La gran despensa del Foodtech ‘made in Spain’

Impulsar un sistema alimentario más sostenible y eficiente. Esta es la gran meta de la comunidad emprendedora que crece a pasos agigantados en torno al Foodtech. En España es uno de los sectores innovadores con más potencial ¿Quieres saber las claves?

El informe del ICEX ‘Foodtech in Spain: Fuelling a More Sustainable and Efficient Food System’ sobre el ecosistema emprendedor agroalimentario español posiciona a nuestro país como #foodtechnation. Ya existen más de 400 startups en el ecosistema Foodtech español que trabajan por un futuro alimentario sostenible en el que converjan cultura culinaria, tradición, tecnología e innovación.

Startups, universidades, centros de investigación, incubadoras, aceleradoras, hubs, corporaciones e inversores componen el amplio reparto de actores que, vinculados a la industria alimentaria y gastronómica española, buscan alternativas innovadoras para responder a uno de los grandes retos globales: dar de comer a millones de bocas de un modo saludable y minimizando el impacto ambiental.

Dentro de ese amplio universo Foodtech ‘made in Spain’ encontramos soluciones de todo tipo: desde aquellas enfocadas a la eficiencia operativa e industrial hasta las centradas en la tan necesaria sostenibilidad del sistema a todos los niveles.

En nuestro caso, BioTech Foods, primera empresa española que trabaja en el desarrollo de carne cultivada para cubrir la demanda de proteínas sin sacrificio animal y menor impacto medioambiental, ha obtenido recientemente un paso decisivo: el respaldo público de España y Europa. A través de su programa Horizon 2020, la Unión Europea adjudicó la primera inversión pública en carne cultivada (más de 2,7 millones de euros) al proyecto ‘Meat4All’, un consorcio internacional liderado por BioTech Foods. De otro lado, el proyecto CULTUREDMEAT ha recibido la valoración más alta en la última convocatoria ‘Misiones’ del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI), el programa destinado a apoyar iniciativas estratégicas sectoriales de innovación empresarial.  

Y en este exigente camino de la innovación alimentaria dentro de nuestras fronteras tenemos la suerte de convivir con otras grandes iniciativas. Una de ellas es Ekonoke, centrada en “la agricultura vertical que utiliza un 90% menos de agua y cero pesticidas”. O BRobot5, que fabrica “robots capaces de trabajar mano a mano con personaspara reducir, entre otras cosas, el desperdicio de la materia prima.

En el marco de la crisis del coronavirus, desde Cheerfy proponen “una plataforma de software dirigida al sector food service para responder a la nueva situación. Uno de sus objetivos es permitir a los restaurantes controlar directamente su canal de pedidos online para ahorrar en comisiones de terceros.  

Por su parte, Oscillum es una empresa biotecnológica que desarrolla sensores para la industria agroalimentaria. Su gran apuesta: una etiqueta inteligente que se coloca en contacto con los alimentos y es capaz alertar sobre el estado de descomposición o frescura del producto mediante un simple cambio de color. El objetivo: reducir el desperdicio de alimentos, las emisiones de CO2 y las pérdidas de recursos materiales y económicos.

Volviendo a la inteligencia artificial, Proppos tiene un “software para un sistema de autopago que permite reconocer los productos sin necesidad de escanearlos, multiplicando por 10 la rapidez de los pagos en establecimientos, lo que permite optimizar producciones y reducir gastos operativos.

La «plataforma de trazabilidad end-to-end« de Trazable ayuda a las empresas de la industria alimentaria a tener “un mayor control de su cadena de suministro: del campo hasta el consumidor final”. Su sistema genera transparencia, se optimizan los procesos y aumenta la confianza del cliente final. Además, se reducen los riesgos asociados a retiradas de alimentos y se ahorra en costes.

Estos son solo algunos ejemplos de lo que se cuece en la despensa del Foodtech español, de la que estamos muy satisfechos de formar parte y aprender cada día.

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

¿Qué podemos hacer para ‘prevenir antes de curar’ pandemias?

Nada más y nada menos que “unos 850.000 virus desconocidos podrían causar pandemias si no dejamos de explotar la naturaleza”. Así de rotundas son las conclusiones de un estudio elaborado por 22 destacados científicos internacionales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Una interesante guía sobre cómo ‘prevenir antes que curar’ este tipo de enfermedades. 

La voz de alarma que lanzan estos expertos va más allá, al advertirnos que: “Las pandemias futuras se propagarán con mayor rapidez, harán más daño a la economía mundial y serán más letales que la COVID-19 a menos que se produzca un cambio transformador en el modo en el que nos vinculamos con la naturaleza”.

La buena noticia es que el citado informe sobre la biodiversidad y las pandemias también propone soluciones. Frente al intento de contener y controlar las enfermedades después de que surgen, con el diseño y la rápida distribución de nuevas vacunas, por ejemplo, los científicos instan, entre otras cosas, a promover cambios para reducir los tipos de consumo, la expansión agrícola globalizada y el comercio que han dado lugar a pandemias. Esto podría incluir, dicen, impuestos o gravámenes sobre el consumo de carne, la producción ganadera y otras formas de actividades de alto riesgo pandémico.

Y es que a pesar de que el debate público en torno a la pandemia de la COVID-19 está muy centrado en las medidas individuales que debemos tomar para prevenir la enfermedad (mascarillas, distancia de seguridad, higiene, rastreadores…) hay un factor estructural que está en un segundo plano y del que apenas se habla. El modo en que producimos y consumimos carne, a un ritmo globalizado cada vez más exigente, en granjas enormes donde los animales viven hacinados, ha aumentado en el último siglo la frecuencia de nuevas gripes peligrosas y lo seguirá haciendo. El maltrato animal, su impacto medioambiental y climático y sus riesgos para la salud pública son lastres que arrastra la ganadería industrial tal como la conocemos hoy día.

No debemos olvidar que la COVID-19 es la sexta pandemia global desde la gripe de 1918, y aunque tiene su origen en microbios transportados por animales, como todas las pandemias, su aparición se debe por completo a actividades humanas. Casi todas las pandemias conocidas son zoonóticas, es decir, son causadas por microbios de origen animal que se propagan por el contacto entre la vida silvestre, el ganado y las personas. El hacinamiento de cientos de animales de la misma especie en espacios cerrados es el escenario idóneo para que un virus salte de un ser vivo a otro y se produzca una mutación fatal.

Proteínas alternativas para reducir enfermedades animales

Reducir la dependencia mundial de la industria de la cría de animales es prioritario. Las alternativas proteínicas saludables que no obliguen a depender únicamente de la ganadería intensiva son necesarias por varios motivos. Uno de ellos es que la introducción en el mercado de productos como la carne cultivada de Ethicameat, en los próximos años, puede reducir la incidencia de enfermedades animales aún sin cura, como la PPA.

La carne cultivada se posiciona como uno de los grandes avances con los que hacer frente a esta clase de epidemias de origen animal. Debido a su proceso de elaboración, la carne cultivada se desarrolla en un entorno biológico 100% seguro. Se trata de una carne exenta de riesgo alimentario, ya que se realiza una cuidada selección de las células extraídas del animal y su desarrollo se produce en un entorno biológico libre de virus. Con este avance biotecnológico, los riesgos de contaminación por enfermedades zoonóticas se reducen exponencialmente, convirtiéndose en una alternativa segura a la ganadería tradicional.

Tal como señala el grupo de expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, está también en nuestras manos el impulsar ese cambio para reducir el riesgo de futuras pandemias.

La cesta de la compra vegana: un mundo más ‘eco’

Buena parte del consumo de los españoles se ha visto influenciado por el surgimiento de una nueva ética global que antepone el bienestar de los animales y de la naturaleza por encima del precio o las tendencias. En este sentido, se ha producido un auténtico boom de lo natural, lo ecológico y lo vegano. Desde pasta de dientes, hasta carne sin sacrificio animal: el futuro de la cesta de la compra es ‘eco’.

Las nuevas demandas de los consumidores en materia de sostenibilidad medioambiental han originado un cambio de paradigma en la producción de bienes y servicios. La tendencia hacia los productos veganos es una realidad que, poco a poco, se va afianzando en España. En nuestro país, el 7,8% de la población se declara “veggie”, casi cuatro millones de personas. En este amplio término convergen veganos (personas que no consumen ningún producto de origen animal), vegetarianos (personas que consumen mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel) y flexitarianos (personas que en su dieta dan preferencia a los productos de origen vegetal consumiendo ocasionalmente carne, marisco o pescado).

Analizamos a continuación algunas de las razones por las que se estima que este mercado alcanzará en 2020 más de 4.400 millones de euros, con el fin de abastecer a los casi 500 millones de ‘veggies’ que hay en el mundo, aproximadamente el 6,6% de la población mundial.

Tendencia veggie, más allá de una moda

Según datos de The Green Revolution, un informe elaborado por la consultora Lantern en 2019, los motivos por los que los denominados “veggies” apuestan por este tipo de productos se basan en tres razones muy definidas: por sensibilidad ética y animalista, por la sostenibilidad del planeta y por salud. Su peso es tal que en conjunto han motivado un notable incremento de este tipo de productos en los últimos años, convirtiendo el mercado “veggie” en una novedad al alza para empresas no solo alimentarias, sino también textiles, de cosmética y de todo tipo de sectores.

El perfil de este tipo de consumidor supone una pista de donde se focaliza esta demanda creciente de bienes y servicios, ya que el 51,2% de los consumidores vegetarianos y veganos vive en grandes urbes. Además, tienden a ser en su mayoría mujeres, más del 65%, de una nueva generación cuyo compromiso con el bienestar animal les empuja a escoger productos de origen vegetal en su vida cotidiana y, en muchas ocasiones, a adoptar el veganismo como filosofía de vida.

Con esta tendencia creciente hacia productos más comprometidos con el bienestar animal encontramos una cuota de mercado con un poder de atracción que empieza a llamar la atención de empresas de todo el mundo, desde grandes multinacionales hasta pequeñas empresas que han visto en este cambio de prioridades en el consumo de bienes y servicios la puerta hacia un nuevo modelo productivo basado en la sostenibilidad medioambiental. Son muchos los productos que buscan satisfacer estas nuevas exigencias del mercado, desde pasta de dientes vegana pasando por juguetes de madera producidos sin químicos. Existe un amplio espectro de necesidades que cubrir desde el flanco “veggie”, pero ¿cómo se reconoce a un producto que cumple con el compromiso vegano?

Sellos veganos, la autenticidad frente a las modas

Las certificaciones de productos veganos están de plena actualidad debido al boom por la sostenibilidad y su impacto en el mundo del marketing. Numerosas empresas se han apuntado a esta moda sostenible, pero ¿cómo diferenciar entre “greenwashing” y un producto vegano de verdad?  

Aunque a día de hoy en la UE no existe una homologación oficial en cuanto al uso del término ‘vegano’ o ‘vegetariano’ en el etiquetado de los productos que así se comercializan, el consumidor encuentra una herramienta útil en una serie de sellos o certificados de calidad. Estos distintivos están avalados por expertos que certifican si un producto realmente es vegano o responde solo a una estrategia de marketing para atraer al consumidor. Por lo general, esta información está incluida en los envases o etiquetas del producto, por lo que a simple vista resulta muy sencillo identificarla.

El más conocido en el seno de la UE es la V-LABEL, con más de 10.000 productos y servicios testeados y presencia en 27 países, pero existen otros alrededor del mundo como el sello Vegan en Reino Unido, el Sello Vegano en Latinoamerica o el Certified Vegan (Vegan.org), de Estados Unidos.

El compromiso de Ethicameat

La concienciación sobre el bienestar animal es cada vez mayor en nuestra sociedad. Y este es precisamente uno de los compromisos que mueve el proyecto innovador de Ethicameat: la producción de una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos. Creemos que la opción de consumir carne debe suponer también hoy el respeto a la vida de los animales y el cuidado del medio ambiente.

Y es que ya sea desde el veganismo, el vegetarianismo, el flexitarianismo o la carne cultivada, el objetivo coincide: todos queremos un mundo más ‘eco’ y menos contaminante, y la primera herramienta que tenemos para conseguirlo es nuestra cesta de la compra.

Progreso tecnológico comprometido con el medio ambiente

Las novedades en materia de ciencia y tecnología que están llegando al mercado en la actualidad comparten un componente ético muy importante: la toma de conciencia sobre sostenibilidad ambiental por parte de sus creadores como base para la innovación. Se trata de un cambio imprescindible en nuestra manera de encarar el progreso tecnológico, dada la emergencia climática que vivimos.

Las nuevas generaciones de líderes que están llevando a cabo este cambio ya no se conforman con triunfar tanto profesional como personalmente, sino que persiguen la mejora de las condiciones actuales de vida del conjunto de la sociedad. En ese sentido y desde muy diversos ámbitos, estos innovadores han abrazado con su compromiso una nueva filosofía para las generaciones futuras que de algún modo pone en el centro la sostenibilidad. Gracias a esta tendencia que combina tecnología y compromiso ecológico el futuro deja de parecernos tan gris. Repasemos algunas de estas ‘revoluciones tecnológicas’ de la era actual:

Mundo ‘techie’ y conexión en red, la clave del éxito

Mark Zuckerberg soñaba con la idea de una ‘aldea global’ donde las fronteras no fueran una barrera a la comunicación. Desde pequeño le interesaron las ciencias y los estudios clásicos, pero no fue hasta su llegada a la Universidad de Harvard donde comenzó a desarrollar programas informáticos relacionados con la interacción social como “CourseMatch” o “Facemash”, con el objetivo de crear un directorio virtual de los estudiantes del campus universitario, la base sobre la que se asienta Facebook, un invento que cambiaría la manera de entender las relaciones interpersonales. En 2004 se produjo el lanzamiento de la red social, cuyo enorme éxito alentó a Zuckerberg a cogerse un año sabático en sus estudios para dedicarlo por entero a la red, que por aquel entonces ya contaba con un millón de usuarios. A día de hoy Facebook cuenta con más de 2.400 millones de usuarios en todo el mundo, convirtiéndose en la red social con mayor número de seguidores, y a su creador, Zuckerberg, en el CEO más joven del mundo en incorporarse en 2013 a la exclusiva lista Fortune 500. A su éxito como empresario habría que añadirle su carácter filantrópico, y es que desde 2010, Zuckerberg ha colaborado con diversas causas humanitarias como la educación, la lucha contra el ébola o múltiples iniciativas medioambientales.

Drew Houston era en 2006 un recién graduado en ciencias informáticas por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) que tuvo la mala suerte de dejarse su memoria USB con todos sus archivos en casa y con ella, la posibilidad de poder avanzar en su trabajo en un largo viaje en bus. De este inconveniente surgió una idea innovadora que ha supuesto la revolución del mundo digital en nuestra era: Dropbox, uno de los mayores servicios de alojamiento de archivos multiplataforma en la nube. Junto a su socio Arash Ferdowsi, un estudiante de ingeniería informática del MIT que abandonó las clases para construir con él el proyecto, Houston lanzó Dropbox en 2008. La plataforma cuenta hoy con 500 millones de usuarios registrados y supone la eliminación de las barreras físicas de acceso a la información, contribuyendo así al descenso de la contaminación originada por los desplazamientos a los lugares de trabajo.

Tecnología para limpiar océanos y atmósfera

Cada año se vierten al océano más de 13 millones de residuos plásticos en el mundo. Para contrarrestar esta contaminación silenciosa surgió la iniciativa The Ocean Cleanup, una fundación liderada por Boyan Slat que desarrolla tecnología para extraer residuos plásticos y evitar que sigan hundiéndose en las aguas de los océanos. Mediante un sistema flotante estabilizado se atrapan y recogen los residuos sólidos del mar para su posterior reciclado. Gracias a esta iniciativa que puso en marcha con tan sólo 18 años, Slat ha obtenido numerosos reconocimientos, entre ellos el mayor galardón ambiental de la ONU o el Premio al Joven Empresario de la Industria Marítima recibido de manos del Rey Harald de Noruega.

Para el profesor de Físicas Aplicadas David Keith, experto en ciencia climática, energía solar y políticas públicas, el cambio climático le llevó a involucrarse en la búsqueda de soluciones a la polución ambiental. Gracias al lanzamiento de su compañía Carbon Engineering, cuya tecnología es capaz de capturar el dióxido de carbono directamente de la atmósfera, fue reconocido por la revista Time como uno de los Héroes del Medioambiente en 2009.

La tecnología alimentaria de la ‘cultured meat’

Y por supuesto, junto a estas iniciativas ya consolidadas no podemos olvidarnos de Ethicameat y el avance medioambiental que supondrá la llegada de la carne cultivada al mercado alimentario. Mercedes Vila y su sueño de crear una carne sostenible obtenida sin sacrificio animal nos permitirán próximamente combatir el cambio climático desde nuestra cesta de la compra, con un producto que consume muchos menos recursos que la ganadería tradicional. Una vez desarrollada la tecnología y en fase ya de escalado, las inversiones para la producción de carne cultivada en el laboratorio se han duplicado cada año desde 2017, por lo que la revolución de la ‘cultured meat’ será una realidad antes de lo esperado.Una vez más, el progreso tecnológico comprometido con la sostenibilidad se abre paso.

Pacto Verde Europeo, clave para la innovación y la economía

La situación de emergencia climática declarada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2019 supuso el punto de partida institucional en la toma de decisiones frente al cambio climático. El Pacto Verde Europeo o ‘Green Deal’ adquiere aún más importancia en el camino hacia la recuperación económica, una vez remita la crisis sanitaria del coronavirus.  

El cambio de mentalidad en la ciudadanía fruto de la adversa situación ecológica que vivimos es una realidad. Las altas tasas de contaminación, la escandalosa cifra de residuos generados y los resultados de años de acciones imprudentes han configurado un panorama desolador a nivel ecológico. Pero las cosas están cambiando, la concienciación social es cada vez mayor y con ella la demanda un un nuevo modelo productivo en el que la lucha contra el cambio climático ocupe un espacio preferente.

Según los datos que maneja la UE, el cambio climático supone un problema serio para el 93% de los europeos. Además, el 79% de los ciudadanos de la UE considera que actuar contra el cambio climático será clave para mejorar en innovación. Con este punto de partida, la Comisión Europea ha elaborado un plan de acción con cincuenta acciones concretas para combatir el cambio climático que pretende convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro en el año 2050.

En este sentido, el objetivo de este  ‘EU Green Deal’, como ya se le denomina a este ambicioso plan, es conseguir que Europa tenga una economía limpia, con cero emisiones para dentro de tres décadas, una fecha controvertida a raíz de los últimos informes sobre sostenibilidad, que establecen que limitar el calentamiento global a 1,5°C requiere cambios rápidos y de gran alcance.

Este ‘gran pacto verde’ quiere cambiar el modelo social y económico de la Unión Europea mediante una transición ideada para que las regiones más dependientes de los combustibles fósiles no se queden atrás. Por ello, establece una serie de acciones para impulsar el uso eficiente de los recursos que abarcan a todos los sectores de la economía, haciendo especial hincapié en aquellos que producen más emisiones, como el transporte, la energía o las industrias. A este respecto, la Comisión Europea ha previsto un fondo de 100.000 millones de euros con el que contribuir a que los cambios demandados se realicen sin dejar a ningún país atrás, porque en esta transición verde vamos todos de la mano.

La pandemia del coronavirus ha supuesto un antes y un después a nivel global, pero uno de los mensajes más repetidos desde distintos ámbitos es la importancia del Pacto Verde Europeo en este contexto. Intensificar la lucha contra el cambio climático será fundamental para afrontar la reconstrucción de las economías europeas.

Y es que el Pacto Verde Europeo no sólo se centra en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, sino que también cuenta con medidas destinadas a que se produzca ese cambio en la ciudadanía, apostando por energías limpias y renovables, la industria y la movilidad sostenibles, la construcción eficiente o la protección de la biodiversidad y los ecosistemas; todo ello enfocado a mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad. El compromiso individual como ciudadanos de la UE es esencial para que este ambicioso plan tenga éxito, ya que nuestras acciones de hoy marcarán el destino de las generaciones futuras. Y en este compromiso por el cambio hacia un modelo productivo que conjugue lo mejor de la innovación tecnológica con el respeto y cuidado de la naturaleza y los seres vivos estamos precisamente involucrados desde Ethicameat. La producción de una carne cultivada de origen 100% animal, pero libre de sacrificio, que consuma nada más y nada menos que un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduzca un 90% las emisiones es solo el comienzo. Un reto a corto plazo que seguro irá de la mano del compromiso de todos aquellos consumidores decididos a apostar por una Europa Verde.