¿Cuánto nos influye el nombre de un alimento para su consumo?

Imaginaos por un momento retroceder en el tiempo dos o tres generaciones e invitar a nuestros abuelos o tatarabuelos a comer una hamburguesa. ¿Cuál sería su reacción? Puede que ni siquiera supiesen el tipo de alimento del que estamos hablando y, en caso de saberlo, es probable que no se mostrasen muy receptivos ya que lo asociarían a comida rápida muy alejada de sus tradiciones. Quizás si sustituyéramos el término hamburguesa por filete ruso o de carne picada su reacción fuese muy diferente, ¿no creéis?

  

Es solo un ejemplo de hasta qué punto nos puede condicionar el nombre que le damos a los alimentos para decidirnos a consumirlos o no… En España la hamburguesa ha tenido un recorrido muy particular debido fundamentalmente a la cultura culinaria de nuestro país. De ser considerada al inicio un producto asociado solo a establecimientos de comida rápida, a colarse en las cartas de multitud de restaurantes dispuestos a competir por la mejor hamburguesa del lugar, elaborada con carne de muy alta calidad y convertida incluso en un plato de autor más en el que chefs de todos los estilos despliegan su creatividad.

Vamos a por otro caso diferente pero muy relacionado con la importancia de los nombres que se utilizan para introducir nuevos alimentos en nuestro menú. ¿Cuántas personas habrán probado por ‘equivocación’ un ‘steak tartar’ sin saber al 100% que se enfrentaban a una elaboración de carne o pescado crudo? ¿Lo hubieran hecho si el plato se les hubiera presentado únicamente como ‘bistec crudo’?  

Constantemente hacemos asociaciones lingüísticas por razones socioculturales que influyen en la percepción que tenemos de las cosas y, sobre todo, que nos crean determinados prejuicios ante productos desconocidos y novedosos que por el simple hecho de serlo consideramos nocivos para nuestra salud. Somos reacios a los cambios y esto supone en ocasiones una importante barrera tanto en el campo de la alimentación como en otros. Sin embargo, la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario se enfrenta hoy día a grandes desafíos que exigen una serie de respuestas inmediatas.

La producción necesaria para alimentar a la creciente población mundial genera una sobreexplotación de recursos naturales que pasa una factura cada vez mayor a nuestro medio ambiente. Apoyarnos en los beneficios de la tecnología aplicada al sector alimentario es, por tanto, más necesario que nunca para responder a compromisos internacionales como el Green Deal o Pacto Verde Europeo. A medida que aumenta la demanda de proteínas, urge la necesidad de buscar nutrientes y alternativas que nos  permitan diversificar las opciones de alimentación para la población global. El cultivo de células de origen animal y la extracción de proteína vegetal para la producción de alimentos son unas de esas soluciones innovadoras que, gracias a la biotecnología, nos permiten tanto minimizar los riesgos ante enfermedades de origen animal como rebajar la contaminación que genera nuestro sistema alimentario actual. La carne cultivada en la que trabajamos en Ethicameat ofrece un sistema respetuoso con los animales y contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y el gasto de agua y suelo, todos ellos recursos esenciales para nuestra supervivencia. El objetivo de esta, y otras fuentes alternativas de proteína, es poner productos a disposición del consumidor que nos permitan tener un sistema de producción alimentaria más equilibrado, y consecuentemente más sostenible.

En EE.UU. se ha acordado llamar a la carne producida a partir de células de marisco ‘cell-cultured’ (cultivada con células). Así lo ha anunciado recientemente la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) tras un largo intercambio con los grandes actores del sector. Ya a finales de 2020, la FDA envió una solicitud a las empresas que producen carne o marisco de origen celular para que propusieran una posible designación. Un estudio determinó que tanto los términos «cultivado con células» como «basado en células» informarían convenientemente a los consumidores y no serían engañosos, además de presentar el producto de forma neutral.

El Parlamento Europeo rechazó en octubre del pasado año una enmienda que pedía limitar denominaciones como ‘hamburguesa’, ‘salchicha’, ‘filete’ y ‘escalope’ exclusivamente a los productos cárnicos tradicionales. La intención era prohibir su uso para referirnos, por ejemplo, a alimentos de base vegetal que responden a estas formas, como las hamburguesas veganas de sobra conocidas ya en el mercado. Que productos de origen vegetal lleguen al mercado en formatos populares e internacionalmente extendidos como el de las salchichas o las hamburguesas no tiene otra intención, a nuestro modo de ver, que aprovechar precisamente el conocimiento que como consumidores tenemos de ese tipo de alimentos. Ampliar la tipología de un formato de producto asentado en nuestras culturas, como puede ser la hamburguesa o la salchicha, no debería preocuparnos tanto como el impacto ambiental que genera su producción.

En definitiva, es necesario un sistema de reglamentación claro y de base científica que apoye las nuevas técnicas de producción de alimentos, permita una mayor elección al consumidor y mejore la seguridad alimentaria. La sostenibilidad alimentaria debe apoyarse en la innovación, por lo que conviene evitar cualquier veto injustificado o barrera lingüística a nuevos productos que miran a la sostenibilidad y al progreso de nuestra alimentación.

Carne cultivada, de la innovación al plato

Los ‘Diálogos de Cocina’, del Basque Culinary Center, adaptan su menú a la nueva normalidad y celebran su octava edición en formato virtual. Nuestro CEO Iñigo Charola tendrá la oportunidad de exponer el reto en el que trabaja BioTech Foods: responder desde la innovación al alto consumo de proteína animal y el impacto medioambiental que esta genera. Un diálogo constructivo desde todos los ángulos del sector gastronómico y más allá, con el fin de aportar valor a la sociedad. Todo ello con un ingrediente extra: en abierto para todo aquel que quiera asistir, ¿te lo vas a perder?

Dicen desde la organización del congreso internacional ‘Diálogos de Cocina’ – Basque Culinary Center de San Sebastián, Euro-toques y el restaurante Mugaritz- que “el conocimiento cobra sentido si se comparte” y en Ethicameat estamos muy de acuerdo con ellos.

La octava edición de este foro bienal ya está en marcha y hasta el próximo 26 de marzo se van a suceder multitud de charlas, debates y talleres de todo tipo con una dosis extra de creatividad que pretende congelar por unos instantes la palabra virus y “repartir chutes de inspiración, de energía y hasta alegría en un momento tan complejo”, según Andoni Luis Aduriz. Y es que para el célebre chef español “la gastronomía es una fuente privilegiada de encuentro” y, como tal, un espacio de sinergias desde el que abordar también grandes problemas estructurales de nuestro tiempo.   

Dentro del nutrido programa de ‘Diálogos de Cocina’ 2021, en el que no faltarán figuras desatacadas de la restauración nacional e internacional (Alice Waters, Dabiz Muñoz, Daniela Soto, Dan Barber, José Andrés, María Solivellas…) así como de otras disciplinas creativas (el violinista Ara Malikian, el artista flamenco Niño de Elche o la diseñadora holandesa Marije Vogelzang), se llevará a cabo el viernes 26 la mesa ‘¿Cómo dar de comer a millones de bocas?’. Un boca a boca con Malena Martínez, Rosa Porcel, Rafa Rincón, Cristina Reni, Julián Otero y nuestro CEO, Íñigo Charola.

Y es que no solo producir alimentos es importante. Asegurar el acceso a ellos, en contextos sostenibles tanto en lo económico, como en lo medioambiental y lo social, es un desafío que implica el trabajo conjunto de expertos de todo tipo. Se trata, según los organizadores, de un reto de múltiples lecturas y, por tanto, de distintas soluciones, donde el diálogo es indispensable.  

A este intercambio de conocimientos se sumará la experiencia de BioTech Foods y su objetivo de llevar a la mesa la carne cultivada Ethicameat. Dado el alto consumo de proteína animal y el impacto medioambiental que ésta genera, ¿qué soluciones se pueden aportar desde la innovación? Esta fue sin duda una de las preguntas que en 2017 movieron a Mercedes Vila e Iñigo Charola a fundar BioTech Foods y emprender un proyecto alimentario sostenible para evitar el sacrificio animal y contribuir a combatir el cambio climático. Hoy, como una de las empresas pioneras a nivel mundial en el desarrollo de carne cultivada, BioTech Foods lidera sendos proyectos que cuentan con financiación pública europea y española: Meat4All y Culturedmeat.

Con una esencia de ingenio inigualable, desde ‘Diálogos de cocina’ nos invitan, en definitiva, a “ponernos en fila para recibir chutes intravenosos de energía, fuerza, irreverencia, voluntad, innovación y creatividad; cucharadas de amor, humor y alegría”. Anímate a vivir esta experiencia porque esta vez es gratuita y solo tienes que hacer tu reserva aquí para asistir vía Zoom. Estamos convencidos de que este gran foro gastronómico nos dejará un buen sabor de boca.  

‘Tips’ para cocinar la carne sin perder sus nutrientes

Como destacada fuente de proteínas de alta calidad y otros nutrientes esenciales, la carne es considerado un alimento básico en muchas dietas. Pero, ¿sabemos cuáles son las maneras más saludables de cocinarla? Es decir, ¿aquellas que permiten conservar el mayor número de sus propiedades y representan menor riesgo para nuestro organismo? A continuación, algunas recomendaciones rápidas de los métodos de cocción más adecuados para quedarnos con lo mejor de la carne, … ¡sus propiedades nutricionales!

Hay un factor importante que debemos de tener en cuenta a la hora de cocinar carne: que dependiendo de cómo y cuánto tiempo se cocine se puede reducir su capacidad antioxidante, y perder por el camino muchos de sus nutrientes. Además, el calentamiento de la carne a altas temperaturas durante largos períodos de tiempo puede favorecer la formación de compuestos nocivos para nuestra salud. Así es que elegir una técnica de preparación u otra puede evitar la formación de estas sustancias en mayor o menor medida y la pérdida de nutrientes saludables.

Asar y hornear: Bajo esta técnica se emplean temperaturas altas que oscilan entre los 150ºC y los 220ºC, y normalmente en períodos de tiempo de entre 20 minutos y una hora. De forma general, asar y hornear son formas saludables de cocinar carne que dan lugar a pérdidas mínimas de vitamina C. Sin embargo, si se realizan largos tiempos de cocción a altas temperaturas se pueden perder hasta un 40% de la vitamina B de la carne en los jugos que se desprenden de la misma.

A la parrilla: La parrilla o barbacoa es otra forma de cocinado por calor seco, con altas temperaturas y muy popular por el peculiar sabor que adquieren los alimentos. Hay que tener en cuenta que durante este método de cocción a menudo se generan sustancias químicas potencialmente dañinas a través del goteo de grasa que se produce directamente sobre la parrilla o la superficie de cocinado. Se trata de los llamados hidrocarburos aromáticos policíclicos (HAP), relacionados con varios tipos de cáncer, como el de mama y el de páncreas.

Una solución para evitar este riesgo es controlar el goteo de los jugos de la carne, lo que, según distintos estudios puede reducir la formación de HAP hasta un 90%. Además, someter la carne a breves tiempos de cocción y sacarla de la fuente de calor antes de que se caliente en exceso puede ayudar a reducir la reacción química que se produce entre los azúcares y las proteínas, también relacionada con enfermedades cardíacas, renales y de envejecimiento de la piel.

A la plancha o salteado: Consiste en calentar la carne a altas temperaturas durante periodos cortos de tiempo y usando muy poca cantidad de aceite en una sartén o wok. Bajo esta técnica se promueve la retención de nutrientes y es menos probable que el colesterol se oxide (factor de riesgo para enfermedades cardíacas). Los tiempos de cocción son muy cortos, lo que ayuda a mantener la carne tierna y con buen sabor. Sin embargo, las altas temperaturas que se alcanzan durante la cocción pueden favorecer la formación de compuestos capaces de causar cáncer como las aminas heterocíclicas (AH). Se puede minimizar la producción de AH mediante el marinado con hierbas y especias ricas en antioxidantes y grasas saludables para cocinar.

Cocción lenta: Cocinar a fuego lento durante varias horas ayuda a que la carne resulte jugosa y adquiera una textura más blanda. La cocción lenta es un método conveniente de cocinar la carne a temperaturas bajas, que no suele superar los 120ºC, usando vapor. Las desventajas incluyen cierta pérdida de vitaminas B1 y una textura excesivamente blanda para ciertos tipos de carne.

A fuego suave y estofado: El método consiste en cocinar a temperaturas más bajas lo que implica una cocción de más tiempo. Hay riesgo de perder hasta un 60% del contenido en vitamina B de la carne, pero se puede recuperar si se incluyen los jugos como parte del guiso o sopa de acompañamiento. Otro punto a favor es que no se añaden calorías extra como durante la fritura. Las temperaturas comunes para guisado/estofado oscilan entre 70-82 ºC, mientras que las de cocción a fuego suave entre 85 y 93 º C.

Olla exprés: La olla exprés o a presión permite cocinar rápidamente ciertos alimentos. Además de la velocidad que ofrece, que disminuye significativamente el tiempo que se necesita para cocinar, esta técnica permite mantener la ternura y el sabor de la carne, así como reducir la oxidación del colesterol y la pérdida de vitaminas.

Fritura: Los beneficios de la carne frita son un mejor sabor, textura crujiente y excelente retención de vitaminas y minerales y a aumentar la cantidad de fibra. Sin embargo, el aceite y el pan rallado, muy típico para preparar ciertos productos cárnicos, aumentan las calorías, especialmente en forma de grasas. Hay que prestar especial atención a los aceites vegetales y de semillas poco saludables utilizados típicamente para freír y optar por opciones más recomendables como el de oliva.

En definitiva, todos los métodos para cocinar la carne tienen ventajas y desventajas. Las técnicas basadas en la cocción y al vapor a temperaturas más bajas son a priori más saludables pero pueden dar lugar a la pérdida de vitaminas, mientras que las más populares o asentadas en nuestra cultura culinaria, como el asado a la parrilla y la fritura, conviene practicarlas con moderación debido a las sustancias tóxicas que se pueden generar durante el proceso.

Carne cultivada para prevenir cáncer de cólon, colesterol y lípidos

Las investigaciones en el sector agroalimentario tratan hoy día de alcanzar modos de alimentación más sostenibles y saludables, dado que el consumo de carne roja se encuentra asociado a enfermedades de alta prevalencia en los países occidentales. En esta línea se sitúa el proyecto CULTUREDMEAT, cuya parte tecnológica está liderada por la empresa matriz de Ethicameat, BioTech Foods, y que ha obtenido recientemente el apoyo del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) del Ministerio de Ciencia y Tecnología de España, a través de su convocatoria ‘Misiones’.

Así, el objetivo general del proyecto CULTUREDMEAT es investigar carne producida a partir de agricultura celular que, junto al desarrollo de grasas saludables e ingredientes funcionales, permita la obtención de productos cárnicos que puedan evitar la prevención de cáncer de colon y el aumento de la concentración de colesterol y lípidos en la sangre. De este modo, será más fácil aprovechar todos los nutrientes de la carne reduciendo a su vez el riesgo de ingerir sustancias nocivas para nuestro organismo.

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

‘Culturedmeat’: nuestra “misión” por la sostenibilidad alimentaria

Sumamos un logro importante al apasionante desafío en el que estamos inmersos: lograr que la carne cultivada sea pronto una realidad en nuestra dieta. El proyecto CULTUREDMEAT, liderado en la parte tecnológica por nuestra empresa matriz BioTech Foods, ha recibido la valoración más alta en la última convocatoria ‘Misiones’ del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI). ¡Os contamos todos los detalles de nuestra misión!     

El objetivo del proyecto CULTUREDMEAT es investigar carne producida a partir de agricultura celular que, junto al desarrollo de grasas saludables e ingredientes funcionales, permita la obtención de productos cárnicos para la prevención de cáncer de colon y aumento de la concentración de colesterol y lípidos en la sangre.

Dicho proyecto se ha presentado a la convocatoria ‘Misiones’ del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), programa destinado a apoyar iniciativas estratégicas sectoriales de innovación empresarial en el marco del Programa Estatal de Liderazgo Empresarial en I+D+I del Plan Estatal de Investigación Científica y Técnica y de Innovación 2017-2020. De un total de 128 propuestas presentadas, únicamente se han aprobado 24, siendo CULTUREDMEAT la mejor valorada de toda España en todos los ámbitos de la convocatoria.

En el contexto de un mundo amenazado por el cambio climático, donde el aumento de la población supone un reto a la hora de aunar alimentación y sostenibilidad, la carne cultivada es sin duda una de las mayores innovaciones de nuestro siglo, al integrar seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad.

¿Quién forma ‘Culturedmeat’?

CULTUREDMEAT ha nacido gracias a la cooperación de empresas nacionales de biotecnología especializadas en nutrición y tecnologías de producción. BioTech Foods lidera la parte tecnológica de este proyecto de carne cultivada del que forman parte otras 7 entidades: Argal, Martínez Somalo, DMC Research, BDI Biotech, Neoalgae, BTSA y Agrowingdata. El consorcio cuenta además con la colaboración de 10 organismos de investigación: CTIC CITA; Universidad de Oviedo; Universidad Autónoma de Madrid – FUAM; TECNALIA; Parc Científic de Barcelona; Universidad de Sevilla – FIUS; VICOMTECH; Universidad de Granada; BIODONOSTIA y CIC BIOMAGUNE.

Beneficios de la carne cultivada y retos

El consumo de carne roja se encuentra asociado a enfermedades de alta prevalencia en los países occidentales como el cáncer de colon y las dislipemias. En España, concretamente, el cáncer de colon es el más frecuente en la población si se tienen en cuenta ambos sexos. La investigación en ingredientes funcionales que puedan ayudar a prevenir estas enfermedades de alto impacto social relacionadas con la dieta es por tanto muy relevante.

El mayor reto del sector de la carne cultivada en estos momentos es el escalado industrial que permita producir volúmenes suficientes para la comercialización. La producción de carne cultivada ha despertado un gran interés en la industria y son numerosos los fondos de inversión que están apostando por esta carne del futuro que reduce el impacto ambiental y protege el bienestar de los animales. Ahora también, los proyectos de investigación y desarrollo de carne cultivada centran la atención de las instituciones públicas.

Hace escasos meses, la Unión Europea, a través de su programa Horizon 2020, adjudicó la primera inversión pública en carne cultivada (más de 2,7 millones de euros) al proyecto ‘Meat4All’, un consorcio internacional liderado por BioTech Foods. La finalidad de este trabajo conjunto es abastecer la creciente demanda mundial de proteína animal, al tiempo que abordar los principales inconvenientes de la ganadería industrial actual: cuestiones de salud, sostenibilidad ambiental y bienestar animal.

La ´carne cultivada’ es ya un referente dentro del sector de las proteínas alternativas a nivel global y España se encuentra entre los pocos países con proyectos empresariales avanzados que profundizan en el escalado de producción para iniciar la comercialización. Biotech Foods, que trabaja desde 2017 en el desarrollo de su carne cultivada ‘Ethicameat’, fue la primera empresa española en entrar en este mercado.

‘Veganuary’ o cómo aceptar el desafío de no comer carne animal durante un mes

El efecto que la alimentación tradicional tiene en nuestro entorno y la búsqueda de alternativas nos preocupa, ¡y mucho! El movimiento internacional ‘Veganuary’ lleva desde 2014 invitando a personas de todo el mundo a probar la dieta vegana y asumir un desafío: al menos durante el mes de enero (o cualquier otro del calendario) no consumir carne ni ningún otro producto de origen animal. Más de medio millón de personas han aceptado el reto este 2021.

Por tu salud, por el medio ambiente, por los animales… desde la asociación sin ánimo de lucro británica Veganuary nos dicen que “cualquier motivo es bueno” para unirte a su reto. El movimiento no se limita a impulsar la presencia de más alimentos veganos en el mercado, mediante el trabajo conjunto con grandes distribuidores, sino que trata de que personas de cualquier opción alimentaria ‘prueben’ la experiencia de prescindir durante cuatro semanas de productos de origen animal. 

En la línea de otras iniciativas como el ‘Meat Free Monday’ promovido por la familia McCartney o el Meatless Monday, Veganuary (combinación de las palabras ‘vegan’ y ‘January’, que significa enero en inglés) ha llegado ya a 192 países, con más de 1.000.000 participantes desde su creación hace seis años y con un récord absoluto en esta última convocatoria en la que más de 500.000 personas han respaldado la iniciativa a través de su web. En enero de 2021 se ha duplicado el número de personas que se comprometieron a ser veganos en enero de 2019.

A pesar de que cada cual tiene sus motivaciones particulares para probar los beneficios de un cambio de hábitos alimentarios y evitar temporalmente el consumo de productos de origen animal, desde Veganuary destacan que los 3 motivos de peso más comunes son los siguientes:

Medio ambiente: el vínculo entre lo que comemos y el daño que le hace al planeta está científicamente demostrado. La ganadería nos proporciona el 18% de nuestras calorías y es responsable del 60% de la emisión de gas invernadero en la agricultura. La agricultura animal contribuye a la desforestación, debido al espacio requerido para pastos o cultivo de alimento de los animales. La ganadería es también responsable de gran parte de la contaminación del aire, tierra y agua, incluyendo el aumento de zonas muertas en los océanos.

Salud: Muchas personas prueban el veganismo por un mes porque quieren ver si mejora su salud. El testimonio de muchos de los que se han unido a Veganuary así lo demuestra, ya que han reportado significativas mejoras en su salud durante los primeros 31 días, desde dormir mejor hasta mejorar su digestión o tener la piel más clara. El 98% de las personas que han respondido a las encuestas de Veganuary aseguran que recomendarían la experiencia.

Bienestar animal: probar el veganismo es para muchos hacer algo eficaz frente al sufrimiento animal. La vida para muchos animales (aves, cerdos, vacas, ovejas…) en una granja industrial es un entorno de hacinamiento en el que no llegan a sentir el sol, el aire o la tierra.

El gran desafío de la carne cultivada

Al igual que este tipo de movimientos sociales que promueven cambios hacia la sostenibilidad de nuestra alimentación, la carne cultivada es uno de los grandes desafíos alimentarios de nuestra era por los múltiples beneficios que puede aportar a todos los niveles. La carne cultivada integra seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad en un producto único dirigido a todo tipo de consumidores. A través del cultivo de células musculares animales obtenidas mediante biopsia, se logra evitar el sufrimiento y sacrificio animal y reducir enormemente el consumo de recursos naturales.

En Ethicameat trabajamos desde 2017 en base a estos mismos pilares: reducción del impacto ambiental de la ganadería industrial a través del mejor aprovechamiento de los recursos naturales; mejora de la seguridad alimentaria para proteger nuestra salud y respeto a los derechos de los animales. Por ello estamos convencidos de que la llegada al mercado de la carne cultivada marcará un antes y un después en nuestro modo de alimentarnos. El universo #culturedmeat dará respuesta a esa preocupación creciente que tenemos por el impacto que genera lo que comemos en el planeta.

¿Estás entre el 41% de españoles dispuestos a probar la carne cultivada?

¡En Ethicameat hemos realizado la primera encuesta de consumo sobre carne cultivada en España! El objetivo ha sido analizar la percepción que tenemos de un producto nuevo, aún desconocido, pero llamado a protagonizar el futuro en la alimentación. Si quieres conocer cuál ha sido el resultado, ¡sigue leyendo!

Uno de los mayores obstáculos a los que se enfrenta cualquier producto innovador sin precedente en el mercado es precisamente el desconocimiento que como consumidores tenemos de él. Y más si hablamos de alimentación. Una definición concreta del producto, que explique de forma clara su elaboración y procedencia, es clave a la hora de facilitar la decisión de los encuestados.

La carne cultivada parte de un modelo tecnológico basado en la construcción natural de tejidos a partir de células animales, desarrollando para ello entornos biológicos controlados pero sin modificación genética. Este proceso tiene como resultado la obtención de una carne animal que respeta el bienestar de los animales ya que evita su sacrificio (la muestra celular se obtiene de una simple biopsia). El propósito es ofrecer al consumidor un producto de alto contenido proteínico, completamente natural, nutritivo y sostenible con el medio ambiente, con importantes ahorros en recursos de tierra y agua y reducción de las emisiones contaminantes que genera la ganadería intensiva.

Más exigentes y concienciados con el bienestar animal

La principal conclusión es que el 41% de los compradores españoles señala que, con seguridad o probabilidad, probarán la carne cultivada cuando llegue al mercado. De ellos, un 21,7% afirma que “con toda seguridad” estaría dispuesto a probar estos productos. Los hombres (24,1%) son algo más proclives a la prueba “con toda seguridad” que las mujeres (19,3%). Además, para un 19% adicional sería “probable” hacerlo. De otro lado, un 22% se muestra aún reacio a probar carne producida por medios no tradicionales.

La edad también importa. Un 24% de los encuestados de entre 20 y 40 años probaría la carne cultivada, mientras que en edades comprendidas entre los 41 y 55 años la cifra desciende ligeramente hasta un 19%.

Si bien el 85% de los encuestados se define como consumidor de cualquier tipo de carne, un 35% afirma haber oído, leído o visto noticias y reportajes sobre la transmisión de enfermedades de animales a los humanos por los alimentos. La preocupación por estas enfermedades es una variable muy a tener en cuenta en los hábitos de compra.

¡Que lo tuyo es mirar siempre lo que pone en las etiquetas! Lógico. De hecho, los valores nutricionales resultan ser otro de los aspectos decisorios a la hora de valorar un producto alimentario. A este respecto, el 35% de los encuestados considera que la composición de un alimento es clave para introducirlo en la cesta de la compra.

Uno de cada 3 ciudadanos considera la carne cultivada más saludable

¿Y cuál es la evaluación global que realizan los consumidores? Pues el 33,5% de los encuestados percibe como más saludables estos futuros productos cárnicos producidos por medios no tradicionales, en comparación con la ganadería industrial tradicional. Además, este tipo de productos, entre los que se encuentra la ´carne cultivada´, tienden a proyectar valores muy apreciados en nuestra sociedad actual como son: un mayor bienestar animal (53%), mayor seguridad alimentaria (40%), respeto por el medio ambiente (42%) o beneficios para personas con problemas de obesidad y colesterol (38%).

Los encuestados dispuestos a probar la carne cultivada admiten que los aspectos que les resultan más convincentes son la composición del producto (35%), su compromiso con el bienestar animal (34%) y sus valores nutricionales (24%).

Ahora bien, el nivel de importancia que le otorgan a cada cualidad de la carne cultivada varía en función de la edad. Así, para aquellos que tienen entre 20 y 40 años lo más destacable del producto es su compromiso con el bienestar animal (71%) y la ausencia de grasa de su composición (70%). Cuando hablamos de consumidores entre 41 y 55 años, lo más valorado es el valor nutricional (70%) y el efecto saludable en las personas (60%). 

En general, la reducción del impacto ambiental, la eliminación de la necesidad de criar animales y la disminución de los riesgos para la salud pública son los posibles beneficios de la carne cultivada que más atraen tanto en nuestra sociedad, como en otros países.

El precio supone otro aspecto importante a tener en cuenta a la hora de comercializar un nuevo producto. El 31% de los encuestados cree que los productos elaborados con carne cultivada tendrán precios similares a los productos cárnicos tradicionales. Por el contrario, el 29% piensa que los productos de carne cultivada tendrán precios más elevados.

Y tú, ¿estarías dispuest@ a probar la carne cultivada?

[La encuesta se ha realizado mediante 1.000 entrevistas online (margen de error estadístico de ± 3,2%) de entre 20 y 55 años residentes en cinco grandes ciudades españolas, con un criterio de ponderación sobre sus poblaciones: Barcelona, Bilbao, Madrid, Sevilla y Valencia. La media de edad de los encuestados ha sido de 39,7 años. El 85% de los consultados declara comer regularmente cualquier tipo de carne. El 90% trabaja y tiene una formación mayoritariamente de estudios superiores (70%)]

Nobel a la alimentación mundial

El hambre y la desnutrición siguen siendo uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos como sociedad. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU acaba de recibir el Premio Nobel de la Paz 2020 por ser la organización humanitaria más grande del mundo y promover, entre otras cosas, la seguridad alimentaria. Contribuir desde la innovación foodtech a la mejora de la alimentación mundial es también nuestro compromiso en Ethicameat.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) se concentra en la ayuda de emergencia, en la reconstrucción y en la ayuda al desarrollo. Dos tercios de su trabajo se efectúa en las zonas de conflicto y trabaja estrechamente con otras dos agencias de la ONU que tienen sede en Roma: la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) y el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA).

El reconocimiento que el Comité del Nobel noruego ha hecho a su labor, con la concesión del prestigioso Premio Nobel de la Paz, cobra este 2020 más importancia, si cabe. Desde el PMA aseguran que los choques climáticos, las presiones económicas y el impacto de la pandemia global están agravando aún más los números del hambre y la desnutrición.

2.000 millones de personas, sin acceso a comida nutritiva

El hambre y la malnutrición son el principal riesgo de salud a nivel mundial. Nada más y nada menos que 2.000 millones de personas no tienen acceso regular a suficiente comida nutritiva y uno de cada 10 seres humanos sufre malnutrición. Es la suma de aquellas personas afectadas por niveles moderados de inseguridad alimentaria y las que padecen hambre. Un fenómeno que no solo tiene lugar en países en vías de desarrollo, ya que afecta también a cerca del 8% de la población de Norteamérica y Europa.

Reto Hambre Cero

Desde el Programa Mundial de Alimentos se impulsó en 2012 el Reto del Hambre Cero, con el objetivo de inspirar un movimiento global que lograra un mundo sin hambre en una generación. La iniciativa busca: poner fin al retraso en el crecimiento en niños y niñas menores de dos años; lograr que el 100% de las personas tenga acceso a una alimentación adecuada, durante todo el año; conseguir que todos los sistemas alimentarios sean sostenibles; aumentar un 100% la productividad y el ingreso de los pequeños agricultores y acabar con el despilfarro de alimentos, principalmente.

La última edición del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo, de julio de 2020, advierte sin embargo que “el mundo no está en vías de acabar con el hambre para 2030” y, pese a que se han realizado ciertos progresos, tampoco lleva camino de lograr las metas mundiales sobre nutrición, de acuerdo con la mayoría de los indicadores. Además, recuerda que es probable que la seguridad alimentaria y el estado nutricional de los grupos de población más vulnerables se deterioren aún más debido a las repercusiones socioeconómicas y sanitarias de la pandemia de la enfermedad por coronavirus (COVID-19).

Desde Naciones Unidas subrayan que el hambre y la desnutrición cuestan a nuestra economía 3,5 billones cada año, sin embargo, el coste de crear sistemas para erradicarlos es menos de una décima parte: 270.000 millones de dólares cada año.

Proteínas alternativas frente a la desnutrición

Ante este escenario, la obtención de proteínas bajo técnicas alternativas a las que conocemos es un asunto de interés global, ya que de ello depende el poder garantizar la alimentación mundial de las próximas décadas bajo criterios de sostenibilidad y protección del medio ambiente. El ecosistema de proyectos innovadores en todo el mundo es cada vez mayor: desde productos vegetales hasta carne cultivada de origen animal sin sacrificio y aporte proteico saludable, como la que desarrollamos en Ethicameat. El futuro pasa por la reconversión hacia un sistema de abastecimiento alimentario más eficiente y que, por supuesto, permita garantizar la nutrición de más personas. El desarrollo de estos nuevos alimentos es importante y propuestas como la carne cultivada son una opción de futuro ante la emergencia alimentaria. La apuesta firme por la innovación y la inversión en investigación es una vez más decisiva, también para contribuir a erradicar el hambre y la desnutrición mundiales.

‘Lunes sin carne’, mucho más que una dieta saludable

Impulsado por el ilustre músico británico Paul McCartney y sus hijas, Mary y Stella, el movimiento ‘Meat Free Monday’ o ‘Lunes sin carne’  sigue más activo que nunca una década después de sus inicios. Se trata de una acción global que, buscando la implicación de los consumidores de todos los rincones del mundo, pretende contribuir a frenar el impacto medioambiental generado por nuestros hábitos alimentarios.

Aunque en un primer momento la combinación de palabras ‘Meat Free Monday’ o lunes sin carne pueda parecer una recomendación más a modo de dieta saludable que todos deberíamos considerar,  la iniciativa de los McCartney es una campaña sin ánimo de lucro que pretende concienciar sobre el impacto medioambiental de la ganadería y la pesca industrial. La campaña anima a las personas a ayudar a frenar el cambio climático, a conservar los recursos naturales y, por supuesto, también a mejorar su salud evitando el consumo de productos de origen animal al menos un día a la semana.

La idea de prescindir de la carne los lunes que se trata de ‘viralizar’ desde el movimiento ‘Meat Free Monday’ tiene algunos precedentes. Uno de ellos es el ‘Meatless Monday’ surgido en 2003 en una escuela de salud pública de Estados Unidos, donde todos los lunes ofrecían en la cafetería menús libres de productos animales como una manera de impulsar los beneficios de comer frutas y verduras. La localidad belga de Gante se unió a dicho movimiento en 2009, convirtiéndose en la primera ciudad fuera de Estados Unidos en hacerlo. Fue ese mismo año cuando Paul McCartney comenzó a involucrarse y poner en marcha varias acciones alineadas con esta idea, como el corto documental One Day a Week, que explica los beneficios de evitar los alimentos provenientes de los animales un día a la semana y cuyo estreno, en noviembre de 2017, coincidió con la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania. Y posteriormente, la canción que invita a “pensar cómo será el mundo en un futuro”, con la que el ex-Beatle puso banda sonora a su ‘Meat Free Monday’.

Los principales pilares sobre los que se asienta este multitudinario movimiento social respaldado por otras celebrities como la actriz Emma Stone y el actor Woody Harrelson, son los siguientes:

Reducir las emisiones de la ganadería: El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas coincide en que es necesario reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un 80% para 2050 a fin de evitar un cambio climático catastrófico. A este respecto, el movimiento ‘Meat Free Monday’ pretende reducir el impacto de uno de los agentes que más contribuye a estos GEI: la ganadería industrial.

Salud: Desde ‘Meat Free Monday’ recuerdan que las principales organizaciones sanitarias del mundo recomiendan reducir el consumo de carne. Un estudio de la Universidad de Oxford señalaba en 2010 que el consumo de carne no más de tres veces a la semana podría evitar 31.000 muertes por enfermedades cardíacas, 9.000 muertes por cáncer y 5.000 muertes por apoplejía solo en Reino Unido, así como ahorrar al Servicio Nacional de Salud 1.200 millones de libras cada año.

Bienestar animal: Miles de millones de animales son criados y sacrificados para obtener carne cada año. La mayoría de ellos son criados en granjas industriales intensivas y superpobladas. Los animales criados de forma intensiva a menudo se enferman, se lesionan y mueren debido a las condiciones antinaturales en las que se les mantiene. Los animales de granja son sometidos a mutilaciones como el recorte de sus picos, la extracción de sus dientes y el corte de sus colas para evitar que se picoteen y se hieran unos a otros. Es prioritario ayudar a prevenir la crueldad y el sufrimiento animal.

Aliviar el hambre en el mundo: Se pueden necesitar hasta 12 kilogramos de grano para producir tan solo un kilo de carne de vacuno. Esto significa que cualquiera que consuma grandes cantidades de carne puede estar consumiendo una cantidad desproporcionada de los nutrientes disponibles en el mundo. Desde Meat Free Monday recuerdan que, en la actualidad, unos 800 millones de personas en el planeta sufren de hambre o malnutrición, pero una cantidad de cereales que podría alimentar al triple de este número de personas se destina a la alimentación de ganado, cerdos y pollos.

Frenar la extinción de las especies: La intensificación y expansión de la agricultura y la sobre-explotación pesquera son factores importantes en la pérdida de especies y de biodiversidad. Si las tendencias actuales continúan, en los próximos 100 años aproximadamente se producirá una extinción masiva de especies a nivel mundial, advierten.

Alimentación equilibrada y sostenible

Buscar el equilibrio entre los sistemas actuales de producción de alimentos y las proteínas alternativas como la carne cultivada es una de las máximas de trabajo en Ethicameat. Por eso consideramos que nuestro ‘Meat for all’ no dista demasiado de iniciativas como la de la familia McCartney, ya que los retos son los mismos: bienestar animal, reducción del impacto ambiental, mejor aprovechamiento de los recursos naturales para combatir los problemas de nutrición mundiales y mejora de la seguridad alimentaria.

¿Cuál es la huella de consumo de suelo de lo que comemos?

¿Sabías que producir un kilo de carne de cordero consume 30 veces más territorio que uno de ave? La conciencia ecológica le gana terreno a las corrientes negacionistas del cambio climático y nos genera cada vez más preguntas de este tipo. A medida que avanza el milenio somos más conscientes del impacto medioambiental provocado por nuestra alimentación. Al menos es una de las creencias que ‘cultivamos’ en Ethicameat.

La producción de alimentos es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Pero, ¿es posible calcular la huella terrestre de los diferentes productos alimenticios? Y ¿qué alimentos utilizan más y menos tierra en su producción? A estas y otras preguntas responde el estudio ‘Impactos ambientales de la producción de alimentos’de Hannah Ritchie y Max Roser.

El completo documento de estos dos investigadores británicos propone varias vías para conocer el impacto ecológico de lo que comemos. Por un lado realiza una comparación basada en la masa: la tierra utilizada para producir un kilogramo de cada producto alimenticio. Y, por otro, pone el foco en sus características nutricionales, es decir, cuantifica el impacto de los distintos alimentos según las proteínas o energía/calorías que nos aportan.

Así, los metros cuadrados de tierra que supone la producción de un kilogramo de carne de cordero (370 m2) difiere considerablemente de la tierra utilizada para producir un kilo de carne de ave (12,2 m2). Y más allá de los productos cárnicos, la superficie de suelo utilizada en la producción de un kilo de queso (88 m2) contrasta con la necesaria para obtener un kilogramo de tomates (0,8 m2). 

La mitad de la tierra habitable del mundo se usa para la agricultura

La expansión de la agricultura ha supuesto uno de los mayores impactos de la humanidad sobre el medio ambiente. Los cultivos han transformados los hábitats y son una de las mayores presiones para la biodiversidad. Así, de las 28.000 especies amenazadas de extinción que figuran en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), la agricultura figura como una amenaza para nada más y nada menos que 24.000 de ellas. Actualmente, la mitad de toda la tierra habitable se utiliza para la agricultura.

Un  dato positivo es que el rendimiento de los cultivos ha aumentado significativamente en las últimas décadas, lo que significa que hemos ahorrado mucha tierra para la producción agrícola. A nivel mundial, para producir la misma cantidad de cultivos que en 1961, sólo necesitamos el 30% de las tierras de cultivo que entonces. Y en este punto es preciso mencionar que nuevas técnicas ya aplicadas y en desarrollo como el vertical farming ayudan a mejorar aún más estos porcentajes. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones.

El ganado ocupa el 77% del territorio agrícola mundial

Por otro lado, cabe destacar que hay una distribución muy desigual del uso de la tierra entre el ganado y los cultivos para consumo humano. Si sumamos los pastos utilizados para el pastoreo con la tierra utilizada para cultivos destinados a la alimentación animal, el ganado representa el 77% de las tierras agrícolas mundiales. Sin embargo, a pesar de que el ganado ocupa la mayor parte de las tierras agrícolas del mundo, sólo produce el 18% de las calorías mundiales y el 37% de las proteínas totales.

Los investigadores concluyen que devolver parte de estas tierras de cultivo a los bosques y a los hábitats naturales es una responsabilidad conjunta que está en manos tanto de los productores como de los consumidores y en Ethicameat estamos totalmente de acuerdo con ello. El objetivo de la carne cultivada en la que trabajamos es precisamente poner a disposición del consumidor productos que sean una verdadera alternativa sostenible: con un 99% menos de consumo de tierra, un 75% menos agua y una reducción de emisiones del 90% respecto a productos cárnicos similares. El gran reto pasa por abastecer la creciente demanda mundial de proteína animal, al tiempo que abordar los principales inconvenientes de la industria de la ganadería industrial: seguridad alimentaria, sostenibilidad ambiental y bienestar animal. Por tanto, ofrecer un modelo alternativo que permita reducir la dependencia mundial de la industria de la cría de animales es clave también en términos ecológicos, ya que a su vez contribuirá a la reducción drástica de los recursos naturales utilizados para su cría y, en consecuencia, a la lucha contra el cambio climático.