¿Cuánto nos influye el nombre de un alimento para su consumo?

Imaginaos por un momento retroceder en el tiempo dos o tres generaciones e invitar a nuestros abuelos o tatarabuelos a comer una hamburguesa. ¿Cuál sería su reacción? Puede que ni siquiera supiesen el tipo de alimento del que estamos hablando y, en caso de saberlo, es probable que no se mostrasen muy receptivos ya que lo asociarían a comida rápida muy alejada de sus tradiciones. Quizás si sustituyéramos el término hamburguesa por filete ruso o de carne picada su reacción fuese muy diferente, ¿no creéis?

  

Es solo un ejemplo de hasta qué punto nos puede condicionar el nombre que le damos a los alimentos para decidirnos a consumirlos o no… En España la hamburguesa ha tenido un recorrido muy particular debido fundamentalmente a la cultura culinaria de nuestro país. De ser considerada al inicio un producto asociado solo a establecimientos de comida rápida, a colarse en las cartas de multitud de restaurantes dispuestos a competir por la mejor hamburguesa del lugar, elaborada con carne de muy alta calidad y convertida incluso en un plato de autor más en el que chefs de todos los estilos despliegan su creatividad.

Vamos a por otro caso diferente pero muy relacionado con la importancia de los nombres que se utilizan para introducir nuevos alimentos en nuestro menú. ¿Cuántas personas habrán probado por ‘equivocación’ un ‘steak tartar’ sin saber al 100% que se enfrentaban a una elaboración de carne o pescado crudo? ¿Lo hubieran hecho si el plato se les hubiera presentado únicamente como ‘bistec crudo’?  

Constantemente hacemos asociaciones lingüísticas por razones socioculturales que influyen en la percepción que tenemos de las cosas y, sobre todo, que nos crean determinados prejuicios ante productos desconocidos y novedosos que por el simple hecho de serlo consideramos nocivos para nuestra salud. Somos reacios a los cambios y esto supone en ocasiones una importante barrera tanto en el campo de la alimentación como en otros. Sin embargo, la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario se enfrenta hoy día a grandes desafíos que exigen una serie de respuestas inmediatas.

La producción necesaria para alimentar a la creciente población mundial genera una sobreexplotación de recursos naturales que pasa una factura cada vez mayor a nuestro medio ambiente. Apoyarnos en los beneficios de la tecnología aplicada al sector alimentario es, por tanto, más necesario que nunca para responder a compromisos internacionales como el Green Deal o Pacto Verde Europeo. A medida que aumenta la demanda de proteínas, urge la necesidad de buscar nutrientes y alternativas que nos  permitan diversificar las opciones de alimentación para la población global. El cultivo de células de origen animal y la extracción de proteína vegetal para la producción de alimentos son unas de esas soluciones innovadoras que, gracias a la biotecnología, nos permiten tanto minimizar los riesgos ante enfermedades de origen animal como rebajar la contaminación que genera nuestro sistema alimentario actual. La carne cultivada en la que trabajamos en Ethicameat ofrece un sistema respetuoso con los animales y contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y el gasto de agua y suelo, todos ellos recursos esenciales para nuestra supervivencia. El objetivo de esta, y otras fuentes alternativas de proteína, es poner productos a disposición del consumidor que nos permitan tener un sistema de producción alimentaria más equilibrado, y consecuentemente más sostenible.

En EE.UU. se ha acordado llamar a la carne producida a partir de células de marisco ‘cell-cultured’ (cultivada con células). Así lo ha anunciado recientemente la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) tras un largo intercambio con los grandes actores del sector. Ya a finales de 2020, la FDA envió una solicitud a las empresas que producen carne o marisco de origen celular para que propusieran una posible designación. Un estudio determinó que tanto los términos «cultivado con células» como «basado en células» informarían convenientemente a los consumidores y no serían engañosos, además de presentar el producto de forma neutral.

El Parlamento Europeo rechazó en octubre del pasado año una enmienda que pedía limitar denominaciones como ‘hamburguesa’, ‘salchicha’, ‘filete’ y ‘escalope’ exclusivamente a los productos cárnicos tradicionales. La intención era prohibir su uso para referirnos, por ejemplo, a alimentos de base vegetal que responden a estas formas, como las hamburguesas veganas de sobra conocidas ya en el mercado. Que productos de origen vegetal lleguen al mercado en formatos populares e internacionalmente extendidos como el de las salchichas o las hamburguesas no tiene otra intención, a nuestro modo de ver, que aprovechar precisamente el conocimiento que como consumidores tenemos de ese tipo de alimentos. Ampliar la tipología de un formato de producto asentado en nuestras culturas, como puede ser la hamburguesa o la salchicha, no debería preocuparnos tanto como el impacto ambiental que genera su producción.

En definitiva, es necesario un sistema de reglamentación claro y de base científica que apoye las nuevas técnicas de producción de alimentos, permita una mayor elección al consumidor y mejore la seguridad alimentaria. La sostenibilidad alimentaria debe apoyarse en la innovación, por lo que conviene evitar cualquier veto injustificado o barrera lingüística a nuevos productos que miran a la sostenibilidad y al progreso de nuestra alimentación.

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

‘Veganuary’ o cómo aceptar el desafío de no comer carne animal durante un mes

El efecto que la alimentación tradicional tiene en nuestro entorno y la búsqueda de alternativas nos preocupa, ¡y mucho! El movimiento internacional ‘Veganuary’ lleva desde 2014 invitando a personas de todo el mundo a probar la dieta vegana y asumir un desafío: al menos durante el mes de enero (o cualquier otro del calendario) no consumir carne ni ningún otro producto de origen animal. Más de medio millón de personas han aceptado el reto este 2021.

Por tu salud, por el medio ambiente, por los animales… desde la asociación sin ánimo de lucro británica Veganuary nos dicen que “cualquier motivo es bueno” para unirte a su reto. El movimiento no se limita a impulsar la presencia de más alimentos veganos en el mercado, mediante el trabajo conjunto con grandes distribuidores, sino que trata de que personas de cualquier opción alimentaria ‘prueben’ la experiencia de prescindir durante cuatro semanas de productos de origen animal. 

En la línea de otras iniciativas como el ‘Meat Free Monday’ promovido por la familia McCartney o el Meatless Monday, Veganuary (combinación de las palabras ‘vegan’ y ‘January’, que significa enero en inglés) ha llegado ya a 192 países, con más de 1.000.000 participantes desde su creación hace seis años y con un récord absoluto en esta última convocatoria en la que más de 500.000 personas han respaldado la iniciativa a través de su web. En enero de 2021 se ha duplicado el número de personas que se comprometieron a ser veganos en enero de 2019.

A pesar de que cada cual tiene sus motivaciones particulares para probar los beneficios de un cambio de hábitos alimentarios y evitar temporalmente el consumo de productos de origen animal, desde Veganuary destacan que los 3 motivos de peso más comunes son los siguientes:

Medio ambiente: el vínculo entre lo que comemos y el daño que le hace al planeta está científicamente demostrado. La ganadería nos proporciona el 18% de nuestras calorías y es responsable del 60% de la emisión de gas invernadero en la agricultura. La agricultura animal contribuye a la desforestación, debido al espacio requerido para pastos o cultivo de alimento de los animales. La ganadería es también responsable de gran parte de la contaminación del aire, tierra y agua, incluyendo el aumento de zonas muertas en los océanos.

Salud: Muchas personas prueban el veganismo por un mes porque quieren ver si mejora su salud. El testimonio de muchos de los que se han unido a Veganuary así lo demuestra, ya que han reportado significativas mejoras en su salud durante los primeros 31 días, desde dormir mejor hasta mejorar su digestión o tener la piel más clara. El 98% de las personas que han respondido a las encuestas de Veganuary aseguran que recomendarían la experiencia.

Bienestar animal: probar el veganismo es para muchos hacer algo eficaz frente al sufrimiento animal. La vida para muchos animales (aves, cerdos, vacas, ovejas…) en una granja industrial es un entorno de hacinamiento en el que no llegan a sentir el sol, el aire o la tierra.

El gran desafío de la carne cultivada

Al igual que este tipo de movimientos sociales que promueven cambios hacia la sostenibilidad de nuestra alimentación, la carne cultivada es uno de los grandes desafíos alimentarios de nuestra era por los múltiples beneficios que puede aportar a todos los niveles. La carne cultivada integra seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad en un producto único dirigido a todo tipo de consumidores. A través del cultivo de células musculares animales obtenidas mediante biopsia, se logra evitar el sufrimiento y sacrificio animal y reducir enormemente el consumo de recursos naturales.

En Ethicameat trabajamos desde 2017 en base a estos mismos pilares: reducción del impacto ambiental de la ganadería industrial a través del mejor aprovechamiento de los recursos naturales; mejora de la seguridad alimentaria para proteger nuestra salud y respeto a los derechos de los animales. Por ello estamos convencidos de que la llegada al mercado de la carne cultivada marcará un antes y un después en nuestro modo de alimentarnos. El universo #culturedmeat dará respuesta a esa preocupación creciente que tenemos por el impacto que genera lo que comemos en el planeta.

¿Estás entre el 41% de españoles dispuestos a probar la carne cultivada?

¡En Ethicameat hemos realizado la primera encuesta de consumo sobre carne cultivada en España! El objetivo ha sido analizar la percepción que tenemos de un producto nuevo, aún desconocido, pero llamado a protagonizar el futuro en la alimentación. Si quieres conocer cuál ha sido el resultado, ¡sigue leyendo!

Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrenta cualquier producto innovador sin precedente en el mercado es precisamente el desconocimiento que como consumidores tenemos de él. Y más si hablamos de alimentación. Una definición concreta del producto, que explique de forma clara su elaboración y procedencia, es clave a la hora de facilitar la decisión de los encuestados.

La carne cultivada parte de un modelo tecnológico basado en la construcción natural de tejidos a partir de células animales, desarrollando para ello entornos biológicos controlados pero sin modificación genética. Este proceso tiene como resultado la obtención de una carne animal que respeta el bienestar de los animales ya que evita su sacrificio (la muestra celular se obtiene de una simple biopsia). El propósito es ofrecer al consumidor un producto de alto contenido proteínico, completamente natural, nutritivo y sostenible con el medio ambiente, con importantes ahorros en recursos de tierra y agua y reducción de las emisiones contaminantes que genera la ganadería intensiva.

Más exigentes y concienciados con el bienestar animal

La principal conclusión es que el 41% de los compradores españoles señala que, con seguridad o probabilidad, probarán la carne cultivada cuando llegue al mercado. De ellos, un 21,7% afirma que “con toda seguridad” estaría dispuesto a probar estos productos. Los hombres (24,1%) son algo más proclives a la prueba “con toda seguridad” que las mujeres (19,3%). Además, para un 19% adicional sería “probable” hacerlo. De otro lado, un 22% se muestra aún reacio a probar carne producida por medios no tradicionales.

La edad también importa. Un 24% de los encuestados de entre 20 y 40 años probaría la carne cultivada, mientras que en edades comprendidas entre los 41 y 55 años la cifra desciende ligeramente hasta un 19%.

Si bien el 85% de los encuestados se define como consumidor de cualquier tipo de carne, un 35% afirma haber oído, leído o visto noticias y reportajes sobre la transmisión de enfermedades de animales a los humanos por los alimentos. La preocupación por estas enfermedades es una variable muy a tener en cuenta en los hábitos de compra.

¡Que lo tuyo es mirar siempre lo que pone en las etiquetas! Lógico. De hecho, los valores nutricionales resultan ser otro de los aspectos decisorios a la hora de valorar un producto alimentario. A este respecto, el 35% de los encuestados considera que la composición de un alimento es clave para introducirlo en la cesta de la compra.

Uno de cada 3 ciudadanos considera la carne cultivada más saludable

¿Y cuál es la evaluación global que realizan los consumidores? Pues el 33,5% de los encuestados percibe como más saludables estos futuros productos cárnicos producidos por medios no tradicionales, en comparación con la ganadería industrial tradicional. Además, este tipo de productos, entre los que se encuentra la ´carne cultivada´, tienden a proyectar valores muy apreciados en nuestra sociedad actual como son: un mayor bienestar animal (53%), mayor seguridad alimentaria (40%), respeto por el medio ambiente (42%) o beneficios para personas con problemas de obesidad y colesterol (38%).

Los encuestados dispuestos a probar la carne cultivada admiten que los aspectos que les resultan más convincentes son la composición del producto (35%), su compromiso con el bienestar animal (34%) y sus valores nutricionales (24%).

Ahora bien, el nivel de importancia que le otorgan a cada cualidad de la carne cultivada varía en función de la edad. Así, para aquellos que tienen entre 20 y 40 años lo más destacable del producto es su compromiso con el bienestar animal (71%) y la ausencia de grasa de su composición (70%). Cuando hablamos de consumidores entre 41 y 55 años, lo más valorado es el valor nutricional (70%) y el efecto saludable en las personas (60%). 

En general, la reducción del impacto ambiental, la eliminación de la necesidad de criar animales y la disminución de los riesgos para la salud pública son los posibles beneficios de la carne cultivada que más atraen tanto en nuestra sociedad, como en otros países.

El precio supone otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de comercializar un nuevo producto. El 31% de los encuestados cree que los productos elaborados con carne cultivada tendrán precios similares a los productos cárnicos tradicionales. Por el contrario, el 29% piensa que los productos de carne cultivada tendrán precios más elevados.

Y tú, ¿estarías dispuest@ a probar la carne cultivada?

[La encuesta se ha realizado mediante 1.000 entrevistas online (margen de error estadístico de ± 3,2%) de entre 20 y 55 años residentes en cinco grandes ciudades españolas, con un criterio de ponderación sobre sus poblaciones: Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia. La media de edad de los encuestados ha sido de 39,7 años. El 85% de los consultados declara comer regularmente cualquier tipo de carne. El 90% trabaja y tiene una formación mayoritariamente de estudios superiores (70%)]

Nobel a la alimentación mundial

El hambre y la desnutrición siguen siendo uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz 2020 por ser la organización humanitaria más grande del mundo y promover, entre otras cosas, la seguridad alimentaria. Contribuir desde la innovación foodtech a la mejora de la alimentación mundial es también nuestro compromiso en Ethicameat.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) se concentra en la ayuda de emergencia, en la reconstrucción y en la ayuda al desarrollo. Dos tercios de su trabajo se efectúa en las zonas de conflicto y trabaja estrechamente con otras dos agencias de la ONU que tienen sede en Roma: la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

El reconocimiento que el Comité del Nobel noruego ha hecho a su labor, con la concesión del prestigioso Premio Nobel de la Paz, cobra este 2020 más importancia, si cabe. Desde el PMA aseguran que los choques climáticos, las presiones económicas y el impacto de la pandemia global están agravando aún más los números del hambre y la desnutrición.

2.000 millones de personas, sin acceso a comida nutritiva

El hambre y la malnutrición son el principal riesgo de salud a nivel mundial. Nada más y nada menos que 2.000 millones de personas no tienen acceso regular a suficiente comida nutritiva y uno de cada 10 seres humanos sufre malnutrición. Es la suma de aquellas personas afectadas por niveles moderados de inseguridad alimentaria y las que padecen hambre. Un fenómeno que no solo tiene lugar en países en vías de desarrollo, ya que afecta también a cerca del 8% de la población de Norteamérica y Europa.

Reto Hambre Cero

Desde el Programa Mundial de Alimentos se impulsó en 2012 el Reto del Hambre Cero, con el objetivo de inspirar un movimiento global que lograra un mundo sin hambre en una generación. La iniciativa busca: poner fin al retraso en el crecimiento en niños y niñas menores de dos años; lograr que el 100% de las personas tenga acceso a una alimentación adecuada, durante todo el año; conseguir que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles; aumentar un 100% la productividad y el ingreso de los pequeños agricultores y acabar con el despilfarro de alimentos, principalmente.

La última edición del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, de julio de 2020, advierte sin embargo que “el mundo no está en vías de acabar con el hambre para 2030” y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición, de acuerdo con la mayoría de los indicadores. Además, recuerda que es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

Desde Naciones Unidas subrayan que el hambre y la desnutrición cuestan a nuestra economía 3,5 billones cada año, sin embargo, el coste de crear sistemas para erradicarlos es menos de una décima parte: 270.000 millones de dólares cada año.

Proteínas alternativas frente a la desnutrición

Ante este escenario, la obtención de proteínas bajo técnicas alternativas a las que conocemos es un asunto de interés global, ya que de ello depende el poder garantizar la alimentación mundial de las próximas décadas bajo criterios de sostenibilidad y protección del medio ambiente. El ecosistema de proyectos innovadores en todo el mundo es cada vez mayor: desde productos vegetales hasta carne cultivada de origen animal sin sacrificio y aporte proteico saludable, como la que desarrollamos en Ethicameat. El futuro pasa por la reconversión hacia un sistema de abastecimiento alimentario más eficiente y que, por supuesto, permita garantizar la nutrición de más personas. El desarrollo de estos nuevos alimentos es importante y propuestas como la carne cultivada son una opción de futuro ante la emergencia alimentaria. La apuesta firme por la innovación y la inversión en investigación es una vez más decisiva, también para contribuir a erradicar el hambre y la desnutrición mundiales.

Carne cultivada: ‘stop’ a la dependencia de las importaciones

El coronavirus ha afectado a las cadenas de suministro de carne de todo el mundo. La irrupción de la pandemia ha obligado a países muy dependientes de la importación de alimentos a buscar soluciones para evitar tanto el desabastecimiento como los riesgos de seguridad alimentaria que suponen las enfermedades de los animales. El avance de la ingeniería celular, y, en concreto, de la carne cultivada, abre un camino alternativo a la producción tradicional.

La producción total de carne en el mundo disminuirá un 1,7% en 2020 debido a las enfermedades de los animales, las perturbaciones del mercado relacionadas con la pandemia por COVID-19 y los efectos persistentes de las sequías, según las previsiones del informe ‘Perspectivas alimentarias’ de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

El estudio aborda las tendencias de la producción y el mercado en 2020-21 para los productos alimentarios más comercializados del mundo, entre los que se encuentra la carne. “Los precios internacionales de la carne han bajado un 8,6% desde enero de 2020, debido a los efectos de las medidas relacionadas con la COVID-19, incluidas las consiguientes dificultades logísticas, el fuerte descenso de la demanda mundial de importaciones y los grandes volúmenes de productos cárnicos sin vender”, apuntan desde la FAO.

Al mismo tiempo, países como Emiratos Árabes Unidos y resto de estados del Golfo están obligados a importar la mayor parte de sus alimentos, en gran parte porque sus climas áridos dificultan los cultivos y la cría de ganado. También dependen de los suministros de productos médicos, de consumo e industriales del extranjero para mantener a sus poblaciones. El gobierno de los EAU ha tomado varias medidas para asegurar el acceso ininterrumpido a los suministros desde que el coronavirus se propagó por todo el mundo. Así, el país ha importado recientemente 4.500 vacas lecheras del Uruguay con el propósito de aumentar la seguridad alimentaria.

En este contexto, el avance de la ingeniería celular, y, en concreto, de la carne cultivada, abre un camino alternativo a los problemas asociados a los sistemas de producción y distribución alimentaria tradicionales. Nos encontramos ante la posibilidad de obtener productos de origen animal con alto contenido proteínico sin depender de la industria ganadera y reduciendo significativamente su impacto medioambiental.  Y lo que es aún más importante: en cualquier parte del mundo, con independencia de sus condiciones climáticas o territoriales.

‘Future of Food’ o carne sin ganado

En esta línea, el movimiento ‘Future of Food’, iniciativa virtual surgida en Austria con el propósito de informar sobre las alternativas a la producción de origen animal, dedica una de sus áreas de difusión a la posibilidad de obtener carne sin ganado.

Como explican, “ la idea (de la carne cultivada) es producir carne animal pero sin recurrir a ningún animal. Las células se extraen de animales vivos sin ocasionarles ningún daño, se colocan en un medio de cultivo donde pueden empezar a multiplicarse y crecer de manera independiente al animal. En teoría este proceso podría ser lo suficientemente eficaz como para cubrir la demanda global de carne. Y todo esto sin manipulación genética ” .

La carne cultivada se presenta así como una solución para todas aquellas regiones del planeta en las que por razones climáticas no se dan las condiciones adecuadas para la cría de animales destinados a la alimentación. Es por ello que la denominada ‘cultured meat’ podría introducir importantes ventajas con respecto a la carne tradicional en términos de economía, salud, bienestar de los animales y medio ambiente. El futuro de la alimentación está en marcha y en Ethicameat estamos seguros que pasa, entre otros aspectos, poraprovechar la eficiencia y sostenibilidad que puede introducir la carne cultivada. La posibilidad de ‘cultivar’ carne en cualquier parte del mundo donde se establezcan los medios técnicos necesarios podría resultar clave para reducir la dependencia total que algunos países tienen de las importaciones de carne y disminuir notablemente la huella de carbono que implica su transporte.

Ethicameat, la carne cultivada de Biotech Foods que suma premios

Los fundadores de Biotech Foods, Iñigo Charola (izqda.) y Mercedes Vila (drcha.), recibiendo el Premio Expansión Start up.

Biotech Foods, la empresa matriz de Ethicameat, ha revolucionado el panorama emprendedor ‘agrotech’ apostando por la carne cultivada, un producto cárnico obtenido sin crueldad animal. El reto de crear una carne 100% natural sin maltrato animal ha tenido una cálida acogida por parte del sector emprendedor de nuestro país. La ecología y la biotecnología se han dado la mano en Ethicameat para satisfacer una demanda creciente y los reconocimientos obtenidos en este breve periodo de tiempo constatan que la carne cultivada es toda una revolución alimentaria.

El emprendimiento en España goza de buena salud, según los últimos datos facilitados por el Global Entrepreneurship Monitor, que desde 1999 analiza la Tasa de Actividad Emprendedora de forma global. Las cifras de emprendimiento en nuestro país crecen a un ritmo constante, convirtiendo a España en líder europeo en paridad de género en este ámbito, por delante incluso de países con gran tradición emprendedora como Alemania o Reino Unido.

En un contexto de optimización de la economía y exploración de nuevos mercados, la irrupción de Biotech Foods y su carne cultivada Ethicameat en el ecosistema empresarial ha supuesto una revolución en la manera de enfocar la alimentación. Las ventajas asociadas a su modelo productivo han despertado el interés de una sociedad cada vez más concienciada sobre los efectos del cambio climático.

En este sentido, Ethicameat no sólo representa una esperanza real a la posibilidad de comer carne 100% natural obtenida sin maltrato animal, sino que esa esperanza ha cristalizado en una gran acogida desde todos los sectores de la sociedad, algo de lo que nos sentimos especialmente orgullosos. El reconocimiento a la innovación y el emprendimiento recibido por parte de distintas entidades a lo largo de 2019 es sin duda uno de los mayores estímulos para seguir trabajando en alternativas al modelo alimentario actual.

Premios Emprendedor XXI, el inicio del camino

El año 2019 concluye con dos reconocimientos muy preciados para Biotech Foods en el ámbito del emprendimiento. Biotech Foods se ha alzado con el Premio Emprendedor XXI, una distinción entre los 55 participantes que optaban a este galardón en el ámbito del País Vasco.

Centrados en identificar, reconocer, y acompañar a las jóvenes empresas con mayor potencial de crecimiento, tanto en nuestro país como en Portugal, estos galardones impulsados por CaixaBank y co-otorgados por el Ministerio de Industria, Comercio y Turismo, son ya toda una referencia en el ámbito de las ‘start up’ de ambos países.

Con una dotación económica de 5.000 euros y el acceso a un programa internacional de acompañamiento en Silicon Valley, los Premios Emprendedor XXI han dado a Biotech Foods la oportunidad de acelerar su proceso de crecimiento y convertirse en un referente en el sector ‘agrotech’.

Los fundadores de Biotech Foods, Mercedes Vila e Iñigo Charola, en los Premios Expansión Startup.

Premios EXPANSIÓN ‘Start up’, el reconocimiento del mundo de las finanzas

La primera edición de los Premios EXPANSIÓN ‘Start up’ ha irrumpido con un doble reconocimiento para Biotech Foods. Estos galardones, otorgados por el periódico económico EXPANSIÓN, premian a las compañías emergentes más innovadoras y que más impacto están teniendo en sus respectivos sectores. Frente a más de 200 ‘start up’ del país, Biotech Foods ha accedido a una doble nominación: agroalimentaria y ecológica, en línea con la filosofía de alimentación sostenible de Ethicameat, marca bajo la cual se comercializará la carne cultivada de Biotech Foods.

Biotech Foods ha obtenido eI I Premio EXPANSIÓN ‘Start up’ de ‘Alimentación y AgroTech’ ante un jurado altamente especializado en emprendimiento e innovación disruptiva. La búsqueda de un equilibrio entre una demanda cárnica creciente y unos recursos naturales escasos ha permitido a Biotech Foods ser distinguida como una de las ‘start up’ nacionales que ofrece soluciones innovadoras al sector de la industria agroalimentaria y la gastronomía. Este reconocimiento al carácter innovador y proyección internacional supone la confirmación de un sueño que empezó en 2017 en la cabeza de nuestra co-fundadora y CTO, Mercedes Vila, tras un trabajo de años para lograr una alternativa cárnica saludable, sostenible, nutritiva y con sabor español.

Ethicameat, la biotecnología al servicio de la ecología

Con estos reconocimientos a la labor de Biotech Foods se pone de manifiesto la importancia que el futuro de la alimentación tiene en nuestra sociedad. Si bien queda mucho camino por recorrer en este sector de la industria alimentaria, las expectativas son optimistas: hay mucho talento, mucha curiosidad y mucho interés por parte de los consumidores de alimentarse de una manera más respetuosa con el medio ambiente y los animales, un objetivo que forma parte del ADN de nuestra compañía. Estos galardones aportan una gran dosis de firmeza al camino escogido, un camino que supone un reto en muchos aspectos, pero, como decía Kennedy: «Elegimos hacer algo no porque sea fácil, sino porque es difícil”. Y en ese punto de la ecuación es donde radica el encanto.

Dieta saludable y… ¿sostenible?

La pregunta recae en cada uno de nosotros. Es evidente que la sociedad se preocupa por una alimentación saludable. Pero, ¿lo saludable es también sostenible? Esta cuestión pone el foco en la importancia de la alimentación como argumento también en la lucha contra el cambio climático.

Los cambios producidos en la alimentación del consumidor medio a lo largo de las últimas décadas nos ofrecen una radiografía de los avances en el seno de nuestra sociedad. Hasta hoy, una forma muy nítida de comprobar el nivel de vida de una población radicaba en la calidad de su alimentación. Los estudios demuestran que una dieta saludable proporciona un envejecimiento mejor, como lo afirma el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE). Digamos que la dieta saludable es la dieta de la longevidad.

La duda llega cuando nos preguntamos si la dieta saludable es también sostenible. La población mundial consume 76 gramos de proteína diaria por persona, 202 millones de toneladas al año. Y la tendencia es creciente y en todas partes del mundo.

Hoy en día existe una preocupación latente sobre las consecuencias que el consumo de determinados alimentos puede tener para el medio ambiente, poniendo el foco en los procesos productivos necesarios para la obtención de esos productos, y cómo estos contribuyen de forma indirecta al cambio climático que según los expertos de la ONU tendrá consecuencias irreversible hacia 2030.

Alimentos poco sostenibles

Uno de los productos más conflictivos en este ámbito de análisis es el aguacate. El producto millennial por excelencia, muy valorado por su aporte de numerosos beneficios para la salud, es tachado de enemigo número uno del medio ambiente debido a su alta demanda, que ha contribuido a la puesta en marcha de prácticas insostenibles desde el punto de vista ecológico, como la deforestación de grandes zonas de bosque para dedicarlas a su cultivo. Según datos del gubernamental Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México, cada año se pierden entre 600 y 1.000 hectáreas de bosque por este motivo; lo que unido a la alta huella de carbono del aguacate por ser un producto de importación, lo convierte en uno de los productos menos sostenibles del mercado.

Otros productos poco sostenibles son los productos de origen animal como la carne o la mantequilla. La explicación se debe a dos factores principales; por un lado, la necesidad de dedicar extensas hectáreas de terreno a la alimentación de los animales; y por otro lado, toda la producción de carne implica grandes emisiones de gases efecto invernadero, por lo que a mayor demanda de productos cárnicos, mayor será el porcentaje de gases expulsados a la atmósfera. En este caso se calcula que el sector ganadero produce un 15% del total de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero.

Una dieta sostenible y el cambio climático

Una dieta variada, recomendada por médicos y especialistas como la OMS, aconseja consumir 0,8 gramos de proteína por kilogramo al día, así una persona que pese 76 kilos debería consumir como cantidad recomendada 56 gramos. Como hemos comentado, la media mundial es mayor y en determinados países occidentales estas cifras llegan a triplicarse, aumentando los riesgos de enfermedades cardiovasculares y de obesidad entre la población.

El consumo de carne ha ido en aumento en las últimas décadas, producto del aumento de la población y de los cambios en el estilo de vida. Según las últimas cifras estadísticas al respecto, hoy consumimos cinco veces más carne que hace cincuenta años, lo que en cifras se traduce en haber pasado de 70 millones de toneladas de carne consumidas en 1960 a 330 millones en 2017. Una situación que de continuar por esta senda, nos aboca a un sistema insostenible de producción.

Nuestras elecciones como consumidores sostenibles

Numerosas organizaciones y ONG´S abogan por una campaña de reducción del consumo de alimentos de origen animal, para reducir las escalofriantes cifras de contaminación ecológica que esta actividad genera. Iniciativas como los lunes sin carne y el veganuary (mantener una dieta vegana durante todo el mes de enero) han contribuido a la concienciación de una sociedad que busca generar el menor impacto ecológico posible, también con su alimentación. La apuesta por otros tipos de carne carentes de los inconvenientes de la producción tradicional como es la carne vegetal o la carne cultivada hacen más fácil para los consumidores la conciliación de nuestros valores eco con la inmediatez de nuestra vida privada.

Con pequeñas medidas como éstas, podemos conseguir mucho a nivel ecológico. Alternando en un 50% el consumo de carne y lácteos por derivados como la carne cultivada, se podrían reducir las emisiones agrícolas a 4 Gt CO2eq al año según los últimos datos estadísticos de Greenpeace. Una disminución del consumo que, de hacerse semanalmente, no supone un gran cambio en nuestro estilo de vida. Como consumidores sostenibles que somos, en nuestras manos se halla dar una solución al problema medioambiental.