‘Veganuary’ o cómo aceptar el desafío de no comer carne animal durante un mes

El efecto que la alimentación tradicional tiene en nuestro entorno y la búsqueda de alternativas nos preocupa, ¡y mucho! El movimiento internacional ‘Veganuary’ lleva desde 2014 invitando a personas de todo el mundo a probar la dieta vegana y asumir un desafío: al menos durante el mes de enero (o cualquier otro del calendario) no consumir carne ni ningún otro producto de origen animal. Más de medio millón de personas han aceptado el reto este 2021.

Por tu salud, por el medio ambiente, por los animales… desde la asociación sin ánimo de lucro británica Veganuary nos dicen que “cualquier motivo es bueno” para unirte a su reto. El movimiento no se limita a impulsar la presencia de más alimentos veganos en el mercado, mediante el trabajo conjunto con grandes distribuidores, sino que trata de que personas de cualquier opción alimentaria ‘prueben’ la experiencia de prescindir durante cuatro semanas de productos de origen animal. 

En la línea de otras iniciativas como el ‘Meat Free Monday’ promovido por la familia McCartney o el Meatless Monday, Veganuary (combinación de las palabras ‘vegan’ y ‘January’, que significa enero en inglés) ha llegado ya a 192 países, con más de 1.000.000 participantes desde su creación hace seis años y con un récord absoluto en esta última convocatoria en la que más de 500.000 personas han respaldado la iniciativa a través de su web. En enero de 2021 se ha duplicado el número de personas que se comprometieron a ser veganos en enero de 2019.

A pesar de que cada cual tiene sus motivaciones particulares para probar los beneficios de un cambio de hábitos alimentarios y evitar temporalmente el consumo de productos de origen animal, desde Veganuary destacan que los 3 motivos de peso más comunes son los siguientes:

Medio ambiente: el vínculo entre lo que comemos y el daño que le hace al planeta está científicamente demostrado. La ganadería nos proporciona el 18% de nuestras calorías y es responsable del 60% de la emisión de gas invernadero en la agricultura. La agricultura animal contribuye a la desforestación, debido al espacio requerido para pastos o cultivo de alimento de los animales. La ganadería es también responsable de gran parte de la contaminación del aire, tierra y agua, incluyendo el aumento de zonas muertas en los océanos.

Salud: Muchas personas prueban el veganismo por un mes porque quieren ver si mejora su salud. El testimonio de muchos de los que se han unido a Veganuary así lo demuestra, ya que han reportado significativas mejoras en su salud durante los primeros 31 días, desde dormir mejor hasta mejorar su digestión o tener la piel más clara. El 98% de las personas que han respondido a las encuestas de Veganuary aseguran que recomendarían la experiencia.

Bienestar animal: probar el veganismo es para muchos hacer algo eficaz frente al sufrimiento animal. La vida para muchos animales (aves, cerdos, vacas, ovejas…) en una granja industrial es un entorno de hacinamiento en el que no llegan a sentir el sol, el aire o la tierra.

El gran desafío de la carne cultivada

Al igual que este tipo de movimientos sociales que promueven cambios hacia la sostenibilidad de nuestra alimentación, la carne cultivada es uno de los grandes desafíos alimentarios de nuestra era por los múltiples beneficios que puede aportar a todos los niveles. La carne cultivada integra seguridad alimentaria, bienestar animal y sostenibilidad en un producto único dirigido a todo tipo de consumidores. A través del cultivo de células musculares animales obtenidas mediante biopsia, se logra evitar el sufrimiento y sacrificio animal y reducir enormemente el consumo de recursos naturales.

En Ethicameat trabajamos desde 2017 en base a estos mismos pilares: reducción del impacto ambiental de la ganadería industrial a través del mejor aprovechamiento de los recursos naturales; mejora de la seguridad alimentaria para proteger nuestra salud y respeto a los derechos de los animales. Por ello estamos convencidos de que la llegada al mercado de la carne cultivada marcará un antes y un después en nuestro modo de alimentarnos. El universo #culturedmeat dará respuesta a esa preocupación creciente que tenemos por el impacto que genera lo que comemos en el planeta.

Dieta saludable y… ¿sostenible?

La pregunta recae en cada uno de nosotros. Es evidente que la sociedad se preocupa por una alimentación saludable. Pero, ¿lo saludable es también sostenible? Esta cuestión pone el foco en la importancia de la alimentación como argumento también en la lucha contra el cambio climático.

Los cambios producidos en la alimentación del consumidor medio a lo largo de las últimas décadas nos ofrecen una radiografía de los avances en el seno de nuestra sociedad. Hasta hoy, una forma muy nítida de comprobar el nivel de vida de una población radicaba en la calidad de su alimentación. Los estudios demuestran que una dieta saludable proporciona un envejecimiento mejor, como lo afirma el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE). Digamos que la dieta saludable es la dieta de la longevidad.

La duda llega cuando nos preguntamos si la dieta saludable es también sostenible. La población mundial consume 76 gramos de proteína diaria por persona, 202 millones de toneladas al año. Y la tendencia es creciente y en todas partes del mundo.

Hoy en día existe una preocupación latente sobre las consecuencias que el consumo de determinados alimentos puede tener para el medio ambiente, poniendo el foco en los procesos productivos necesarios para la obtención de esos productos, y cómo estos contribuyen de forma indirecta al cambio climático que según los expertos de la ONU tendrá consecuencias irreversible hacia 2030.

Alimentos poco sostenibles

Uno de los productos más conflictivos en este ámbito de análisis es el aguacate. El producto millennial por excelencia, muy valorado por su aporte de numerosos beneficios para la salud, es tachado de enemigo número uno del medio ambiente debido a su alta demanda, que ha contribuido a la puesta en marcha de prácticas insostenibles desde el punto de vista ecológico, como la deforestación de grandes zonas de bosque para dedicarlas a su cultivo. Según datos del gubernamental Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México, cada año se pierden entre 600 y 1.000 hectáreas de bosque por este motivo; lo que unido a la alta huella de carbono del aguacate por ser un producto de importación, lo convierte en uno de los productos menos sostenibles del mercado.

Otros productos poco sostenibles son los productos de origen animal como la carne o la mantequilla. La explicación se debe a dos factores principales; por un lado, la necesidad de dedicar extensas hectáreas de terreno a la alimentación de los animales; y por otro lado, toda la producción de carne implica grandes emisiones de gases efecto invernadero, por lo que a mayor demanda de productos cárnicos, mayor será el porcentaje de gases expulsados a la atmósfera. En este caso se calcula que el sector ganadero produce un 15% del total de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero.

Una dieta sostenible y el cambio climático

Una dieta variada, recomendada por médicos y especialistas como la OMS, aconseja consumir 0,8 gramos de proteína por kilogramo al día, así una persona que pese 76 kilos debería consumir como cantidad recomendada 56 gramos. Como hemos comentado, la media mundial es mayor y en determinados países occidentales estas cifras llegan a triplicarse, aumentando los riesgos de enfermedades cardiovasculares y de obesidad entre la población.

El consumo de carne ha ido en aumento en las últimas décadas, producto del aumento de la población y de los cambios en el estilo de vida. Según las últimas cifras estadísticas al respecto, hoy consumimos cinco veces más carne que hace cincuenta años, lo que en cifras se traduce en haber pasado de 70 millones de toneladas de carne consumidas en 1960 a 330 millones en 2017. Una situación que de continuar por esta senda, nos aboca a un sistema insostenible de producción.

Nuestras elecciones como consumidores sostenibles

Numerosas organizaciones y ONG´S abogan por una campaña de reducción del consumo de alimentos de origen animal, para reducir las escalofriantes cifras de contaminación ecológica que esta actividad genera. Iniciativas como los lunes sin carne y el veganuary (mantener una dieta vegana durante todo el mes de enero) han contribuido a la concienciación de una sociedad que busca generar el menor impacto ecológico posible, también con su alimentación. La apuesta por otros tipos de carne carentes de los inconvenientes de la producción tradicional como es la carne vegetal o la carne cultivada hacen más fácil para los consumidores la conciliación de nuestros valores eco con la inmediatez de nuestra vida privada.

Con pequeñas medidas como éstas, podemos conseguir mucho a nivel ecológico. Alternando en un 50% el consumo de carne y lácteos por derivados como la carne cultivada, se podrían reducir las emisiones agrícolas a 4 Gt CO2eq al año según los últimos datos estadísticos de Greenpeace. Una disminución del consumo que, de hacerse semanalmente, no supone un gran cambio en nuestro estilo de vida. Como consumidores sostenibles que somos, en nuestras manos se halla dar una solución al problema medioambiental.