El fenómeno global de las proteínas alternativas

Las soluciones alimentarias sostenibles son uno de los temas más discutidos en la industria alimentaria mundial contemporánea, con un fuerte enfoque en las nuevas fuentes de proteínas. La tecnología disruptiva de las proteínas y el mercado de soluciones alimentarias sostenibles están creciendo a un ritmo vertiginoso.

“Ser parte de la solución de la alimentación del mañana”, ese es el objetivo del foro internacional New Food Conference Berlin que se celebra los próximos 28 y 29 de abril y en el que participa Iñigo Charola, CEO de nuestra empresa matriz BioTech Foods. La New Food Conference es un evento orientado a la industria que pretende acelerar y potenciar estas tecnologías alimentarias innovadoras reuniendo a los principales agentes del sector.

La cita, en formato virtual, está organizada por ProVeg, una organización internacional dedicada a la concienciación alimentaria y con sede en cuatro continentes y actividad en más de 20 países. ProVeg trabaja con empresas, gobiernos, instituciones públicas, profesionales del ámbito científico y el público en general para promover la transición a una sociedad y una economía sin agricultura animal, que sea sostenible para los seres humanos, los animales y el planeta. Entre sus retos: Reducir el consumo mundial de animales en un 50% para el año 2040.

Considerada la mayor conferencia de Europa sobre soluciones de nuevas proteínas, New Food Conference Berlin se presenta como una gran oportunidad para establecer sinergias con los principales actores de la industria alimentaria. Se trata de una conferencia pionera en Europa en la que participan líderes destacados del ámbito de las proteínas de origen vegetal y celular, lo que la convierte en la plataforma perfecta para dar a conocer los proyectos volcados en aportar soluciones alimentarias innovadoras, como la carne cultivada en la que desde 2017 trabaja Ethicameat.

Tal como recuerdan desde ProVeg, la New Food Conference fue, en su edición de 2019, la primera cita internacional en Europa que reunió a innovadores líderes en los campos de los productos vegetales y también de los productos animales cultivados. Una plataforma de intercambio de conocimiento en la que, una vez más en esta ocasión se abordarán una amplia variedad de temas (consulta el programa completo aquí). Desde las prioridades y previsiones de la inversión en el futuro de la alimentación, hasta la mesa redonda: ‘Agricultura celular: ¿la comercialización está a la vuelta de la esquina?’, en la que interviene nuestro CEO, Iñigo Charola.

El foro impulsado por ProVeg es por tanto una oportunidad única no solo para acelerar las tecnologías alimentarias innovadoras, sino para discutir aspectos tan relevantes como: la aceptación del consumidor, la divulgación en los medios de comunicación y el conocimiento que tiene la población sobre las oportunidades que brindan las proteínas alternativas frente a problemas globales como el cambio climático o el abastecimiento alimentario mundial. Y es que la demanda y los gustos de los consumidores están cambiando más rápido que nunca a medida que crece la sensibilidad por la nutrición y los impactos ambientales.

¿Cuánto nos influye el nombre de un alimento para su consumo?

Imaginaos por un momento retroceder en el tiempo dos o tres generaciones e invitar a nuestros abuelos o tatarabuelos a comer una hamburguesa. ¿Cuál sería su reacción? Puede que ni siquiera supiesen el tipo de alimento del que estamos hablando y, en caso de saberlo, es probable que no se mostrasen muy receptivos ya que lo asociarían a comida rápida muy alejada de sus tradiciones. Quizás si sustituyéramos el término hamburguesa por filete ruso o de carne picada su reacción fuese muy diferente, ¿no creéis?

  

Es solo un ejemplo de hasta qué punto nos puede condicionar el nombre que le damos a los alimentos para decidirnos a consumirlos o no… En España la hamburguesa ha tenido un recorrido muy particular debido fundamentalmente a la cultura culinaria de nuestro país. De ser considerada al inicio un producto asociado solo a establecimientos de comida rápida, a colarse en las cartas de multitud de restaurantes dispuestos a competir por la mejor hamburguesa del lugar, elaborada con carne de muy alta calidad y convertida incluso en un plato de autor más en el que chefs de todos los estilos despliegan su creatividad.

Vamos a por otro caso diferente pero muy relacionado con la importancia de los nombres que se utilizan para introducir nuevos alimentos en nuestro menú. ¿Cuántas personas habrán probado por ‘equivocación’ un ‘steak tartar’ sin saber al 100% que se enfrentaban a una elaboración de carne o pescado crudo? ¿Lo hubieran hecho si el plato se les hubiera presentado únicamente como ‘bistec crudo’?  

Constantemente hacemos asociaciones lingüísticas por razones socioculturales que influyen en la percepción que tenemos de las cosas y, sobre todo, que nos crean determinados prejuicios ante productos desconocidos y novedosos que por el simple hecho de serlo consideramos nocivos para nuestra salud. Somos reacios a los cambios y esto supone en ocasiones una importante barrera tanto en el campo de la alimentación como en otros. Sin embargo, la sostenibilidad de nuestro sistema alimentario se enfrenta hoy día a grandes desafíos que exigen una serie de respuestas inmediatas.

La producción necesaria para alimentar a la creciente población mundial genera una sobreexplotación de recursos naturales que pasa una factura cada vez mayor a nuestro medio ambiente. Apoyarnos en los beneficios de la tecnología aplicada al sector alimentario es, por tanto, más necesario que nunca para responder a compromisos internacionales como el Green Deal o Pacto Verde Europeo. A medida que aumenta la demanda de proteínas, urge la necesidad de buscar nutrientes y alternativas que nos  permitan diversificar las opciones de alimentación para la población global. El cultivo de células de origen animal y la extracción de proteína vegetal para la producción de alimentos son unas de esas soluciones innovadoras que, gracias a la biotecnología, nos permiten tanto minimizar los riesgos ante enfermedades de origen animal como rebajar la contaminación que genera nuestro sistema alimentario actual. La carne cultivada en la que trabajamos en Ethicameat ofrece un sistema respetuoso con los animales y contribuye a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y el gasto de agua y suelo, todos ellos recursos esenciales para nuestra supervivencia. El objetivo de esta, y otras fuentes alternativas de proteína, es poner productos a disposición del consumidor que nos permitan tener un sistema de producción alimentaria más equilibrado, y consecuentemente más sostenible.

En EE.UU. se ha acordado llamar a la carne producida a partir de células de marisco ‘cell-cultured’ (cultivada con células). Así lo ha anunciado recientemente la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) tras un largo intercambio con los grandes actores del sector. Ya a finales de 2020, la FDA envió una solicitud a las empresas que producen carne o marisco de origen celular para que propusieran una posible designación. Un estudio determinó que tanto los términos «cultivado con células» como «basado en células» informarían convenientemente a los consumidores y no serían engañosos, además de presentar el producto de forma neutral.

El Parlamento Europeo rechazó en octubre del pasado año una enmienda que pedía limitar denominaciones como ‘hamburguesa’, ‘salchicha’, ‘filete’ y ‘escalope’ exclusivamente a los productos cárnicos tradicionales. La intención era prohibir su uso para referirnos, por ejemplo, a alimentos de base vegetal que responden a estas formas, como las hamburguesas veganas de sobra conocidas ya en el mercado. Que productos de origen vegetal lleguen al mercado en formatos populares e internacionalmente extendidos como el de las salchichas o las hamburguesas no tiene otra intención, a nuestro modo de ver, que aprovechar precisamente el conocimiento que como consumidores tenemos de ese tipo de alimentos. Ampliar la tipología de un formato de producto asentado en nuestras culturas, como puede ser la hamburguesa o la salchicha, no debería preocuparnos tanto como el impacto ambiental que genera su producción.

En definitiva, es necesario un sistema de reglamentación claro y de base científica que apoye las nuevas técnicas de producción de alimentos, permita una mayor elección al consumidor y mejore la seguridad alimentaria. La sostenibilidad alimentaria debe apoyarse en la innovación, por lo que conviene evitar cualquier veto injustificado o barrera lingüística a nuevos productos que miran a la sostenibilidad y al progreso de nuestra alimentación.

Dietas alimentarias ‘eco’ versus proteínas

A medida que aumenta nuestra conciencia ecológica crecen exponencialmente las tendencias alimentarias centradas en la sostenibilidad, que evitan el consumo de carne y el maltrato de los animales. Veganos, vegetarianos, crudiveganos, flexitarianos, pescetarianos, ovolactovegetarianos… Pero, ¿existe el equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’? ¡Sigue leyendo este post para dar con la respuesta!

Los estilos de vida que giran en torno a lo natural, lo ecológico y lo vegano cobran fuerza hoy día en nuestras sociedades debido sobre todo a la necesidad de un desarrollo más sostenible. La salud, la conciencia ecológica y la protección animal son los valores que mueven a las personas que apuestan por alguna de estas dietas que excluyen todos aquellos alimentos que no pasan su ‘examen’ ético.

La importancia de llevar una alimentación equilibrada está muy asentada en nuestra cultura. La dieta mediterránea es nada más y nada menos que Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO desde 2010, resultado de la candidatura conjunta presentada por España, Grecia, Italia y Marruecos. Sin embargo, las dietas ‘eco’ van más allá de los beneficios estrictamente saludables de la dieta mediterránea, ya que tratan de englobar e incluso dar prioridad a los beneficios para el planeta. Concienciar de que a través de lo que elegimos para alimentarnos podemos reducir el impacto medioambiental y como consecuencia, combatir el cambio climático, esa es una de sus principales metas.

En torno al movimiento veggie, tendencia en la que priman los vegetales, existen dietas cada vez más específicas. El abanico de opciones va desde aquellas que se limitan a los alimentos crudos, como el crudiveganismo, hasta otras más flexibles que admiten el consumo ocasional de carne, pescado o aves. Así, algunas de las más populares son las siguientes:

Vegana: ningún producto de origen animal.

Vegetariana: mayormente productos de origen vegetal y ocasionalmente algún producto de origen animal como huevos, leche o miel.

Flexitariana: preferencia a los productos de origen vegetal y ocasionalmente carne, marisco o pescado.

Crudivegana: alimentos crudos de origen vegetal en la que se excluye cualquier producto que proceda de animales o que hayan sido cocinados a más de 46 grados centígrados.

Pescetariana: verduras, frutas y legumbres y ocasionalmente pescado y marisco.

Ovolactovegetariana: verduras, frutas y legumbres, pero también algunos productos de origen animal como lácteos y huevos.

Detrás de estas dietas hay unas sólidas convicciones de preservar el bienestar animal y reducir el impacto que nuestra alimentación provoca en el medio ambiente. Y aunque la opinión generalizada de los expertos es que debemos caminar hacia un modelo donde predominen las proteínas de origen vegetal, los propios nutricionistas nos advierten que seguir alguna de estas dietas, sin cierto control por parte de un especialista, puede provocar un déficit de vitaminas y otros compuestos esenciales para el buen funcionamiento de nuestro organismo.

Proteínas de la carne cultivada

Precisamente para paliar ese déficit de proteínas, principal hándicap de estas tendencias alimentarias que en algunos casos puede derivar en anemias u otras patologías similares en función del metabolismo de cada persona, Ethicameat lleva desde 2017 trabajando en la carne cultivada. Un proyecto totalmente disruptivo e innovador que, por un lado pretende cubrir esa demanda de proteínas de alto valor biológico y aminoácidos que tenemos y, por otro, hacerlo sin la necesidad de sacrificar animales y reduciendo la contaminación y el gasto de recursos naturales (suelo y agua) asociado a la ganadería industrial.

Una carne cultivada sostenible, sin sacrificio animal, de alto contenido proteínico y sin antibióticos que además de responder a nuestras necesidades nutricionales se ajuste a las dietas que respetan nuestras preferencias éticas y ecológicas. Estamos ante un producto alimentario único que sin duda revolucionará nuestra manera de comer carne y la pirámide nutricional tradicional. El equilibrio perfecto entre proteínas y dietas con conciencia ‘eco’, ¡es posible! y la agricultura celular, apoyada en la biotecnología, tiene mucho que decir en la alimentación del futuro.

El futuro de la alimentación y las proteínas alternativas

La obtención de proteínas bajo técnicas alternativas a las que conocemos es un asunto de interés global, ya que de ello depende el poder garantizar la alimentación mundial de las próximas décadas bajo criterios de sostenibilidad y protección del medio ambiente. El ecosistema de proyectos innovadores en todo el mundo es cada vez mayor: desde productos vegetales o a base de algas marinas hasta carne cultivada de origen animal sin sacrificio, como la de Ethicameat.

La población mundial rozará los 10.000 millones de habitantes a mediados de este siglo y los sistemas de abastecimiento alimentario deberán alinearse al máximo con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Erradicar el hambre y la inseguridad alimentaria, así como lograr una gestión sostenible de la agricultura y de los recursos naturales, es un pilar central en la Agenda 2030 marcada por Naciones Unidas.

Ante este desafío es comprensible que el ecosistema de las empresas y proyectos innovadores relacionados con las proteínas alternativas en todo el mundo sea cada vez mayor. En The Protein Directory tienen localizadas cerca de 350 startups que ya trabajan en la llamada ‘alimentación del futuro’ y entre las que se encuentra BioTech Foods, la empresa matriz de Ethicameat. El objetivo de esta especie de directorio de la innovación alimentaria es crear una gran comunidad y conectar a todas las nuevas empresas y negocios de proteínas alternativas activos en cualquier lugar del mundo para favorecer el intercambio de conocimiento y las inversiones en este tipo de investigaciones.

Además de desempeñar un papel clave en el desarrollo de este ‘ecosistema de proteínas alternativas’, desde The Protein Directory se pretende evaluar el potencial de estas nuevas empresas y favorecer el establecimiento de acuerdos, inversiones y corporaciones que posibiliten la viabilidad de sus proyectos.

Y es que la industria agroalimentaria invierte cada vez más en el desarrollo de ese tipo de productos porque es consciente de que el futuro pasa por la reconversión hacia un sistema de abastecimiento alimentario más eficiente. Según el último informe de AgFunder Agri-FoodTech Investing Report 2019, las startups de foodtech o agrotech recaudaron el año pasado 19.800 millones de dólares, con la formalización de más de 1.800 acuerdos.

¿Y cuáles son las opciones de este ‘ecosistema emprendedor de las proteínas alternativas? Pues actualmente son varias y muy diversas:  Concentrado de proteínas de alta calidad a partir de algas marinas cultivadas en el océano; carne hecha con ingredientes 100% vegetales, como soja o guisante, proteína de insectos… o carne cultivada de origen 100% animal que no requiere sacrificio, son algunas de las principales opciones.

Y en España sí existen proyectos pioneros de este tipo. Ethicameat es uno de ellos, el primero que trabaja en el escalado de carne cultivada de porcino natural, de alto contenido proteínico, y sin antibióticos.

La ‘naturaleza’ de la carne cultivada

Como explica la CTO y cofundadora de Ethicameat, Mercedes Vila, a pesar de los nombres que se le puedan dar, como carne de laboratorio o carne sintética, el proceso de la carne cultivada es “igual de natural que el que se realiza con las bacterias para fabricar yogures o con las levaduras para crear las cervezas”.

La carne cultivada sí es carne real, ya que si miramos el producto a través de un microscopio, se observan las mismas células que en el animal del que se ha extraído el tejido original. Y ocurre lo mismo si nos fijamos en el ADN. Es por ello que los productos finales, por el momento preparados de carne tipo salchichas, hamburguesas o albóndigas, tendrán una textura y sabor iguales a los que conocemos actualmente.

El ‘ahorro’ medioambiental de los futuros productos

Por otro lado, los consumidores estamos cada vez más informados y preocupados por la salud, la sostenibilidad, la ecología y la proximidad de los alimentos que consumimos. Las proteínas alternativas tienen mucho que aportar también en este terreno, ya que a una carne sabrosa y con aporte proteico saludable, hay que añadir otra ventaja: el ahorro en agua, terreno y emisiones que supone frente a los métodos industriales tradicionales.

En el caso de Ethicameat: un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y un 90% menos de emisiones que otro producto cárnico similar actual. Nos encontramos ante una emergencia alimentaria y ambiental en la que nuevas propuestas como la carne cultivada son una opción de futuro.