Apps para informarnos de qué comemos y cómo hacerlo más sano

¿Eres de los que se detienen a leer con detalle las etiquetas de los alimentos? o… ¿no llegas a ese nivel pero sí te gusta saber algo más de los productos que metes en tu cesta? Entonces seguro que has oído hablar o ya utilizas alguna de las aplicaciones móviles que están marcando tendencia entre los consumidores amigos de lo saludable. ¡Vamos a ver cómo funcionan algunas de las más populares!

Existe una preocupación cada vez mayor por llevar una alimentación sana, pero una de las dificultades que nos encontramos en el camino es entender el significado de las etiquetas de los productos, ya que resulta, en la mayoría de las ocasiones, imposible para el consumidor común. Aquí está el origen del desarrollo de estas aplicaciones móviles cuya misión es facilitarnos una información exhaustiva de la composición de los productos antes de comprarlos y ayudarnos así a elegir aquellos más saludables.

Yuka, ElCoco y MyRealFood son tres de las más populares en nuestro país. Si bien asociaciones de consumidores como Facua o la OCU advierten que no se trata de fuentes de información infalibles, casi nadie duda de su utilidad a la hora de ‘traducir’ a un lenguaje bastante entendible las imposibles listas de componentes y tecnicismos que conforman  los etiquetados de los productos. Lo hacen principalmente a través de una puntuación o una escala de colores fácilmente interpretable, que va de: malo, mediocre, bueno a excelente.

El relato de cómo las conociste podría ser este: Cada vez que ibas al supermercado te llamaba la atención el número creciente de personas que, móvil en mano, escaneaban el código de barras del producto que tenían frente a sí o sostenían en su mano… como si fuesen empleados del propio establecimiento.  Hasta que un día, aquel amigo tan ‘trend’ (que todos tenemos) te despejó la incógnita: “¿De verdad me estás diciendo que no conoces esta app??? Pues ya te la estás descargando porque no sabes lo que te estás perdiendo”. Y así empezó todo… De los primeros ‘escaneos’ por mera curiosidad y para saber exactamente qué es lo que había cautivado a tu amigo, pasaste a recomendarlo a familiares y conocidos. Tener la máxima información nutricional de absolutamente todos los productos de tu lista de la compra se convirtió en un hábito indispensable de tu momento ‘compra’.

Yuka: valoración de alimentos, bebidas y productos cosméticos. Se basa en tres criterios: el 60% corresponde a la calidad nutricional según el índice internacional Nutriscore, el 30% a la presencia de aditivos, y el 10% a la dimensión orgánica. El sistema de puntuación de los cosméticos se basa en el análisis de todos los ingredientes que entran en la composición de un producto. Cuando la valoración de un producto escaneado es negativa, la aplicación propone una alternativa de otro producto de las mismas características incluido en su base de datos.

El CoCo: lectura de etiquetas de comestibles y bebidas basado en los sistemas Nova y Nutriscore. Nova clasifica los productos en cuatro grupos en función su grado de procesamiento: desde el color verde (1) para los alimentos no procesados, hasta el rojo (4) para los ultraprocesados. La medición se completa con Nutriscore, que estima la calidad nutricional del producto en función de los nutrientes que contiene. El resultado es un semáforo de 5 colores y letras, desde A (verde oscuro) para indicar una excelente calidad nutricional hasta la E (rojo), para aquellos productos de muy mala calidad.

MyRealFood: valoración solo de productos alimenticios. La app analiza la lista de ingredientes y la información nutricional e indica si es un buen procesado o si es un ultraprocesado. Aporta además información sobre las calorías que tiene, grasas, carbohidratos, proteínas, azúcares, sal, aditivos… y también propone alternativas entre productos de la misma categoría. 

Hacia una alimentación más saludable

Si bien como señalan los estudios realizados por las organizaciones de consumidores este tipo de apps tienen algunos defectos y su información no puede tomarse al pie de la letra, ya que en ningún caso pueden sustituir a profesionales de la nutrición que estudian caso por caso las dietas más adecuadas a nuestras circunstancias particulares, toda la información que recopilemos de los alimentos que consumimos es un acto de responsabilidad.

Y es que uno de los objetivos de Ethicameat es que la innovación alimentaria gracias a la cual la carne cultivada será muy pronto una realidad en el mercado, sirva también para impulsar una alimentación mucho más saludable. La obtención de proteínas de alto valor biológico sin necesidad de sacrificio animal y consumiendo muchos menos recursos naturales va a permitir tener a nuestra disposición nuevos productos de origen animal de gran valor nutricional, más saludables y sostenibles.  

¿Cuál es la huella de consumo de suelo de lo que comemos?

¿Sabías que producir un kilo de carne de cordero consume 30 veces más territorio que uno de ave? La conciencia ecológica le gana terreno a las corrientes negacionistas del cambio climático y nos genera cada vez más preguntas de este tipo. A medida que avanza el milenio somos más conscientes del impacto medioambiental provocado por nuestra alimentación. Al menos es una de las creencias que ‘cultivamos’ en Ethicameat.

La producción de alimentos es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Pero, ¿es posible calcular la huella terrestre de los diferentes productos alimenticios? Y ¿qué alimentos utilizan más y menos tierra en su producción? A estas y otras preguntas responde el estudio ‘Impactos ambientales de la producción de alimentos’de Hannah Ritchie y Max Roser.

El completo documento de estos dos investigadores británicos propone varias vías para conocer el impacto ecológico de lo que comemos. Por un lado realiza una comparación basada en la masa: la tierra utilizada para producir un kilogramo de cada producto alimenticio. Y, por otro, pone el foco en sus características nutricionales, es decir, cuantifica el impacto de los distintos alimentos según las proteínas o energía/calorías que nos aportan.

Así, los metros cuadrados de tierra que supone la producción de un kilogramo de carne de cordero (370 m2) difiere considerablemente de la tierra utilizada para producir un kilo de carne de ave (12,2 m2). Y más allá de los productos cárnicos, la superficie de suelo utilizada en la producción de un kilo de queso (88 m2) contrasta con la necesaria para obtener un kilogramo de tomates (0,8 m2). 

La mitad de la tierra habitable del mundo se usa para la agricultura

La expansión de la agricultura ha supuesto uno de los mayores impactos de la humanidad sobre el medio ambiente. Los cultivos han transformados los hábitats y son una de las mayores presiones para la biodiversidad. Así, de las 28.000 especies amenazadas de extinción que figuran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la agricultura figura como una amenaza para nada más y nada menos que 24.000 de ellas. Actualmente, la mitad de toda la tierra habitable se utiliza para la agricultura.

Un  dato positivo es que el rendimiento de los cultivos ha aumentado significativamente en las últimas décadas, lo que significa que hemos ahorrado mucha tierra para la producción agrícola. A nivel mundial, para producir la misma cantidad de cultivos que en 1961, sólo necesitamos el 30% de las tierras de cultivo que entonces. Y en este punto es preciso mencionar que nuevas técnicas ya aplicadas y en desarrollo como el vertical farming ayudan a mejorar aún más estos porcentajes. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones.

El ganado ocupa el 77% del territorio agrícola mundial

Por otro lado, cabe destacar que hay una distribución muy desigual del uso de la tierra entre el ganado y los cultivos para consumo humano. Si sumamos los pastos utilizados para el pastoreo con la tierra utilizada para cultivos destinados a la alimentación animal, el ganado representa el 77% de las tierras agrícolas mundiales. Sin embargo, a pesar de que el ganado ocupa la mayor parte de las tierras agrícolas del mundo, sólo produce el 18% de las calorías mundiales y el 37% de las proteínas totales.

Los investigadores concluyen que devolver parte de estas tierras de cultivo a los bosques y a los hábitats naturales es una responsabilidad conjunta que está en manos tanto de los productores como de los consumidores y en Ethicameat estamos totalmente de acuerdo con ello. El objetivo de la carne cultivada en la que trabajamos es precisamente poner a disposición del consumidor productos que sean una verdadera alternativa sostenible: con un 99% menos de consumo de tierra, un 75% menos agua y una reducción de emisiones del 90% respecto a productos cárnicos similares. El gran reto pasa por abastecer la creciente demanda mundial de proteína animal, al tiempo que abordar los principales inconvenientes de la industria de la ganadería industrial: seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental y bienestar animal. Por tanto, ofrecer un modelo alternativo que permita reducir la dependencia mundial de la industria de la cría de animales es clave también en términos ecológicos, ya que a su vez contribuirá a la reducción drástica de los recursos naturales utilizados para su cría y, en consecuencia, a la lucha contra el cambio climático.