Libros para alimentar nuestra responsabilidad ecológica

Aunque en BioTech Foods creemos que los libros son para el verano, para el invierno… y para cualquier día de nuestras vidas, parece que bajo el ‘efecto vacaciones’ nos dejamos llevar (más de lo habitual) por placeres como la lectura. Por ello, e inspirados en los idílicos momentos estivales de disfrute personal, nos atrevemos a recomendarte algunos títulos para alimentar esa responsabilidad ecológica que tanto necesitamos.

Como a la hora de elegir series o películas, la oferta es amplia y la literatura nos brinda un sinfín de posibilidades ante el que a veces no sabemos por qué decantarnos. Como sabemos que dar con el género y el título que encaje con nuestro apetito librero del momento no es tarea fácil, ¡vamos a darte algunas pistas! Si estás en busca de un cambio de rumbo hacia una mayor sensibilidad medioambiental y, en definitiva, algunas ideas inspiradoras en clave sostenible, toma nota.

Hemos tratado de componer una breve pero variada book-list, en la que se alternan sugerencias ligeras con otras más contundentes porque, al igual que en cuestiones de alimentación, el secreto está en una dieta equilibrada en la que no falten las proteínas ni las alternativas.

¿Te has preguntado alguna vez cómo pasar a la acción e implicarte de una vez en la sostenibilidad del planeta? El ambientólogo y doctor en Biodiversidad Andreu Escrivà (Valencia, 1983) sí que lo ha hecho y, con la intención de servir de manual para todos aquellos que alguna vez hemos pasado por lo mismo, ha plasmado sus reflexiones en ‘Y ahora yo qué hago. Cómo evitar la culpa climática y pasar a la acción’.

Tal como relata su sinopsis: El cambio climático es el mayor reto al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Lo hemos oído mil veces, pero ¿qué quiere decir eso? ¿Cómo tengo que actuar en medio de mensajes apocalípticos y culpabilizadores? ¿Sirve de algo que yo cambie si no cambia el sistema económico? ¿Qué tiene que ver una semana laboral de cuatro días con una cebolla envuelta en plástico? Ante la avalancha de información nos sentimos impotentes, avasallados. Y a la vez, necesitamos hacer algo, porque esto nos importa. En estas páginas puedes hallar herramientas para activarte a ti mismo e impulsar el cambio en los demás.

En la línea de esas pequeñas cosas que podemos hacer frente al consumo irresponsable y poniendo el foco en nuestra propia despensa, se nos ha ocurrido un clásico que bien merece un hueco en cualquier biblioteca doméstica. ‘Abre la nevera y cocina con lo que encuentres’, de Xabier Gutiérrez, director del laboratorio creativo de Arzak, es un libro divertido, práctico y con unas maravillosas fotografías de alimentos firmadas por Mikel Alonso que en más de una página te dejarán con la boca abierta. Un auténtico aliado en nuestros fogones por dos motivos: nos ayudará a aprender a aprovechar todo lo que tenemos en el frigo y no dar nada por perdido, y además nos animará a “dejarnos llevar” por la creatividad en la cocina sin limitarnos a las típicas proporciones exactas de recetarios. Su prólogo de ‘Instrucciones de obligada lectura’ no tiene desperdicio.

Para los que quieran algo más intenso, Aitor Sánchez es uno de los nutricionistas y divulgadores científicos más conocidos de nuestro país. En ‘Tu dieta puede salvar el planeta’ realiza un alegato a favor de una alimentación sana y compatible con un consumo responsable. El autor nos invita a examinar qué cambios podemos hacer en los alimentos que consumimos en nuestro día a día para tratar de frenar lo máximo posible la crisis climática. A modo de ejemplo menciona lo siguiente: “Solo reduciendo nuestro consumo de carne medio podríamos llegar a disminuir hasta una tonelada de CO2 por persona y año. En el caso de que lo hicieran, por ejemplo, todas las personas del Reino Unido, eso significaría alcanzar unas emisiones similares a las de 1847”.

A la hora de elegir historias inspiradoras vamos a pecar de imparcialidad. Sí, os vamos a recomendar la saga de publicaciones ‘Innovadoras TIC: mujeres referentes del Siglo XXI’ porque en el volumen de 2020 dedican un capítulo a nuestra cofundadora y CTO Mercedes Vila. Tanto el volumen del año pasado como el de 2021 se pueden descargar en formato pdf en la web de Innovadoras TIC, programa de la Fundación Cibervoluntarios cuyo objetivo es promover y visibilizar la capacidad de emprendimiento e innovación de la mujer en el ecosistema de las nuevas tecnologías. Un hecho compartido por las mujeres que protagonizan ambas publicaciones es que todas tienen en su idea de emprendimiento un interés común por transformar el mundo en un lugar mejor.

Nos disponemos a cerrar el círculo con un título que propone una importante ‘misión’ a los más pequeños de la casa:  ‘Tú puedes salvar el mundo’. Se trata de una amena guía de divulgación ilustrada que invita a los niños a conocer la historia de 38 personajes de referencia en la sostenibilidad medioambiental y a su vez pasar a la acción a través de 12 retos contra el cambio climático. Su autora se oculta bajo el pseudónimo Angela Green porque, tal como asegura: “Todos llevamos un ángel en nuestro interior y tenemos un corazoncito verde que sueña con una Tierra más sana y hermosa”.

Ojalá tengas oportunidad de disfrutar alguno de estos libros que ponen en valor la ecología y la conciencia ambiental y, de alguna manera, tratan de recordarnos que no hay un planeta B. ¡Feliz lectura!

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

‘Lunes sin carne’, mucho más que una dieta saludable

Impulsado por el ilustre músico británico Paul McCartney y sus hijas, Mary y Stella, el movimiento ‘Meat Free Monday’ o ‘Lunes sin carne’  sigue más activo que nunca una década después de sus inicios. Se trata de una acción global que, buscando la implicación de los consumidores de todos los rincones del mundo, pretende contribuir a frenar el impacto medioambiental generado por nuestros hábitos alimentarios.

Aunque en un primer momento la combinación de palabras ‘Meat Free Monday’ o lunes sin carne pueda parecer una recomendación más a modo de dieta saludable que todos deberíamos considerar,  la iniciativa de los McCartney es una campaña sin ánimo de lucro que pretende concienciar sobre el impacto medioambiental de la ganadería y la pesca industrial. La campaña anima a las personas a ayudar a frenar el cambio climático, a conservar los recursos naturales y, por supuesto, también a mejorar su salud evitando el consumo de productos de origen animal al menos un día a la semana.

La idea de prescindir de la carne los lunes que se trata de ‘viralizar’ desde el movimiento ‘Meat Free Monday’ tiene algunos precedentes. Uno de ellos es el ‘Meatless Monday’ surgido en 2003 en una escuela de salud pública de Estados Unidos, donde todos los lunes ofrecían en la cafetería menús libres de productos animales como una manera de impulsar los beneficios de comer frutas y verduras. La localidad belga de Gante se unió a dicho movimiento en 2009, convirtiéndose en la primera ciudad fuera de Estados Unidos en hacerlo. Fue ese mismo año cuando Paul McCartney comenzó a involucrarse y poner en marcha varias acciones alineadas con esta idea, como el corto documental One Day a Week, que explica los beneficios de evitar los alimentos provenientes de los animales un día a la semana y cuyo estreno, en noviembre de 2017, coincidió con la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania. Y posteriormente, la canción que invita a “pensar cómo será el mundo en un futuro”, con la que el ex-Beatle puso banda sonora a su ‘Meat Free Monday’.

Los principales pilares sobre los que se asienta este multitudinario movimiento social respaldado por otras celebrities como la actriz Emma Stone y el actor Woody Harrelson, son los siguientes:

Reducir las emisiones de la ganadería: El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas coincide en que es necesario reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un 80% para 2050 a fin de evitar un cambio climático catastrófico. A este respecto, el movimiento ‘Meat Free Monday’ pretende reducir el impacto de uno de los agentes que más contribuye a estos GEI: la ganadería industrial.

Salud: Desde ‘Meat Free Monday’ recuerdan que las principales organizaciones sanitarias del mundo recomiendan reducir el consumo de carne. Un estudio de la Universidad de Oxford señalaba en 2010 que el consumo de carne no más de tres veces a la semana podría evitar 31.000 muertes por enfermedades cardíacas, 9.000 muertes por cáncer y 5.000 muertes por apoplejía solo en Reino Unido, así como ahorrar al Servicio Nacional de Salud 1.200 millones de libras cada año.

Bienestar animal: Miles de millones de animales son criados y sacrificados para obtener carne cada año. La mayoría de ellos son criados en granjas industriales intensivas y superpobladas. Los animales criados de forma intensiva a menudo se enferman, se lesionan y mueren debido a las condiciones antinaturales en las que se les mantiene. Los animales de granja son sometidos a mutilaciones como el recorte de sus picos, la extracción de sus dientes y el corte de sus colas para evitar que se picoteen y se hieran unos a otros. Es prioritario ayudar a prevenir la crueldad y el sufrimiento animal.

Aliviar el hambre en el mundo: Se pueden necesitar hasta 12 kilogramos de grano para producir tan solo un kilo de carne de vacuno. Esto significa que cualquiera que consuma grandes cantidades de carne puede estar consumiendo una cantidad desproporcionada de los nutrientes disponibles en el mundo. Desde Meat Free Monday recuerdan que, en la actualidad, unos 800 millones de personas en el planeta sufren de hambre o malnutrición, pero una cantidad de cereales que podría alimentar al triple de este número de personas se destina a la alimentación de ganado, cerdos y pollos.

Frenar la extinción de las especies: La intensificación y expansión de la agricultura y la sobre-explotación pesquera son factores importantes en la pérdida de especies y de biodiversidad. Si las tendencias actuales continúan, en los próximos 100 años aproximadamente se producirá una extinción masiva de especies a nivel mundial, advierten.

Alimentación equilibrada y sostenible

Buscar el equilibrio entre los sistemas actuales de producción de alimentos y las proteínas alternativas como la carne cultivada es una de las máximas de trabajo en Ethicameat. Por eso consideramos que nuestro ‘Meat for all’ no dista demasiado de iniciativas como la de la familia McCartney, ya que los retos son los mismos: bienestar animal, reducción del impacto ambiental, mejor aprovechamiento de los recursos naturales para combatir los problemas de nutrición mundiales y mejora de la seguridad alimentaria.

Pacto Verde Europeo, clave para la innovación y la economía

La situación de emergencia climática declarada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2019 supuso el punto de partida institucional en la toma de decisiones frente al cambio climático. El Pacto Verde Europeo o ‘Green Deal’ adquiere aún más importancia en el camino hacia la recuperación económica, una vez remita la crisis sanitaria del coronavirus.  

El cambio de mentalidad en la ciudadanía fruto de la adversa situación ecológica que vivimos es una realidad. Las altas tasas de contaminación, la escandalosa cifra de residuos generados y los resultados de años de acciones imprudentes han configurado un panorama desolador a nivel ecológico. Pero las cosas están cambiando, la concienciación social es cada vez mayor y con ella la demanda un un nuevo modelo productivo en el que la lucha contra el cambio climático ocupe un espacio preferente.

Según los datos que maneja la UE, el cambio climático supone un problema serio para el 93% de los europeos. Además, el 79% de los ciudadanos de la UE considera que actuar contra el cambio climático será clave para mejorar en innovación. Con este punto de partida, la Comisión Europea ha elaborado un plan de acción con cincuenta acciones concretas para combatir el cambio climático que pretende convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro en el año 2050.

En este sentido, el objetivo de este  ‘EU Green Deal’, como ya se le denomina a este ambicioso plan, es conseguir que Europa tenga una economía limpia, con cero emisiones para dentro de tres décadas, una fecha controvertida a raíz de los últimos informes sobre sostenibilidad, que establecen que limitar el calentamiento global a 1,5°C requiere cambios rápidos y de gran alcance.

Este ‘gran pacto verde’ quiere cambiar el modelo social y económico de la Unión Europea mediante una transición ideada para que las regiones más dependientes de los combustibles fósiles no se queden atrás. Por ello, establece una serie de acciones para impulsar el uso eficiente de los recursos que abarcan a todos los sectores de la economía, haciendo especial hincapié en aquellos que producen más emisiones, como el transporte, la energía o las industrias. A este respecto, la Comisión Europea ha previsto un fondo de 100.000 millones de euros con el que contribuir a que los cambios demandados se realicen sin dejar a ningún país atrás, porque en esta transición verde vamos todos de la mano.

La pandemia del coronavirus ha supuesto un antes y un después a nivel global, pero uno de los mensajes más repetidos desde distintos ámbitos es la importancia del Pacto Verde Europeo en este contexto. Intensificar la lucha contra el cambio climático será fundamental para afrontar la reconstrucción de las economías europeas.

Y es que el Pacto Verde Europeo no sólo se centra en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, sino que también cuenta con medidas destinadas a que se produzca ese cambio en la ciudadanía, apostando por energías limpias y renovables, la industria y la movilidad sostenibles, la construcción eficiente o la protección de la biodiversidad y los ecosistemas; todo ello enfocado a mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad. El compromiso individual como ciudadanos de la UE es esencial para que este ambicioso plan tenga éxito, ya que nuestras acciones de hoy marcarán el destino de las generaciones futuras. Y en este compromiso por el cambio hacia un modelo productivo que conjugue lo mejor de la innovación tecnológica con el respeto y cuidado de la naturaleza y los seres vivos estamos precisamente involucrados desde Ethicameat. La producción de una carne cultivada de origen 100% animal, pero libre de sacrificio, que consuma nada más y nada menos que un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduzca un 90% las emisiones es solo el comienzo. Un reto a corto plazo que seguro irá de la mano del compromiso de todos aquellos consumidores decididos a apostar por una Europa Verde.

¿Existen semejanzas entre las nuevas formas de producción de carne y de cultivos agrícolas?

La respuesta, sin duda, es afirmativa. Ambas tienen como objetivo plantear rutinas más sostenibles. En el blog de Ethicameat analizamos un fenómeno que, al igual que la carne cultivada, está llamado a protagonizar el futuro de la alimentación: la agricultura vertical o ‘vertical farming’. Una forma innovadora de ahorrar agua y suelo.

La agricultura vertical es una técnica innovadora de cultivo que consiste en producir alimentos en superficies inclinadas verticalmente. A diferencia de la agricultura tradicional, en lugar de cultivar verduras y otros alimentos a un solo nivel en el suelo, en un campo o invernadero, bajo este método se producen en capas dispuestas en altura, apiladas unas encima de otras. Lo habitual es que se desarrolle en estructuras de grandes dimensiones como naves, almacenes o contenedores industriales.

Pero, ¿este nuevo modo de cultivo tiene alguna ventaja en términos de ahorro de recursos? La respuesta en sí. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones. Y es que según estimaciones de la ONU, la población mundial llegará a 9.700 millones de personas en el año 2050 por lo que se deberá intensificar un 70% la producción actual de alimentos para cubrir las necesidades alimentarias globales. Todo ello supondrá un reto cada vez mayor en el marco de emergencia climática y nivel de deforestación en el que nos encontramos.

El huerto urbano a gran escala

Si primero fueron los huertos urbanos, cada vez más habituales en viviendas y espacios comunes de las grandes ciudades, el vertical farming va un paso más allá: el cultivo a escala industrial de alimentos locales, sin pesticidas y cuya producción no genera emisiones. Además, desde el punto de vista del consumidor, la compra de frutas y verduras cultivadas en proximidad gracias a nuevas técnicas como la agricultura vertical puede reducir considerablemente las emisiones generadas también por el transporte y la cadena de suministro. La agricultura vertical es una de las líneas de investigación del grupo ‘Hortofloricultura Mediterránea’ de la Universidad Politécnica de Cartagena, que liderado por el catedrático Juan Fernández trata de analizar la tecnología que implica esta técnica de cultivo y también sus retos para alcanzar la rentabilidad.

El ‘abc’ del cultivo vertical

Parecen de ciencia-ficción pero es real. Los cultivos verticales se apoyan en tres sistemas clave: la hidroponía, la aeroponía y, a veces, la acuaponía. Mediante la hidroponía, las plantas consumen nutrientes a través del agua que se distribuye en sus raíces. De este modo, las plantas reciben una combinación de sales minerales diluidas en agua potable para su desarrollo sin la necesidad de tierra.

A través de la aeroponía se pulverizan –de forma mecanizada- con un líquido nutritivo los tallos y las raíces de las plantas, suspendidas en el aire. Esta técnica es ideal para cultivos de hoja como el cilantro, la rúcula, la lechuga o el berro.

Por último, una opción que a veces se aplica en el vertical farming es la acuaponía, que introduce animales acuáticos como peces, caracoles o cangrejos en agua para que sus secreciones sirvan de nutrientes para las plantas.

Junto a las ventajas mencionadas cabe destacar que el desarrollo de las plantas es más rápido, ya que se acorta el periodo de cultivo y se puede producir cosechas durante todo el año y en cualquier lugar sin depender de las condiciones climáticas. Además, se facilita el control de plagas en los cultivos y no es necesario el uso de fertilizantes. Por el momento el gran reto es avanzar en la generación sostenible de energía eléctrica a través de iluminacion LED que precisa la agricultura vertical.

Alimentos más sostenibles, seguros y de calidad

Al igual que todos los que en muchos países del mundo ya apuestan por la agricultura vertical, Ethicameat trabaja en el desarrollo de la carne cultivada con el objetivo de alcanzar una alternativa complementaria a la ganadería tradicional que contribuya a reducir el impacto medioambiental. Apoyarnos en la innovación y la tecnología para poner al servicio de la industria alimentaria productos más sostenibles, seguros y de calidad para el consumidor es el objetivo tanto de la agricultura vertical como de la carne cultivada. El consumidor tendrá pronto a su alcance una alternativa cárnica de procedencia animal, saludable y sostenible. La cría de ganado consume el 25% de agua dulce y de territorio del planeta y representa el 15% de los gases de efecto invernadero. Nuestra forma de producción consume un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduce un 90% las emisiones respecto a un producto cárnico similar actual. El futuro de la alimentación sostenible está ¡cada vez más cerca!