Libros para alimentar nuestra responsabilidad ecológica

Aunque en BioTech Foods creemos que los libros son para el verano, para el invierno… y para cualquier día de nuestras vidas, parece que bajo el ‘efecto vacaciones’ nos dejamos llevar (más de lo habitual) por placeres como la lectura. Por ello, e inspirados en los idílicos momentos estivales de disfrute personal, nos atrevemos a recomendarte algunos títulos para alimentar esa responsabilidad ecológica que tanto necesitamos.

Como a la hora de elegir series o películas, la oferta es amplia y la literatura nos brinda un sinfín de posibilidades ante el que a veces no sabemos por qué decantarnos. Como sabemos que dar con el género y el título que encaje con nuestro apetito librero del momento no es tarea fácil, ¡vamos a darte algunas pistas! Si estás en busca de un cambio de rumbo hacia una mayor sensibilidad medioambiental y, en definitiva, algunas ideas inspiradoras en clave sostenible, toma nota.

Hemos tratado de componer una breve pero variada book-list, en la que se alternan sugerencias ligeras con otras más contundentes porque, al igual que en cuestiones de alimentación, el secreto está en una dieta equilibrada en la que no falten las proteínas ni las alternativas.

¿Te has preguntado alguna vez cómo pasar a la acción e implicarte de una vez en la sostenibilidad del planeta? El ambientólogo y doctor en Biodiversidad Andreu Escrivà (Valencia, 1983) sí que lo ha hecho y, con la intención de servir de manual para todos aquellos que alguna vez hemos pasado por lo mismo, ha plasmado sus reflexiones en ‘Y ahora yo qué hago. Cómo evitar la culpa climática y pasar a la acción’.

Tal como relata su sinopsis: El cambio climático es el mayor reto al que nos enfrentamos en el siglo XXI. Lo hemos oído mil veces, pero ¿qué quiere decir eso? ¿Cómo tengo que actuar en medio de mensajes apocalípticos y culpabilizadores? ¿Sirve de algo que yo cambie si no cambia el sistema económico? ¿Qué tiene que ver una semana laboral de cuatro días con una cebolla envuelta en plástico? Ante la avalancha de información nos sentimos impotentes, avasallados. Y a la vez, necesitamos hacer algo, porque esto nos importa. En estas páginas puedes hallar herramientas para activarte a ti mismo e impulsar el cambio en los demás.

En la línea de esas pequeñas cosas que podemos hacer frente al consumo irresponsable y poniendo el foco en nuestra propia despensa, se nos ha ocurrido un clásico que bien merece un hueco en cualquier biblioteca doméstica. ‘Abre la nevera y cocina con lo que encuentres’, de Xabier Gutiérrez, director del laboratorio creativo de Arzak, es un libro divertido, práctico y con unas maravillosas fotografías de alimentos firmadas por Mikel Alonso que en más de una página te dejarán con la boca abierta. Un auténtico aliado en nuestros fogones por dos motivos: nos ayudará a aprender a aprovechar todo lo que tenemos en el frigo y no dar nada por perdido, y además nos animará a “dejarnos llevar” por la creatividad en la cocina sin limitarnos a las típicas proporciones exactas de recetarios. Su prólogo de ‘Instrucciones de obligada lectura’ no tiene desperdicio.

Para los que quieran algo más intenso, Aitor Sánchez es uno de los nutricionistas y divulgadores científicos más conocidos de nuestro país. En ‘Tu dieta puede salvar el planeta’ realiza un alegato a favor de una alimentación sana y compatible con un consumo responsable. El autor nos invita a examinar qué cambios podemos hacer en los alimentos que consumimos en nuestro día a día para tratar de frenar lo máximo posible la crisis climática. A modo de ejemplo menciona lo siguiente: “Solo reduciendo nuestro consumo de carne medio podríamos llegar a disminuir hasta una tonelada de CO2 por persona y año. En el caso de que lo hicieran, por ejemplo, todas las personas del Reino Unido, eso significaría alcanzar unas emisiones similares a las de 1847”.

A la hora de elegir historias inspiradoras vamos a pecar de imparcialidad. Sí, os vamos a recomendar la saga de publicaciones ‘Innovadoras TIC: mujeres referentes del Siglo XXI’ porque en el volumen de 2020 dedican un capítulo a nuestra cofundadora y CTO Mercedes Vila. Tanto el volumen del año pasado como el de 2021 se pueden descargar en formato pdf en la web de Innovadoras TIC, programa de la Fundación Cibervoluntarios cuyo objetivo es promover y visibilizar la capacidad de emprendimiento e innovación de la mujer en el ecosistema de las nuevas tecnologías. Un hecho compartido por las mujeres que protagonizan ambas publicaciones es que todas tienen en su idea de emprendimiento un interés común por transformar el mundo en un lugar mejor.

Nos disponemos a cerrar el círculo con un título que propone una importante ‘misión’ a los más pequeños de la casa:  ‘Tú puedes salvar el mundo’. Se trata de una amena guía de divulgación ilustrada que invita a los niños a conocer la historia de 38 personajes de referencia en la sostenibilidad medioambiental y a su vez pasar a la acción a través de 12 retos contra el cambio climático. Su autora se oculta bajo el pseudónimo Angela Green porque, tal como asegura: “Todos llevamos un ángel en nuestro interior y tenemos un corazoncito verde que sueña con una Tierra más sana y hermosa”.

Ojalá tengas oportunidad de disfrutar alguno de estos libros que ponen en valor la ecología y la conciencia ambiental y, de alguna manera, tratan de recordarnos que no hay un planeta B. ¡Feliz lectura!

¿Quién le toma la temperatura al clima?

La temperatura de la tierra sube… Ahora, por exigencias de un guion llamado COVID todos nos medimos con frecuencia la temperatura, pero… ¿y la del planeta? ¿quién la mide? Movilizar y sensibilizar a la población mundial es el propósito del Día Internacional contra el Cambio Climático que cada 24 de octubre viene cargado de razones para tomarnos muy en serio aquello de no contribuir a elevar la fiebre global.

Contra todo pronóstico, y a pesar de la disminución de las emisiones por los confinamientos a los que ha obligado la pandemia del coronavirus, las concentraciones de dióxido de carbono alcanzaron un nivel nunca visto el pasado mes de mayo, que a su vez fue el más cálido de la historia. Desde la Organización de Naciones Unidas nos recuerdan que el coronavirus ha paralizado el mundo, pero no el cambio climático. Así, la propuesta pasa por una recuperación socioeconómica de la crisis de la pandemia “más verde” y que proteja la biodiversidad que nos queda y, en consecuencia, el futuro de la humanidad.

Entre las muchas acciones de sensibilización que se llevan a cabo en torno a la jornada contra el cambio climático y en todo el mundo, en Ethicameat nos ha llamado la atención la original iniciativa de una startup española. ¿Será que la innovación mueve montañas y su guiño a la alimentación nos ha tocado el corazón?

El hecho es que Onerz ha creado una app que ofrece alternativas de consumo para llevar una vida más sostenible. Durante el lanzamiento de la aplicación, por cada descarga realizada, la empresa se compromete a plantar un árbol para contribuir a frenar el cambio climático. La razón por la que esta aplicación nos ha conquistado es porque permite calcular nuestro impacto ambiental en base a diversos bloques: energía, agua, consumo, movilidad, residuos y….. alimentación. Hay que reconocer que en Ethicameat somos especialmente sensibles al lenguaje de la innovación y creemos firmemente que existen proyectos, a todos los niveles, que pueden contribuir a mejorar el mundo, como el de nuestra carne cultivada. Así es que cualquier herramienta como esta, que sirva para concienciar del impacto que nuestra alimentación tiene en el medio ambiente, nos va a parecer útil. Os animamos a probar la app de Onerz porque es realmente interesante.

ODS: Acción por el clima

Por otro lado, nuestra relación con el clima es tan vital que tiene protagonismo propio dentro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible que la propia ONU define como “plan maestro de los 17 desafíos globales e interrelacionados entre sí a los que nos enfrentamos día a día, como la pobreza, la desigualdad, el clima, la degradación ambiental, la prosperidad, la paz y la justicia”, y cuyo plazo de cumplimiento se sitúa en 2030. La acción por el clima ocupa el objetivo número 13 y pone el foco precisamente en “adoptar medidas urgentes para combatir el cambio climático y sus efectos”.  En el marco del mismo se advierte que los niveles de dióxido de carbono (CO2) y de otros gases de efecto invernadero en la atmósfera aumentaron hasta niveles récord en 2019. El cambio climático está afectando a todos los países de todos los continentes, alterando las economías nacionales. Los niveles del mar están subiendo y los fenómenos meteorológicos son cada vez más extremos.

Pese a que se estima que las emisiones de gases de efecto invernadero caerán alrededor de un 6 % en 2020 debido a las restricciones de movimiento y las recesiones económicas derivadas de la pandemia de la COVID-19, esta mejora es solo temporal. Como decíamos, el cambio climático no se va a detener. La ONU estima que una vez que la economía mundial comience a recuperarse de la pandemia, las emisiones vuelvan a niveles mayores.

Y de nuevo en este contexto de emergencia climática es preciso recordar que la producción de alimentos es responsable de una cuarta parte de las emisiones de gases de efecto invernadero del mundo. Los cultivos han transformados los hábitats y, junto a la ganadería industrial son una de las mayores presiones para la biodiversidad. Optar por unos alimentos u otros determina, sin duda, el impacto ambiental que provoca nuestra alimentación.

‘Lunes sin carne’, mucho más que una dieta saludable

Impulsado por el ilustre músico británico Paul McCartney y sus hijas, Mary y Stella, el movimiento ‘Meat Free Monday’ o ‘Lunes sin carne’  sigue más activo que nunca una década después de sus inicios. Se trata de una acción global que, buscando la implicación de los consumidores de todos los rincones del mundo, pretende contribuir a frenar el impacto medioambiental generado por nuestros hábitos alimentarios.

Aunque en un primer momento la combinación de palabras ‘Meat Free Monday’ o lunes sin carne pueda parecer una recomendación más a modo de dieta saludable que todos deberíamos considerar,  la iniciativa de los McCartney es una campaña sin ánimo de lucro que pretende concienciar sobre el impacto medioambiental de la ganadería y la pesca industrial. La campaña anima a las personas a ayudar a frenar el cambio climático, a conservar los recursos naturales y, por supuesto, también a mejorar su salud evitando el consumo de productos de origen animal al menos un día a la semana.

La idea de prescindir de la carne los lunes que se trata de ‘viralizar’ desde el movimiento ‘Meat Free Monday’ tiene algunos precedentes. Uno de ellos es el ‘Meatless Monday’ surgido en 2003 en una escuela de salud pública de Estados Unidos, donde todos los lunes ofrecían en la cafetería menús libres de productos animales como una manera de impulsar los beneficios de comer frutas y verduras. La localidad belga de Gante se unió a dicho movimiento en 2009, convirtiéndose en la primera ciudad fuera de Estados Unidos en hacerlo. Fue ese mismo año cuando Paul McCartney comenzó a involucrarse y poner en marcha varias acciones alineadas con esta idea, como el corto documental One Day a Week, que explica los beneficios de evitar los alimentos provenientes de los animales un día a la semana y cuyo estreno, en noviembre de 2017, coincidió con la celebración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático en Bonn, Alemania. Y posteriormente, la canción que invita a “pensar cómo será el mundo en un futuro”, con la que el ex-Beatle puso banda sonora a su ‘Meat Free Monday’.

Los principales pilares sobre los que se asienta este multitudinario movimiento social respaldado por otras celebrities como la actriz Emma Stone y el actor Woody Harrelson, son los siguientes:

Reducir las emisiones de la ganadería: El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas coincide en que es necesario reducir la cantidad de gases de efecto invernadero en la atmósfera en un 80% para 2050 a fin de evitar un cambio climático catastrófico. A este respecto, el movimiento ‘Meat Free Monday’ pretende reducir el impacto de uno de los agentes que más contribuye a estos GEI: la ganadería industrial.

Salud: Desde ‘Meat Free Monday’ recuerdan que las principales organizaciones sanitarias del mundo recomiendan reducir el consumo de carne. Un estudio de la Universidad de Oxford señalaba en 2010 que el consumo de carne no más de tres veces a la semana podría evitar 31.000 muertes por enfermedades cardíacas, 9.000 muertes por cáncer y 5.000 muertes por apoplejía solo en Reino Unido, así como ahorrar al Servicio Nacional de Salud 1.200 millones de libras cada año.

Bienestar animal: Miles de millones de animales son criados y sacrificados para obtener carne cada año. La mayoría de ellos son criados en granjas industriales intensivas y superpobladas. Los animales criados de forma intensiva a menudo se enferman, se lesionan y mueren debido a las condiciones antinaturales en las que se les mantiene. Los animales de granja son sometidos a mutilaciones como el recorte de sus picos, la extracción de sus dientes y el corte de sus colas para evitar que se picoteen y se hieran unos a otros. Es prioritario ayudar a prevenir la crueldad y el sufrimiento animal.

Aliviar el hambre en el mundo: Se pueden necesitar hasta 12 kilogramos de grano para producir tan solo un kilo de carne de vacuno. Esto significa que cualquiera que consuma grandes cantidades de carne puede estar consumiendo una cantidad desproporcionada de los nutrientes disponibles en el mundo. Desde Meat Free Monday recuerdan que, en la actualidad, unos 800 millones de personas en el planeta sufren de hambre o malnutrición, pero una cantidad de cereales que podría alimentar al triple de este número de personas se destina a la alimentación de ganado, cerdos y pollos.

Frenar la extinción de las especies: La intensificación y expansión de la agricultura y la sobre-explotación pesquera son factores importantes en la pérdida de especies y de biodiversidad. Si las tendencias actuales continúan, en los próximos 100 años aproximadamente se producirá una extinción masiva de especies a nivel mundial, advierten.

Alimentación equilibrada y sostenible

Buscar el equilibrio entre los sistemas actuales de producción de alimentos y las proteínas alternativas como la carne cultivada es una de las máximas de trabajo en Ethicameat. Por eso consideramos que nuestro ‘Meat for all’ no dista demasiado de iniciativas como la de la familia McCartney, ya que los retos son los mismos: bienestar animal, reducción del impacto ambiental, mejor aprovechamiento de los recursos naturales para combatir los problemas de nutrición mundiales y mejora de la seguridad alimentaria.

Pacto Verde Europeo, clave para la innovación y la economía

La situación de emergencia climática declarada por el Parlamento Europeo en noviembre de 2019 supuso el punto de partida institucional en la toma de decisiones frente al cambio climático. El Pacto Verde Europeo o ‘Green Deal’ adquiere aún más importancia en el camino hacia la recuperación económica, una vez remita la crisis sanitaria del coronavirus.  

El cambio de mentalidad en la ciudadanía fruto de la adversa situación ecológica que vivimos es una realidad. Las altas tasas de contaminación, la escandalosa cifra de residuos generados y los resultados de años de acciones imprudentes han configurado un panorama desolador a nivel ecológico. Pero las cosas están cambiando, la concienciación social es cada vez mayor y con ella la demanda un un nuevo modelo productivo en el que la lucha contra el cambio climático ocupe un espacio preferente.

Según los datos que maneja la UE, el cambio climático supone un problema serio para el 93% de los europeos. Además, el 79% de los ciudadanos de la UE considera que actuar contra el cambio climático será clave para mejorar en innovación. Con este punto de partida, la Comisión Europea ha elaborado un plan de acción con cincuenta acciones concretas para combatir el cambio climático que pretende convertir a Europa en el primer continente climáticamente neutro en el año 2050.

En este sentido, el objetivo de este  ‘EU Green Deal’, como ya se le denomina a este ambicioso plan, es conseguir que Europa tenga una economía limpia, con cero emisiones para dentro de tres décadas, una fecha controvertida a raíz de los últimos informes sobre sostenibilidad, que establecen que limitar el calentamiento global a 1,5°C requiere cambios rápidos y de gran alcance.

Este ‘gran pacto verde’ quiere cambiar el modelo social y económico de la Unión Europea mediante una transición ideada para que las regiones más dependientes de los combustibles fósiles no se queden atrás. Por ello, establece una serie de acciones para impulsar el uso eficiente de los recursos que abarcan a todos los sectores de la economía, haciendo especial hincapié en aquellos que producen más emisiones, como el transporte, la energía o las industrias. A este respecto, la Comisión Europea ha previsto un fondo de 100.000 millones de euros con el que contribuir a que los cambios demandados se realicen sin dejar a ningún país atrás, porque en esta transición verde vamos todos de la mano.

La pandemia del coronavirus ha supuesto un antes y un después a nivel global, pero uno de los mensajes más repetidos desde distintos ámbitos es la importancia del Pacto Verde Europeo en este contexto. Intensificar la lucha contra el cambio climático será fundamental para afrontar la reconstrucción de las economías europeas.

Y es que el Pacto Verde Europeo no sólo se centra en las emisiones de Gases de Efecto Invernadero, sino que también cuenta con medidas destinadas a que se produzca ese cambio en la ciudadanía, apostando por energías limpias y renovables, la industria y la movilidad sostenibles, la construcción eficiente o la protección de la biodiversidad y los ecosistemas; todo ello enfocado a mejorar la calidad de vida del conjunto de la sociedad. El compromiso individual como ciudadanos de la UE es esencial para que este ambicioso plan tenga éxito, ya que nuestras acciones de hoy marcarán el destino de las generaciones futuras. Y en este compromiso por el cambio hacia un modelo productivo que conjugue lo mejor de la innovación tecnológica con el respeto y cuidado de la naturaleza y los seres vivos estamos precisamente involucrados desde Ethicameat. La producción de una carne cultivada de origen 100% animal, pero libre de sacrificio, que consuma nada más y nada menos que un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduzca un 90% las emisiones es solo el comienzo. Un reto a corto plazo que seguro irá de la mano del compromiso de todos aquellos consumidores decididos a apostar por una Europa Verde.

¿Existen semejanzas entre las nuevas formas de producción de carne y de cultivos agrícolas?

La respuesta, sin duda, es afirmativa. Ambas tienen como objetivo plantear rutinas más sostenibles. En el blog de Ethicameat analizamos un fenómeno que, al igual que la carne cultivada, está llamado a protagonizar el futuro de la alimentación: la agricultura vertical o ‘vertical farming’. Una forma innovadora de ahorrar agua y suelo.

La agricultura vertical es una técnica innovadora de cultivo que consiste en producir alimentos en superficies inclinadas verticalmente. A diferencia de la agricultura tradicional, en lugar de cultivar verduras y otros alimentos a un solo nivel en el suelo, en un campo o invernadero, bajo este método se producen en capas dispuestas en altura, apiladas unas encima de otras. Lo habitual es que se desarrolle en estructuras de grandes dimensiones como naves, almacenes o contenedores industriales.

Pero, ¿este nuevo modo de cultivo tiene alguna ventaja en términos de ahorro de recursos? La respuesta en sí. El objetivo del vertical farming o agricultura vertical es maximizar la producción de cultivos en un espacio limitado y además hacerlo ahorrando superficie de suelo, agua y emisiones. Y es que según estimaciones de la ONU, la población mundial llegará a 9.700 millones de personas en el año 2050 por lo que se deberá intensificar un 70% la producción actual de alimentos para cubrir las necesidades alimentarias globales. Todo ello supondrá un reto cada vez mayor en el marco de emergencia climática y nivel de deforestación en el que nos encontramos.

El huerto urbano a gran escala

Si primero fueron los huertos urbanos, cada vez más habituales en viviendas y espacios comunes de las grandes ciudades, el vertical farming va un paso más allá: el cultivo a escala industrial de alimentos locales, sin pesticidas y cuya producción no genera emisiones. Además, desde el punto de vista del consumidor, la compra de frutas y verduras cultivadas en proximidad gracias a nuevas técnicas como la agricultura vertical puede reducir considerablemente las emisiones generadas también por el transporte y la cadena de suministro. La agricultura vertical es una de las líneas de investigación del grupo ‘Hortofloricultura Mediterránea’ de la Universidad Politécnica de Cartagena, que liderado por el catedrático Juan Fernández trata de analizar la tecnología que implica esta técnica de cultivo y también sus retos para alcanzar la rentabilidad.

El ‘abc’ del cultivo vertical

Parecen de ciencia-ficción pero es real. Los cultivos verticales se apoyan en tres sistemas clave: la hidroponía, la aeroponía y, a veces, la acuaponía. Mediante la hidroponía, las plantas consumen nutrientes a través del agua que se distribuye en sus raíces. De este modo, las plantas reciben una combinación de sales minerales diluidas en agua potable para su desarrollo sin la necesidad de tierra.

A través de la aeroponía se pulverizan –de forma mecanizada- con un líquido nutritivo los tallos y las raíces de las plantas, suspendidas en el aire. Esta técnica es ideal para cultivos de hoja como el cilantro, la rúcula, la lechuga o el berro.

Por último, una opción que a veces se aplica en el vertical farming es la acuaponía, que introduce animales acuáticos como peces, caracoles o cangrejos en agua para que sus secreciones sirvan de nutrientes para las plantas.

Junto a las ventajas mencionadas cabe destacar que el desarrollo de las plantas es más rápido, ya que se acorta el periodo de cultivo y se puede producir cosechas durante todo el año y en cualquier lugar sin depender de las condiciones climáticas. Además, se facilita el control de plagas en los cultivos y no es necesario el uso de fertilizantes. Por el momento el gran reto es avanzar en la generación sostenible de energía eléctrica a través de iluminacion LED que precisa la agricultura vertical.

Alimentos más sostenibles, seguros y de calidad

Al igual que todos los que en muchos países del mundo ya apuestan por la agricultura vertical, Ethicameat trabaja en el desarrollo de la carne cultivada con el objetivo de alcanzar una alternativa complementaria a la ganadería tradicional que contribuya a reducir el impacto medioambiental. Apoyarnos en la innovación y la tecnología para poner al servicio de la industria alimentaria productos más sostenibles, seguros y de calidad para el consumidor es el objetivo tanto de la agricultura vertical como de la carne cultivada. El consumidor tendrá pronto a su alcance una alternativa cárnica de procedencia animal, saludable y sostenible. La cría de ganado consume el 25% de agua dulce y de territorio del planeta y representa el 15% de los gases de efecto invernadero. Nuestra forma de producción consume un 99% menos de tierra, un 75% menos agua y reduce un 90% las emisiones respecto a un producto cárnico similar actual. El futuro de la alimentación sostenible está ¡cada vez más cerca!

Sostenibilidad en casa, una tendencia en auge

sostenibilidad medioambiental

La sostenibilidad medioambiental es una de las tendencias en auge de los últimos años. Los recientes avances hacia un consumo sostenible, responsable con el medioambiente, han tenido una gran acogida en una sociedad que se preocupa por el impacto que generan en el medio los productos que compra.

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Dieta saludable y… ¿sostenible?

La pregunta recae en cada uno de nosotros. Es evidente que la sociedad se preocupa por una alimentación saludable. Pero, ¿lo saludable es también sostenible? Esta cuestión pone el foco en la importancia de la alimentación como argumento también en la lucha contra el cambio climático.

Los cambios producidos en la alimentación del consumidor medio a lo largo de las últimas décadas nos ofrecen una radiografía de los avances en el seno de nuestra sociedad. Hasta hoy, una forma muy nítida de comprobar el nivel de vida de una población radicaba en la calidad de su alimentación. Los estudios demuestran que una dieta saludable proporciona un envejecimiento mejor, como lo afirma el Centro Internacional sobre el Envejecimiento (CENIE). Digamos que la dieta saludable es la dieta de la longevidad.

La duda llega cuando nos preguntamos si la dieta saludable es también sostenible. La población mundial consume 76 gramos de proteína diaria por persona, 202 millones de toneladas al año. Y la tendencia es creciente y en todas partes del mundo.

Hoy en día existe una preocupación latente sobre las consecuencias que el consumo de determinados alimentos puede tener para el medio ambiente, poniendo el foco en los procesos productivos necesarios para la obtención de esos productos, y cómo estos contribuyen de forma indirecta al cambio climático que según los expertos de la ONU tendrá consecuencias irreversible hacia 2030.

Alimentos poco sostenibles

Uno de los productos más conflictivos en este ámbito de análisis es el aguacate. El producto millennial por excelencia, muy valorado por su aporte de numerosos beneficios para la salud, es tachado de enemigo número uno del medio ambiente debido a su alta demanda, que ha contribuido a la puesta en marcha de prácticas insostenibles desde el punto de vista ecológico, como la deforestación de grandes zonas de bosque para dedicarlas a su cultivo. Según datos del gubernamental Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP) de México, cada año se pierden entre 600 y 1.000 hectáreas de bosque por este motivo; lo que unido a la alta huella de carbono del aguacate por ser un producto de importación, lo convierte en uno de los productos menos sostenibles del mercado.

Otros productos poco sostenibles son los productos de origen animal como la carne o la mantequilla. La explicación se debe a dos factores principales; por un lado, la necesidad de dedicar extensas hectáreas de terreno a la alimentación de los animales; y por otro lado, toda la producción de carne implica grandes emisiones de gases efecto invernadero, por lo que a mayor demanda de productos cárnicos, mayor será el porcentaje de gases expulsados a la atmósfera. En este caso se calcula que el sector ganadero produce un 15% del total de las emisiones globales de Gases de Efecto Invernadero.

Una dieta sostenible y el cambio climático

Una dieta variada, recomendada por médicos y especialistas como la OMS, aconseja consumir 0,8 gramos de proteína por kilogramo al día, así una persona que pese 76 kilos debería consumir como cantidad recomendada 56 gramos. Como hemos comentado, la media mundial es mayor y en determinados países occidentales estas cifras llegan a triplicarse, aumentando los riesgos de enfermedades cardiovasculares y de obesidad entre la población.

El consumo de carne ha ido en aumento en las últimas décadas, producto del aumento de la población y de los cambios en el estilo de vida. Según las últimas cifras estadísticas al respecto, hoy consumimos cinco veces más carne que hace cincuenta años, lo que en cifras se traduce en haber pasado de 70 millones de toneladas de carne consumidas en 1960 a 330 millones en 2017. Una situación que de continuar por esta senda, nos aboca a un sistema insostenible de producción.

Nuestras elecciones como consumidores sostenibles

Numerosas organizaciones y ONG´S abogan por una campaña de reducción del consumo de alimentos de origen animal, para reducir las escalofriantes cifras de contaminación ecológica que esta actividad genera. Iniciativas como los lunes sin carne y el veganuary (mantener una dieta vegana durante todo el mes de enero) han contribuido a la concienciación de una sociedad que busca generar el menor impacto ecológico posible, también con su alimentación. La apuesta por otros tipos de carne carentes de los inconvenientes de la producción tradicional como es la carne vegetal o la carne cultivada hacen más fácil para los consumidores la conciliación de nuestros valores eco con la inmediatez de nuestra vida privada.

Con pequeñas medidas como éstas, podemos conseguir mucho a nivel ecológico. Alternando en un 50% el consumo de carne y lácteos por derivados como la carne cultivada, se podrían reducir las emisiones agrícolas a 4 Gt CO2eq al año según los últimos datos estadísticos de Greenpeace. Una disminución del consumo que, de hacerse semanalmente, no supone un gran cambio en nuestro estilo de vida. Como consumidores sostenibles que somos, en nuestras manos se halla dar una solución al problema medioambiental.