y aliado indispensable para afrontar todos los desafíos mencionados.

Los expertos y empresas que están liderando la producción de proteínas alternativas han tenido la oportunidad de reactivar el contacto personal en esta importante cita en la que también ha participado nuestro CEO Iñigo Charola. Y es que BioTech Foods ha sido una de las 20 empresas seleccionadas por la organización, entre más de 2.000 startups foodtech, para presentar sus progresos ante la comunidad internacional.

El desarrollo y producción de las proteínas alternativas, entre las que se encuentra la carne cultivada en la que trabaja BioTech Foods desde 2017, se plantea con el objetivo de minimizar el gasto energético que la industria cárnica genera, a través del alto consumo de recursos como el agua, tierra o pienso que se emplean en la producción de proteína animal.

Iñigo Charola ha expuesto las claves y las oportunidades que supone para el sector alimentario mundial el desarrollo de la tecnología para producir carne cultivada a partir de una muestra de tejido animal. El cultivo celular en un entorno controlado que implementa BioTech Foods permite, además de evitar el sacrificio animal y elevar los estándares de seguridad alimentaria, alcanzar una enorme proporción de proteína animal de alto valor biológico frente a los métodos tradicionales. Así, con las células extraídas de un solo cerdo en un año se pueden producir los mismos kilos de carne que los obtenidos mediante el sacrificio de 400 animales.

El consumidor, uno de los retos de las proteínas alternativas

Y junto a los significativos avances en términos de bienestar animal y de la salud se sitúan los beneficios para el medio ambiente. En este sentido, se estima que la carne cultivada y resto de proteínas alternativas supondrán entre un 11 y un 22% del total de proteínas en 2035. Eso nos permitirá, tal como recuerda el CEO de BioTech Foods, “ahorrar el agua que consumiría una ciudad como Londres en 40 años”.

Ante esta puerta que abre la innovación alimentaria para todos aquellos proyectos volcados en la obtención de nuevos nutrientes de un modo más sostenible, también aparecen retos, como el de saber si los consumidores actuales están preparados para el consumo de este tipo de proteínas alternativas.

Así, uno de los aspectos que el debate ha puesto de manifiesto es el necesario ejercicio de la población para superar las barreras culturales y mentales. Esto no debería resultar un obstáculo si tenemos en cuenta, tal como ha recordado Carlos Bald, investigador principal de AZTI —centro tecnológico de ciencia y tecnología marina y alimentaria—, que “muchos países consumen insectos a diario, las microalgas se consumen desde hace miles de años en diferentes culturas, y la fermentación con levadura, hongos y bacterias ha sido utilizada por el ser humano desde el principio de los tiempos para producir pan, cerveza, vino, queso y yogur”.

Dado que según datos de la ONU en 2050 el planeta estará formado por 9.500 millones de habitantes, la demanda de proteína, un macronutriente básico en nuestra dieta, seguirá aumentando de forma exponencial. En este escenario, el rol de las alternativas basadas en plantas y cultivos celulares en sustitución de productos animales se convierte en indispensable.

Una de las principales conclusiones de esta primera edición de Food 4 Future ha sido que un mayor consumo de este tipo de alimentos supondría una mejora en la salud, además de ayudar a hacer frente a los retos medioambientales y de bienestar animal actuales. En definitiva, desde Food 4 Future subrayan que para hacer frente a los desafíos sostenibles, el sector alimentario debe volcarse en ofrecer una propuesta de valor ampliada a los consumidores que garantice la trazabilidad, la seguridad alimentaria, la elección de etiquetas saludables y limpias y la gestión medioambiental.

Una burger de carne cultivada, por favor 😊

Pocos alimentos pueden presumir de una alta capacidad de traspasar fronteras, culturas y generaciones. Con motivo del Día Internacional de la Hamburguesa vamos a hacer un homenaje a los grandes hitos de este icono gastronómico tan versátil como universal. Y también a las novedades que están por llegar, como la hamburguesa de carne cultivada en la que trabajamos para poder saborear pronto.

Aunque son varias las teorías que giran en torno a este hit alimentario, cuenta la leyenda que un 28 de mayo de 1900, un chef de Connecticut, Estados Unidos, sirvió la primera hamburguesa en su restaurante a partir de una receta que le dieron unos marineros procedentes del puerto alemán de Hamburgo (de aquí el origen del término hamburguesa).

Otros de los aspectos a los que la hamburguesa debe su popularidad son, por un lado, la facilidad de elaboración y, por otro, la sencillez a la hora de ser ingerida, sin necesidad de usar platos o cubiertos. Es por ello que otra de las hipótesis sobre su origen nos lleve hasta Wisconsin (EEUU), donde se dice que en 1885 a Charlie Nagreen, trabajador de un puesto de comida de la Feria Estatal, se le planteó un problema que tenían sus clientes: querían pasear por la feria mientras comían. A Charlie se le ocurrió meter la carne entre dos rebanadas de pan y ofrecer así una solución realmente práctica para saciar el apetito de los visitantes y hacer posible aquello de “hacer dos cosas a la vez”.

Pero si de verdad hay algo que caracteriza a este sándwich universal es que su preparación permite tantas variantes como creatividad seamos capaces de desplegar en la cocina: en forma de filete cocinado a la parrilla o a la plancha, frita o al horno…

Además, ¿quién dijo que una hamburguesa debe prepararse únicamente con carne? La versatilidad de este plato contempla también opciones veganas a base de vegetales y legumbres que ya gozan de una gran aceptación en el mercado. Lo mismo que probablemente sucederá cuando la hamburguesa de carne cultivada, a base de proteína de origen animal pero sin necesidad de sacrificio, llegue a nuestros platos.

El propio Parlamento Europeo rechazaba hace escasos meses una enmienda que pretendía limitar el uso del término hamburguesa solo a aquellos productos elaborados a base de carne tradicional. Lo cierto es que, como señalaba el CEO de BioTech Foods, Iñigo Charola: “Ampliar la tipología de un formato de producto asentado en nuestras culturas, como puede ser la hamburguesa o la salchicha, no debería preocuparnos tanto como el impacto ambiental que genera su producción”.

El futuro de la hamburguesa es sostenible

El aumento de la conciencia medioambiental y la preocupación por el bienestar animal permiten por tanto augurar el éxito de una futura versión de hamburguesa que incorporará de serie altas dosis de sostenibilidad. El sector de las proteínas alternativas de origen animal avanza a paso firme y uno de los formatos que adoptarán los alimentos de carne cultivada cuando aterricen en el mercado será sin duda el de la hamburguesa. 

Y es que ya existe un precedente: la primera hamburguesa creada a partir de carne cultivada fue obra de Mark Post, investigador de la Universidad de Maastricht, en agosto de 2013.  Fue el resultado de un proyecto que costó cinco años de trabajo y 290.000 euros de inversión. Desde este acontecimiento pionero hasta hoy han sido muchos los avances en el campo de la investigación y la agricultura celular que han permitido, por ejemplo, abaratar ese elevadísimo coste

La hamburguesa de carne cultivada vendrá acompañada de otros beneficios asociados a la salud, ya que uno de los objetivos de proyectos como el de BioTech Foods es reducir el contenido graso para que, entre otras cosas, una buena hamburguesa no afecte a nuestros niveles de colesterol.

Que la innovación siga siendo un buen acompañamiento para este alimento tan universal, ¡feliz Día Internacional de la Hamburguesa!

La gran despensa del Foodtech ‘made in Spain’

Impulsar un sistema alimentario más sostenible y eficiente. Esta es la gran meta de la comunidad emprendedora que crece a pasos agigantados en torno al Foodtech. En España es uno de los sectores innovadores con más potencial ¿Quieres saber las claves?

El informe del ICEX ‘Foodtech in Spain: Fuelling a More Sustainable and Efficient Food System’ sobre el ecosistema emprendedor agroalimentario español posiciona a nuestro país como #foodtechnation. Ya existen más de 400 startups en el ecosistema Foodtech español que trabajan por un futuro alimentario sostenible en el que converjan cultura culinaria, tradición, tecnología e innovación.

Startups, universidades, centros de investigación, incubadoras, aceleradoras, hubs, corporaciones e inversores componen el amplio reparto de actores que, vinculados a la industria alimentaria y gastronómica española, buscan alternativas innovadoras para responder a uno de los grandes retos globales: dar de comer a millones de bocas de un modo saludable y minimizando el impacto ambiental.

Dentro de ese amplio universo Foodtech ‘made in Spain’ encontramos soluciones de todo tipo: desde aquellas enfocadas a la eficiencia operativa e industrial hasta las centradas en la tan necesaria sostenibilidad del sistema a todos los niveles.

En nuestro caso, BioTech Foods, primera empresa española que trabaja en el desarrollo de carne cultivada para cubrir la demanda de proteínas sin sacrificio animal y menor impacto medioambiental, ha obtenido recientemente un paso decisivo: el respaldo público de España y Europa. A través de su programa Horizon 2020, la Unión Europea adjudicó la primera inversión pública en carne cultivada (más de 2,7 millones de euros) al proyecto ‘Meat4All’, un consorcio internacional liderado por BioTech Foods. De otro lado, el proyecto CULTUREDMEAT ha recibido la valoración más alta en la última convocatoria ‘Misiones’ del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), el programa destinado a apoyar iniciativas estratégicas sectoriales de innovación empresarial.  

Y en este exigente camino de la innovación alimentaria dentro de nuestras fronteras tenemos la suerte de convivir con otras grandes iniciativas. Una de ellas es Ekonoke, centrada en “la agricultura vertical que utiliza un 90% menos de agua y cero pesticidas”. O BRobot5, que fabrica “robots capaces de trabajar mano a mano con personaspara reducir, entre otras cosas, el desperdicio de la materia prima.

En el marco de la crisis del coronavirus, desde Cheerfy proponen “una plataforma de software dirigida al sector food service para responder a la nueva situación. Uno de sus objetivos es permitir a los restaurantes controlar directamente su canal de pedidos online para ahorrar en comisiones de terceros.  

Por su parte, Oscillum es una empresa biotecnológica que desarrolla sensores para la industria agroalimentaria. Su gran apuesta: una etiqueta inteligente que se coloca en contacto con los alimentos y es capaz alertar sobre el estado de descomposición o frescura del producto mediante un simple cambio de color. El objetivo: reducir el desperdicio de alimentos, las emisiones de CO2 y las pérdidas de recursos materiales y económicos.

Volviendo a la inteligencia artificial, Proppos tiene un “software para un sistema de autopago que permite reconocer los productos sin necesidad de escanearlos, multiplicando por 10 la rapidez de los pagos en establecimientos, lo que permite optimizar producciones y reducir gastos operativos.

La «plataforma de trazabilidad end-to-end« de Trazable ayuda a las empresas de la industria alimentaria a tener “un mayor control de su cadena de suministro: del campo hasta el consumidor final”. Su sistema genera transparencia, se optimizan los procesos y aumenta la confianza del cliente final. Además, se reducen los riesgos asociados a retiradas de alimentos y se ahorra en costes.

Estos son solo algunos ejemplos de lo que se cuece en la despensa del Foodtech español, de la que estamos muy satisfechos de formar parte y aprender cada día.

El fenómeno global de las proteínas alternativas

Las soluciones alimentarias sostenibles son uno de los temas más discutidos en la industria alimentaria mundial contemporánea, con un fuerte enfoque en las nuevas fuentes de proteínas. La tecnología disruptiva de las proteínas y el mercado de soluciones alimentarias sostenibles están creciendo a un ritmo vertiginoso.

“Ser parte de la solución de la alimentación del mañana”, ese es el objetivo del foro internacional New Food Conference Berlin que se celebra los próximos 28 y 29 de abril y en el que participa Iñigo Charola, CEO de nuestra empresa matriz BioTech Foods. La New Food Conference es un evento orientado a la industria que pretende acelerar y potenciar estas tecnologías alimentarias innovadoras reuniendo a los principales agentes del sector.

La cita, en formato virtual, está organizada por ProVeg, una organización internacional dedicada a la concienciación alimentaria y con sede en cuatro continentes y actividad en más de 20 países. ProVeg trabaja con empresas, gobiernos, instituciones públicas, profesionales del ámbito científico y el público en general para promover la transición a una sociedad y una economía sin agricultura animal, que sea sostenible para los seres humanos, los animales y el planeta. Entre sus retos: Reducir el consumo mundial de animales en un 50% para el año 2040.

Considerada la mayor conferencia de Europa sobre soluciones de nuevas proteínas, New Food Conference Berlin se presenta como una gran oportunidad para establecer sinergias con los principales actores de la industria alimentaria. Se trata de una conferencia pionera en Europa en la que participan líderes destacados del ámbito de las proteínas de origen vegetal y celular, lo que la convierte en la plataforma perfecta para dar a conocer los proyectos volcados en aportar soluciones alimentarias innovadoras, como la carne cultivada en la que desde 2017 trabaja Ethicameat.

Tal como recuerdan desde ProVeg, la New Food Conference fue, en su edición de 2019, la primera cita internacional en Europa que reunió a innovadores líderes en los campos de los productos vegetales y también de los productos animales cultivados. Una plataforma de intercambio de conocimiento en la que, una vez más en esta ocasión se abordarán una amplia variedad de temas (consulta el programa completo aquí). Desde las prioridades y previsiones de la inversión en el futuro de la alimentación, hasta la mesa redonda: ‘Agricultura celular: ¿la comercialización está a la vuelta de la esquina?’, en la que interviene nuestro CEO, Iñigo Charola.

El foro impulsado por ProVeg es por tanto una oportunidad única no solo para acelerar las tecnologías alimentarias innovadoras, sino para discutir aspectos tan relevantes como: la aceptación del consumidor, la divulgación en los medios de comunicación y el conocimiento que tiene la población sobre las oportunidades que brindan las proteínas alternativas frente a problemas globales como el cambio climático o el abastecimiento alimentario mundial. Y es que la demanda y los gustos de los consumidores están cambiando más rápido que nunca a medida que crece la sensibilidad por la nutrición y los impactos ambientales.

¿Cuánto nos influye el nombre de un alimento para su consumo?

Imaginaos por un momento retroceder en el tiempo dos o tres generaciones e invitar a nuestros abuelos o tatarabuelos a comer una hamburguesa. ¿Cuál sería su reacción? Puede que ni siquiera supiesen el tipo de alimento del que estamos hablando y, en caso de saberlo, es probable que no se mostrasen muy receptivos ya que lo asociarían a comida rápida muy alejada de sus tradiciones. Quizás si sustituyéramos el término hamburguesa por filete ruso o de carne picada su reacción fuese muy diferente, ¿no creéis?

  

Es solo un ejemplo de hasta qué punto nos puede condicionar el nombre que le damos a los alimentos para decidirnos a consumirlos o no… En España la hamburguesa ha tenido un recorrido muy particular debido fundamentalmente a la cultura culinaria de nuestro país. De ser considerada al inicio un producto asociado solo a establecimientos de comida rápida, a colarse en las cartas de multitud de restaurantes dispuestos a competir por la mejor hamburguesa del lugar, elaborada con carne de muy alta calidad y convertida incluso en un plato de autor más en el que chefs de todos los estilos despliegan su creatividad.

Vamos a por otro caso diferente pero muy relacionado con la importancia de los nombres que se utilizan para introducir nuevos alimentos en nuestro menú. ¿Cuántas personas habrán probado por ‘equivocación’ un ‘steak tartar’ sin saber al 100% que se enfrentaban a una elaboración de carne o pescado crudo? ¿Lo hubieran hecho si el plato se les hubiera presentado únicamente como ‘bistec crudo’?  

Constantemente hacemos asociaciones lingüísticas por razones socioculturales que influyen en la percepción que tenemos de las cosas y, sobre todo, que nos crean determinados prejuicios ante productos desconocidos y novedosos que por el simple hecho de serlo consideramos nocivos para nuestra salud. Somos reacios a los cambios y esto supone en ocasiones una importante barrera tanto en el campo de la alimentación como en otros. Sin embargo, la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario se enfrenta hoy día a grandes desafíos que exigen una serie de respuestas inmediatas.

La producción necesaria para alimentar a la creciente población mundial genera una sobreexplotación de recursos naturales que pasa una factura cada vez mayor a nuestro medio ambiente. Apoyarnos en los beneficios de la tecnología aplicada al sector alimentario es, por tanto, más necesario que nunca para responder a compromisos internacionales como el Green Deal o Pacto Verde Europeo. A medida que aumenta la demanda de proteínas, urge la necesidad de buscar nutrientes y alternativas que nos  permitan diversificar las opciones de alimentación para la población global. El cultivo de células de origen animal y la extracción de proteína vegetal para la producción de alimentos son unas de esas soluciones innovadoras que, gracias a la biotecnología, nos permiten tanto minimizar los riesgos ante enfermedades de origen animal como rebajar la contaminación que genera nuestro sistema alimentario actual. La carne cultivada en la que trabajamos en Ethicameat ofrece un sistema respetuoso con los animales y contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y el gasto de agua y suelo, todos ellos recursos esenciales para nuestra supervivencia. El objetivo de esta, y otras fuentes alternativas de proteína, es poner productos a disposición del consumidor que nos permitan tener un sistema de producción alimentaria más equilibrado, y consecuentemente más sostenible.

En EE.UU. se ha acordado llamar a la carne producida a partir de células de marisco ‘cell-cultured’ (cultivada con células). Así lo ha anunciado recientemente la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) tras un largo intercambio con los grandes actores del sector. Ya a finales de 2020, la FDA envió una solicitud a las empresas que producen carne o marisco de origen celular para que propusieran una posible designación. Un estudio determinó que tanto los términos «cultivado con células» como «basado en células» informarían convenientemente a los consumidores y no serían engañosos, además de presentar el producto de forma neutral.

El Parlamento Europeo rechazó en octubre del pasado año una enmienda que pedía limitar denominaciones como ‘hamburguesa’, ‘salchicha’, ‘filete’ y ‘escalope’ exclusivamente a los productos cárnicos tradicionales. La intención era prohibir su uso para referirnos, por ejemplo, a alimentos de base vegetal que responden a estas formas, como las hamburguesas veganas de sobra conocidas ya en el mercado. Que productos de origen vegetal lleguen al mercado en formatos populares e internacionalmente extendidos como el de las salchichas o las hamburguesas no tiene otra intención, a nuestro modo de ver, que aprovechar precisamente el conocimiento que como consumidores tenemos de ese tipo de alimentos. Ampliar la tipología de un formato de producto asentado en nuestras culturas, como puede ser la hamburguesa o la salchicha, no debería preocuparnos tanto como el impacto ambiental que genera su producción.

En definitiva, es necesario un sistema de reglamentación claro y de base científica que apoye las nuevas técnicas de producción de alimentos, permita una mayor elección al consumidor y mejore la seguridad alimentaria. La sostenibilidad alimentaria debe apoyarse en la innovación, por lo que conviene evitar cualquier veto injustificado o barrera lingüística a nuevos productos que miran a la sostenibilidad y al progreso de nuestra alimentación.

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

‘Veganuary’ o cómo aceptar el desafío de no comer carne animal durante un mes

El efecto que la alimentación tradicional tiene en nuestro entorno y la búsqueda de alternativas nos preocupa, ¡y mucho! El movimiento internacional ‘Veganuary’ lleva desde 2014 invitando a personas de todo el mundo a probar la dieta vegana y asumir un desafío: al menos durante el mes de enero (o cualquier otro del calendario) no consumir carne ni ningún otro producto de origen animal. Más de medio millón de personas han aceptado el reto este 2021.

Por tu salud, por el medio ambiente, por los animales… desde la asociación sin ánimo de lucro británica Veganuary nos dicen que “cualquier motivo es bueno” para unirte a su reto. El movimiento no se limita a impulsar la presencia de más alimentos veganos en el mercado, mediante el trabajo conjunto con grandes distribuidores, sino que trata de que personas de cualquier opción alimentaria ‘prueben’ la experiencia de prescindir durante cuatro semanas de productos de origen animal. 

En la línea de otras iniciativas como el ‘Meat Free Monday’ promovido por la familia McCartney o el Meatless Monday, Veganuary (combinación de las palabras ‘vegan’ y ‘January’, que significa enero en inglés) ha llegado ya a 192 países, con más de 1.000.000 participantes desde su creación hace seis años y con un récord absoluto en esta última convocatoria en la que más de 500.000 personas han respaldado la iniciativa a través de su web. En enero de 2021 se ha duplicado el número de personas que se comprometieron a ser veganos en enero de 2019.

A pesar de que cada cual tiene sus motivaciones particulares para probar los beneficios de un cambio de hábitos alimentarios y evitar temporalmente el consumo de productos de origen animal, desde Veganuary destacan que los 3 motivos de peso más comunes son los siguientes:

Medio ambiente: el vínculo entre lo que comemos y el daño que le hace al planeta está científicamente demostrado. La ganadería nos proporciona el 18% de nuestras calorías y es responsable del 60% de la emisión de gas invernadero en la agricultura. La agricultura animal contribuye a la desforestación, debido al espacio requerido para pastos o cultivo de alimento de los animales. La ganadería es también responsable de gran parte de la contaminación del aire, tierra y agua, incluyendo el aumento de zonas muertas en los océanos.

Salud: Muchas personas prueban el veganismo por un mes porque quieren ver si mejora su salud. El testimonio de muchos de los que se han unido a Veganuary así lo demuestra, ya que han reportado significativas mejoras en su salud durante los primeros 31 días, desde dormir mejor hasta mejorar su digestión o tener la piel más clara. El 98% de las personas que han respondido a las encuestas de Veganuary aseguran que recomendarían la experiencia.

Bienestar animal: probar el veganismo es para muchos hacer algo eficaz frente al sufrimiento animal. La vida para muchos animales (aves, cerdos, vacas, ovejas…) en una granja industrial es un entorno de hacinamiento en el que no llegan a sentir el sol, el aire o la tierra.

El gran desafío de la carne cultivada

Al igual que este tipo de movimientos sociales que promueven cambios hacia la sostenibilidad de nuestra alimentación, la carne cultivada es uno de los grandes desafíos alimentarios de nuestra era por los múltiples beneficios que puede aportar a todos los niveles. La carne cultivada integra seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad en un producto único dirigido a todo tipo de consumidores. A través del cultivo de células musculares animales obtenidas mediante biopsia, se logra evitar el sufrimiento y sacrificio animal y reducir enormemente el consumo de recursos naturales.

En Ethicameat trabajamos desde 2017 en base a estos mismos pilares: reducción del impacto ambiental de la ganadería industrial a través del mejor aprovechamiento de los recursos naturales; mejora de la seguridad alimentaria para proteger nuestra salud y respeto a los derechos de los animales. Por ello estamos convencidos de que la llegada al mercado de la carne cultivada marcará un antes y un después en nuestro modo de alimentarnos. El universo #culturedmeat dará respuesta a esa preocupación creciente que tenemos por el impacto que genera lo que comemos en el planeta.

¿Estás entre el 41% de españoles dispuestos a probar la carne cultivada?

¡En Ethicameat hemos realizado la primera encuesta de consumo sobre carne cultivada en España! El objetivo ha sido analizar la percepción que tenemos de un producto nuevo, aún desconocido, pero llamado a protagonizar el futuro en la alimentación. Si quieres conocer cuál ha sido el resultado, ¡sigue leyendo!

Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrenta cualquier producto innovador sin precedente en el mercado es precisamente el desconocimiento que como consumidores tenemos de él. Y más si hablamos de alimentación. Una definición concreta del producto, que explique de forma clara su elaboración y procedencia, es clave a la hora de facilitar la decisión de los encuestados.

La carne cultivada parte de un modelo tecnológico basado en la construcción natural de tejidos a partir de células animales, desarrollando para ello entornos biológicos controlados pero sin modificación genética. Este proceso tiene como resultado la obtención de una carne animal que respeta el bienestar de los animales ya que evita su sacrificio (la muestra celular se obtiene de una simple biopsia). El propósito es ofrecer al consumidor un producto de alto contenido proteínico, completamente natural, nutritivo y sostenible con el medio ambiente, con importantes ahorros en recursos de tierra y agua y reducción de las emisiones contaminantes que genera la ganadería intensiva.

Más exigentes y concienciados con el bienestar animal

La principal conclusión es que el 41% de los compradores españoles señala que, con seguridad o probabilidad, probarán la carne cultivada cuando llegue al mercado. De ellos, un 21,7% afirma que “con toda seguridad” estaría dispuesto a probar estos productos. Los hombres (24,1%) son algo más proclives a la prueba “con toda seguridad” que las mujeres (19,3%). Además, para un 19% adicional sería “probable” hacerlo. De otro lado, un 22% se muestra aún reacio a probar carne producida por medios no tradicionales.

La edad también importa. Un 24% de los encuestados de entre 20 y 40 años probaría la carne cultivada, mientras que en edades comprendidas entre los 41 y 55 años la cifra desciende ligeramente hasta un 19%.

Si bien el 85% de los encuestados se define como consumidor de cualquier tipo de carne, un 35% afirma haber oído, leído o visto noticias y reportajes sobre la transmisión de enfermedades de animales a los humanos por los alimentos. La preocupación por estas enfermedades es una variable muy a tener en cuenta en los hábitos de compra.

¡Que lo tuyo es mirar siempre lo que pone en las etiquetas! Lógico. De hecho, los valores nutricionales resultan ser otro de los aspectos decisorios a la hora de valorar un producto alimentario. A este respecto, el 35% de los encuestados considera que la composición de un alimento es clave para introducirlo en la cesta de la compra.

Uno de cada 3 ciudadanos considera la carne cultivada más saludable

¿Y cuál es la evaluación global que realizan los consumidores? Pues el 33,5% de los encuestados percibe como más saludables estos futuros productos cárnicos producidos por medios no tradicionales, en comparación con la ganadería industrial tradicional. Además, este tipo de productos, entre los que se encuentra la ´carne cultivada´, tienden a proyectar valores muy apreciados en nuestra sociedad actual como son: un mayor bienestar animal (53%), mayor seguridad alimentaria (40%), respeto por el medio ambiente (42%) o beneficios para personas con problemas de obesidad y colesterol (38%).

Los encuestados dispuestos a probar la carne cultivada admiten que los aspectos que les resultan más convincentes son la composición del producto (35%), su compromiso con el bienestar animal (34%) y sus valores nutricionales (24%).

Ahora bien, el nivel de importancia que le otorgan a cada cualidad de la carne cultivada varía en función de la edad. Así, para aquellos que tienen entre 20 y 40 años lo más destacable del producto es su compromiso con el bienestar animal (71%) y la ausencia de grasa de su composición (70%). Cuando hablamos de consumidores entre 41 y 55 años, lo más valorado es el valor nutricional (70%) y el efecto saludable en las personas (60%). 

En general, la reducción del impacto ambiental, la eliminación de la necesidad de criar animales y la disminución de los riesgos para la salud pública son los posibles beneficios de la carne cultivada que más atraen tanto en nuestra sociedad, como en otros países.

El precio supone otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de comercializar un nuevo producto. El 31% de los encuestados cree que los productos elaborados con carne cultivada tendrán precios similares a los productos cárnicos tradicionales. Por el contrario, el 29% piensa que los productos de carne cultivada tendrán precios más elevados.

Y tú, ¿estarías dispuest@ a probar la carne cultivada?

[La encuesta se ha realizado mediante 1.000 entrevistas online (margen de error estadístico de ± 3,2%) de entre 20 y 55 años residentes en cinco grandes ciudades españolas, con un criterio de ponderación sobre sus poblaciones: Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia. La media de edad de los encuestados ha sido de 39,7 años. El 85% de los consultados declara comer regularmente cualquier tipo de carne. El 90% trabaja y tiene una formación mayoritariamente de estudios superiores (70%)]

Nobel a la alimentación mundial

El hambre y la desnutrición siguen siendo uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz 2020 por ser la organización humanitaria más grande del mundo y promover, entre otras cosas, la seguridad alimentaria. Contribuir desde la innovación foodtech a la mejora de la alimentación mundial es también nuestro compromiso en Ethicameat.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) se concentra en la ayuda de emergencia, en la reconstrucción y en la ayuda al desarrollo. Dos tercios de su trabajo se efectúa en las zonas de conflicto y trabaja estrechamente con otras dos agencias de la ONU que tienen sede en Roma: la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

El reconocimiento que el Comité del Nobel noruego ha hecho a su labor, con la concesión del prestigioso Premio Nobel de la Paz, cobra este 2020 más importancia, si cabe. Desde el PMA aseguran que los choques climáticos, las presiones económicas y el impacto de la pandemia global están agravando aún más los números del hambre y la desnutrición.

2.000 millones de personas, sin acceso a comida nutritiva

El hambre y la malnutrición son el principal riesgo de salud a nivel mundial. Nada más y nada menos que 2.000 millones de personas no tienen acceso regular a suficiente comida nutritiva y uno de cada 10 seres humanos sufre malnutrición. Es la suma de aquellas personas afectadas por niveles moderados de inseguridad alimentaria y las que padecen hambre. Un fenómeno que no solo tiene lugar en países en vías de desarrollo, ya que afecta también a cerca del 8% de la población de Norteamérica y Europa.

Reto Hambre Cero

Desde el Programa Mundial de Alimentos se impulsó en 2012 el Reto del Hambre Cero, con el objetivo de inspirar un movimiento global que lograra un mundo sin hambre en una generación. La iniciativa busca: poner fin al retraso en el crecimiento en niños y niñas menores de dos años; lograr que el 100% de las personas tenga acceso a una alimentación adecuada, durante todo el año; conseguir que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles; aumentar un 100% la productividad y el ingreso de los pequeños agricultores y acabar con el despilfarro de alimentos, principalmente.

La última edición del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, de julio de 2020, advierte sin embargo que “el mundo no está en vías de acabar con el hambre para 2030” y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición, de acuerdo con la mayoría de los indicadores. Además, recuerda que es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

Desde Naciones Unidas subrayan que el hambre y la desnutrición cuestan a nuestra economía 3,5 billones cada año, sin embargo, el coste de crear sistemas para erradicarlos es menos de una décima parte: 270.000 millones de dólares cada año.

Proteínas alternativas frente a la desnutrición

Ante este escenario, la obtención de proteínas bajo técnicas alternativas a las que conocemos es un asunto de interés global, ya que de ello depende el poder garantizar la alimentación mundial de las próximas décadas bajo criterios de sostenibilidad y protección del medio ambiente. El ecosistema de proyectos innovadores en todo el mundo es cada vez mayor: desde productos vegetales hasta carne cultivada de origen animal sin sacrificio y aporte proteico saludable, como la que desarrollamos en Ethicameat. El futuro pasa por la reconversión hacia un sistema de abastecimiento alimentario más eficiente y que, por supuesto, permita garantizar la nutrición de más personas. El desarrollo de estos nuevos alimentos es importante y propuestas como la carne cultivada son una opción de futuro ante la emergencia alimentaria. La apuesta firme por la innovación y la inversión en investigación es una vez más decisiva, también para contribuir a erradicar el hambre y la desnutrición mundiales.

Carne cultivada: ‘stop’ a la dependencia de las importaciones

El coronavirus ha afectado a las cadenas de suministro de carne de todo el mundo. La irrupción de la pandemia ha obligado a países muy dependientes de la importación de alimentos a buscar soluciones para evitar tanto el desabastecimiento como los riesgos de seguridad alimentaria que suponen las enfermedades de los animales. El avance de la ingeniería celular, y, en concreto, de la carne cultivada, abre un camino alternativo a la producción tradicional.

La producción total de carne en el mundo disminuirá un 1,7% en 2020 debido a las enfermedades de los animales, las perturbaciones del mercado relacionadas con la pandemia por COVID-19 y los efectos persistentes de las sequías, según las previsiones del informe ‘Perspectivas alimentarias’ de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El estudio aborda las tendencias de la producción y el mercado en 2020-21 para los productos alimentarios más comercializados del mundo, entre los que se encuentra la carne. “Los precios internacionales de la carne han bajado un 8,6% desde enero de 2020, debido a los efectos de las medidas relacionadas con la COVID-19, incluidas las consiguientes dificultades logísticas, el fuerte descenso de la demanda mundial de importaciones y los grandes volúmenes de productos cárnicos sin vender”, apuntan desde la FAO.

Al mismo tiempo, países como Emiratos Árabes Unidos y resto de estados del Golfo están obligados a importar la mayor parte de sus alimentos, en gran parte porque sus climas áridos dificultan los cultivos y la cría de ganado. También dependen de los suministros de productos médicos, de consumo e industriales del extranjero para mantener a sus poblaciones. El gobierno de los EAU ha tomado varias medidas para asegurar el acceso ininterrumpido a los suministros desde que el coronavirus se propagó por todo el mundo. Así, el país ha importado recientemente 4.500 vacas lecheras del Uruguay con el propósito de aumentar la seguridad alimentaria.

En este contexto, el avance de la ingeniería celular, y, en concreto, de la carne cultivada, abre un camino alternativo a los problemas asociados a los sistemas de producción y distribución alimentaria tradicionales. Nos encontramos ante la posibilidad de obtener productos de origen animal con alto contenido proteínico sin depender de la industria ganadera y reduciendo significativamente su impacto medioambiental.  Y lo que es aún más importante: en cualquier parte del mundo, con independencia de sus condiciones climáticas o territoriales.

‘Future of Food’ o carne sin ganado

En esta línea, el movimiento ‘Future of Food’, iniciativa virtual surgida en Austria con el propósito de informar sobre las alternativas a la producción de origen animal, dedica una de sus áreas de difusión a la posibilidad de obtener carne sin ganado.

Como explican, “ la idea (de la carne cultivada) es producir carne animal pero sin recurrir a ningún animal. Las células se extraen de animales vivos sin ocasionarles ningún daño, se colocan en un medio de cultivo donde pueden empezar a multiplicarse y crecer de manera independiente al animal. En teoría este proceso podría ser lo suficientemente eficaz como para cubrir la demanda global de carne. Y todo esto sin manipulación genética ” .

La carne cultivada se presenta así como una solución para todas aquellas regiones del planeta en las que por razones climáticas no se dan las condiciones adecuadas para la cría de animales destinados a la alimentación. Es por ello que la denominada ‘cultured meat’ podría introducir importantes ventajas con respecto a la carne tradicional en términos de economía, salud, bienestar de los animales y medio ambiente. El futuro de la alimentación está en marcha y en Ethicameat estamos seguros que pasa, entre otros aspectos, poraprovechar la eficiencia y sostenibilidad que puede introducir la carne cultivada. La posibilidad de ‘cultivar’ carne en cualquier parte del mundo donde se establezcan los medios técnicos necesarios podría resultar clave para reducir la dependencia total que algunos países tienen de las importaciones de carne y disminuir notablemente la huella de carbono que implica su transporte.