¿Qué podemos hacer para ‘prevenir antes de curar’ pandemias?

Nada más y nada menos que “unos 850.000 virus desconocidos podrían causar pandemias si no dejamos de explotar la naturaleza”. Así de rotundas son las conclusiones de un estudio elaborado por 22 destacados científicos internacionales del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente. Una interesante guía sobre cómo ‘prevenir antes que curar’ este tipo de enfermedades. 

La voz de alarma que lanzan estos expertos va más allá, al advertirnos que: “Las pandemias futuras se propagarán con mayor rapidez, harán más daño a la economía mundial y serán más letales que la COVID-19 a menos que se produzca un cambio transformador en el modo en el que nos vinculamos con la naturaleza”.

La buena noticia es que el citado informe sobre la biodiversidad y las pandemias también propone soluciones. Frente al intento de contener y controlar las enfermedades después de que surgen, con el diseño y la rápida distribución de nuevas vacunas, por ejemplo, los científicos instan, entre otras cosas, a promover cambios para reducir los tipos de consumo, la expansión agrícola globalizada y el comercio que han dado lugar a pandemias. Esto podría incluir, dicen, impuestos o gravámenes sobre el consumo de carne, la producción ganadera y otras formas de actividades de alto riesgo pandémico.

Y es que a pesar de que el debate público en torno a la pandemia de la COVID-19 está muy centrado en las medidas individuales que debemos tomar para prevenir la enfermedad (mascarillas, distancia de seguridad, higiene, rastreadores…) hay un factor estructural que está en un segundo plano y del que apenas se habla. El modo en que producimos y consumimos carne, a un ritmo globalizado cada vez más exigente, en granjas enormes donde los animales viven hacinados, ha aumentado en el último siglo la frecuencia de nuevas gripes peligrosas y lo seguirá haciendo. El maltrato animal, su impacto medioambiental y climático y sus riesgos para la salud pública son lastres que arrastra la ganadería industrial tal como la conocemos hoy día.

No debemos olvidar que la COVID-19 es la sexta pandemia global desde la gripe de 1918, y aunque tiene su origen en microbios transportados por animales, como todas las pandemias, su aparición se debe por completo a actividades humanas. Casi todas las pandemias conocidas son zoonóticas, es decir, son causadas por microbios de origen animal que se propagan por el contacto entre la vida silvestre, el ganado y las personas. El hacinamiento de cientos de animales de la misma especie en espacios cerrados es el escenario idóneo para que un virus salte de un ser vivo a otro y se produzca una mutación fatal.

Proteínas alternativas para reducir enfermedades animales

Reducir la dependencia mundial de la industria de la cría de animales es prioritario. Las alternativas proteínicas saludables que no obliguen a depender únicamente de la ganadería intensiva son necesarias por varios motivos. Uno de ellos es que la introducción en el mercado de productos como la carne cultivada de Ethicameat, en los próximos años, puede reducir la incidencia de enfermedades animales aún sin cura, como la PPA.

La carne cultivada se posiciona como uno de los grandes avances con los que hacer frente a esta clase de epidemias de origen animal. Debido a su proceso de elaboración, la carne cultivada se desarrolla en un entorno biológico 100% seguro. Se trata de una carne exenta de riesgo alimentario, ya que se realiza una cuidada selección de las células extraídas del animal y su desarrollo se produce en un entorno biológico libre de virus. Con este avance biotecnológico, los riesgos de contaminación por enfermedades zoonóticas se reducen exponencialmente, convirtiéndose en una alternativa segura a la ganadería tradicional.

Tal como señala el grupo de expertos del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, está también en nuestras manos el impulsar ese cambio para reducir el riesgo de futuras pandemias.

Ciencia frente al covid-19

La crisis sanitaria provocada por la pandemia global del covid-19 nos ha obligado a detenernos de golpe ante varias realidades un tanto invisibles. Una de ellas ha sido la importancia de algunas profesiones que normalmente pasan desapercibidas para el conjunto de la sociedad pero que en contextos de emergencia se transforman en imprescindibles. 

Cada día, a las 20.00 horas, nos sumamos a ese aplauso colectivo de reconocimiento a todos aquellos profesionales que componen la primera línea de batalla frente  al coronavirus: sanitarios, trabajadores del sector de la alimentación y de la limpieza, transportistas y conjunto de empleados de la cadena de suministro que garantizan el abastecimiento de servicios básicos, fuerzas y cuerpos de seguridad, periodistas y técnicos que garantizan el derecho a la información y todas aquellas personas obligadas a seguir con su actividad laboral pese a las circunstancias y los riesgos.

Desde Ethicameat lo hacemos con un conocimiento pleno de lo que significa el trabajo en silencio y el esfuerzo y sacrificio personal que requieren ciertas profesiones. Desde este segundo plano, en la soledad del laboratorio y la investigación biotecnológica que nos ocupa, ponemos el foco en el papel decisivo que la ciencia juega también en esta batalla actual contra el covid-19. En nuestra empresa matriz Biotech Foods, el 90% de las tareas se desarrollan en el laboratorio. El proyecto de carne cultivada de Ethicameat se encuentra en un momento de desarrollo decisivo, por lo que el equipo debe seguir asistiendo a las instalaciones. Nuestros avances en la agricultura celular y la ingeniería de tejidos reportarán al conjunto de la sociedad, en un futuro próximo, beneficios intangibles frente al cambio climático, productos que favorecerán el bienestar animal y ventajas frente a futuras pandemias que puedan golpear a nuestra industria alimentaria. Y es que si hay algo que caracteriza al trabajo investigador es tratar de adelantarse a los tiempos y prevenir riesgos futuros.

Pero a la ciencia, que es sin duda una carrera de fondo muy exigente y de preparación continua, hay circunstancias excepcionales que la sitúan ante el enorme reto de lograr un récord. Una auténtica prueba de velocidad cuyo objetivo no es otro que dar con la fórmula para salvar vidas en el menor tiempo posible.

Por ello, una parte de nuestro aplauso va también cada día hacia todas las compañeras y compañeros del ámbito investigador y científico que están librando esta batalla contra la pandemia del coronavirus fuera de foco, en ese ‘confinamiento’ del laboratorio, entre ensayos clínicos, fármacos y fórmulas, con el único arma del estudio y el conocimiento… y bajo la presión de que sus resultados son la esperanza de supervivencia para el conjunto de la humanidad. Son el ejército de la ciencia contra el covid-19.

Decía la bióloga española Margarita Salas que “un país sin investigación es un país sin desarrollo”. Y es que los profesionales de la ciencia se enfrentan a obstáculos de distinta naturaleza en su día a día. Por un lado la falta de certeza de que su intenso trabajo alcance los resultados deseados y, por otro, la escasez de recursos e inversión destinada a la investigación que les acompaña desde el inicio de sus carreras académicas. La vocación científica asume el primero de ellos pero el segundo requiere del compromiso de toda la sociedad.

La investigación es uno de los campos que más sufre las crisis económicas y los recortes en el ámbito científico son un lastre importante, pero también remediable. Basta reforzar la inversión y, sobre todo, la confianza en el papel decisivo de la ciencia para superar emergencias globales como la que estamos viviendo. Porque es del conocimiento científico y del laboratorio donde salen vacunas que salvan vidas y proyectos innovadores que tratan de adelantarse a los tiempos… #EsteVirusLoParamosUnidos